La nueva cara de la minería chilena: empoderamiento de la mujer y desafíos para el país. Por María Cristina Betancour

Economista especialista en minería

Chile ya está transitando el primero, pero el desarrollo de las mujeres no puede ser a costa del desarrollo del país, sino junto con él. Y quizás sea la minería, este sector económico tan relevante para el país y con tantas características especiales, uno de los mejores lugares para demostrar que ese equilibrio no solo es posible, sino inevitable.


Hasta el año 1996, el trabajo femenino en la minería chilena estaba prohibido por ley, por lo que pensar en una mujer con casco y botas de seguridad recorriendo un yacimiento minero era impensable. Hoy, esa imagen ya no sorprende. Lo que alguna vez fue uno de los sectores más masculinos del país está viviendo una transformación silenciosa, pero profunda. La participación femenina en la minería avanza, pero detrás de las cifras alentadoras se esconde una realidad compleja, con brechas persistentes y desafíos que van más allá del género, tocando el futuro demográfico y tecnológico del país.

Existen distintas mediciones de participación laboral femenina en minería, lo que puede ser un poco confuso. La medición con mayor cobertura la realiza Cochilco, que considera el 97% de la producción de cobre, incluyendo empresas mandantes y contratistas. Dicha institución indica que la participación femenina alcanza al 18,6% entre las primeras y al 17,3% entre las segundas. Cabe destacar que el empleo de las empresas contratistas corresponde al 72% del total de la industria, de acuerdo a la misma fuente.

Otra de las mediciones es la de la Alianza CCM–Eleva, solo para la dotación interna de la gran minería. Esto es, no considera a las empresas contratistas ni a la mediana minería. Dicha medición indica que un 23,1% de la dotación interna de la fuerza laboral son mujeres, lo que ha aumentado paulatinamente desde el 7,7% registrado el año 2014. Estos resultados indican que los mayores avances han sido en la gran minería, evidenciando que la brecha de género es aún persistente en el resto de la cadena de valor, donde se concentra la mayor participación en el empleo de la industria.

La incorporación de mujeres en la minería ha sido un desafío desde hace muchos años, no solo en Chile sino en el mundo. Países líderes han sido Canadá y Australia, con participaciones de 18,9% en el primero (julio 2025) y 21,5% en Australia (mayo 2025). Sin embargo, la minería es una industria poco atractiva para las mujeres, debido a que está geográficamente aislada y es vista como una actividad básicamente masculina. Por eso, atraer talento femenino requiere un esfuerzo mayor que en otros sectores económicos.

A pesar de los esfuerzos y buenos resultados alcanzados, al mirar con mayor detalle las cifras se observa un desafío persistente para que la fuerza laboral femenina se incorpore en labores operativas, siendo ellas Mina, Planta Concentradora, procesos LX-SX-EW, Fundición y Refinería, Mantención de Planta y de Mina. De acuerdo a Cochilco, la participación en estas áreas corresponde al 55%, lo que se compara con el 76% de los hombres. Aun así, destaca el avance en el área Mina, donde las mujeres ya representan el 25%, casi a la par del 28% masculino.

Por otra parte, la mayor diferencia entre la participación femenina y masculina se produce en aquellas labores no operativas, alcanzando un 45% versus un 24% en el caso de los hombres. Éstas incluyen funciones de apoyo, servicios y administración, lo que impone un desafío adicional, pues son éstas las áreas más sensibles a ser reemplazadas por los avances de la inteligencia artificial, lo que podría revertir parte del progreso logrado.

Otra observación importante es que, dados los esfuerzos de la industria por incorporar a más mujeres en los últimos años, el porcentaje de jóvenes menores a 30 años alcanza al 27%, lo que se compara con el 12% de los hombres. Este dato revela un cambio generacional y cultural profundo, donde se observa mujeres jóvenes, empoderadas, formadas en carreras STEM y dispuestas a ocupar espacios que les parecían vedados, lo que es positivo para el desarrollo del país.

Y ello se cruza con otro fenómeno demográfico, que es la disminución de la tasa global de fecundidad para 2024, que fue de 1,03 nacidos vivos promedio por mujer, de acuerdo a las Estadísticas Vitales del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Dicha tasa ha disminuido sistemáticamente; en particular, el año 2023 alcanzó a 1,16 hijos promedio por mujer. Cabe destacar que el nivel de reemplazo generacional alcanza a 2,1 hijos promedio por mujer, para mantener la población en el tiempo. Así, la señal de mayor autonomía y educación femenina es un recordatorio de que el desarrollo individual puede tener costos colectivos si no se equilibra adecuadamente.

En conjunto, estos avances dan cuenta del progreso del país y del cambio cultural de las mujeres, que incide en su empoderamiento, permitiéndole aumentar la participación en un sector económico tradicionalmente visto como masculino. Hace algunos años, la Comisión Nacional de Evaluación y Productividad recomendó algunos caminos para avanzar en esta dirección, el cambio cultural entre ellos, pero también la socialización del costo de cuidado de dependientes y la disminución del costo de entrada al mercado laboral, con mayor adaptabilidad, entre otros.

Chile ya está transitando el primero, pero el desarrollo de las mujeres no puede ser a costa del desarrollo del país, sino junto con él. Y quizás sea la minería, este sector económico tan relevante para el país y con tantas características especiales, uno de los mejores lugares para demostrar que ese equilibrio no solo es posible, sino inevitable.

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