Los esfuerzos de las empresas en materia ESG, que se refieren a los criterios que se utilizan para evaluar el desempeño e impacto de la empresa sobre los ámbitos ambiental, social y gobernanza, suelen ser ampliamente difundidos a través de sus iniciativas medioambientales y sociales, probablemente porque sus resultados son más evidentes para la comunidad y los inversionistas.
Sin embargo, la relevancia de la sigla “G” de gobernanza, parece quedar postergada, tanto en las memorias integradas como en la comunicación general que realizan las empresas sobre sus iniciativas, pese a que un buen gobierno corporativo es la piedra angular para su estrategia de negocios.
Según el estudio “La Voz del Mercado” realizado en conjunto por EY, la Bolsa de Santiago y el Instituto de Directores de Chile, el 45% de las 38 compañías más transadas en la Bolsa local cree que todavía existe espacio para incorporar mejores prácticas a nivel directivo y elevar los estándares actuales, lo cual muestra que aún existen aspectos en los que las firmas locales están al debe en materia de gobernanza.
En la “G” definimos cómo abordamos la estrategia de nuestro negocio, cómo la gestionamos y cómo lo hacemos sostenible en el tiempo. Es el pilar estratégico para construir una cultura organizacional robusta, alcanzar un crecimiento sostenido y tener la capacidad de responder a las transformaciones del entorno económico, social y demográfico. Es en este pilar dónde se trazan los estándares, donde acordamos qué es y qué no es relevante para el éxito de nuestros negocios.
Si una compañía define que, para ser exitosos, se requiere reclutar y mantener a los mejores talentos, entonces desde la G abrazaremos una estructura organizacional diversa en sus habilidades y experiencias, sin sesgos y con distintas visiones. Para lograrlo incorporaremos procesos, métodos, indicadores, planes de capacitación, y todo aquello que el gobierno corporativo considere necesario para impulsar lo que nos proponemos como compañía, dejando atrás iniciativas antojadizas o de moda que no contribuyan a obtener los resultados esperados.
El caso de SMU fue particularmente desafiante. Cuando se fusionaron las más de 60 cadenas de supermercados en 2008, debimos conciliar múltiples estilos de liderazgo a lo largo de todo Chile en torno a una cultura organizacional única y coherente. Para abordar este reto, la empresa apostó por un directorio con comités especializados que permitieron alinear el plan estratégico con las prioridades de todos nuestros stakeholders y avanzar hacia una gestión que garantizara la sostenibilidad de nuestro negocio.
Es importante que las compañías den prioridad al fortalecimiento de su gobernanza, al igual que lo hacen con las materias medioambientales y sociales. Estoy convencida que el desarrollo de gobiernos corporativos sólidos nos permitirá construir compañías más conectadas con la realidad, mucho más sostenibles y que, en definitiva, tendrán importantes beneficios para sus negocios.
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