Agosto 1, 2022

Rodríguez Elizondo: “Si no se recupera el sentido estratégico de la soberanía nacional, Chile volverá a perder la democracia”

Marcelo Soto

El abogado, escritor, diplomático y Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades, José Rodríguez Elizondo, acaba de publicar el libro “Vía constitucional a la revolución. Chile entre el estallido, la plurinacionalidad y el plebiscito”. Dice: “Boric y todos los chilenos estamos viendo lo incompatible que resulta tratar de restablecer la seguridad ciudadana y desconfiar ideológicamente de la fuerza legítima del Estado”.


-Me gustaría ahondar en la tesis de tu nuevo libro y en las razones que te llevaron a escribirlo. ¿De qué manera se vincula con tu experiencia vital?

-Francamente, aquí no hay tesis que demostrar, sino vivencias que compartir. Yo viví a concho el conflicto que terminó con nuestra democracia en 1973. Sé lo que es vivir en lo que hoy llamamos “negacionismo”, pues  habité tres años y un día en el socialismo real. Como periodista fui testigo de la emergencia del terrorismo en el Perú, de la renuencia del gobierno a reconocerlo y de la transición peruana a la democracia. Además, conocí la ONU por dentro y viví en la conflictividad internacional crónica de Israel. Todas esas experiencias me enseñaron a subordinar las tesis a la realidad dura y no al revés. Por eso, este libro fue naciendo de a puchitos, como columnas en los medios, se enriqueció con el diálogo propio de las buenas entrevistas y terminó con una edición integradora.

-¿Entonces no hay tesis en este libro?

-Sí, pero no como preconcepto. Es una tesis en tiempo condicional, deducida de los hechos que narro y analizo. Si tuviera que formularla en modo académico, diría que si seguimos rehenes del estallido de la revuelta, si los partidos políticos democráticos no se refundan y si no se recupera el sentido estratégico de la soberanía nacional, Chile volverá a perder la democracia.

-A Boric lo defines como un “paradójico extremista pragmático”. ¿Qué quieres decir? ¿Su moderación de segunda vuelta no fue auténtica?

-La paradoja está en que el Presidente se las ha arreglado para mantenerse en el filo de esa incógnita. Su transición del extremismo retórico a un pragmatismo electoralmente exitoso hoy es una película de suspenso. Se refleja en la sistematicidad del binomio error cometido/error reconocido. Pienso que eso debe ser muy desgastante para él, en lo sicológico y en lo político. Como no hay indefinición que dure cien años, sería importante para Chile que zafara pronto de ese suspenso, cargándose al lado del pragmatismo. Él y todos los chilenos estamos viendo lo incompatible que resulta tratar de restablecer la seguridad ciudadana y desconfiar ideológicamente de la fuerza legítima del Estado.

-En tu libro recuerdas una vieja anécdota, cuando Miguel Enríquez, líder del Mir, partido que incomodó mucho a la UP, “acusa” a Allende de socialdemócrata. Y él dice “a mucha honra”. ¿Crees que esa tensión entre moderados y ultras afecta al gobierno de Boric?

-Estructuralmente hablando, es la misma tensión que hizo inviable el gobierno de Allende y su “inédita transición al socialismo”. Las piezas del ajedrez político son homologables, aunque hoy están en posiciones distintas. Baste decir que el partido más moderado y más disciplinado en el apoyo a la institucionalidad vigente y al mismo Allende era el Partido Comunista. El ultrismo -dentro y fuera de la Unidad Popular-, con su eslogan del “enfrentamiento inevitable”, abrió las compuertas para la intervención de los EE.UU y Cuba… y para la crisis total del Estado.

-Haces una crítica bastante dura al senador Huenchumilla por su opción de dialogar casi sin condiciones con la CAM. Dices que Felipe González no hubiera hecho eso con la ETA. ¿Cuál es la estrategia que debería tomar el Gobierno con los mapuche?

-Lamento el adjetivo “dura”. Me gustaría que Huenchumilla no lo haya sentido así. Él es uno de nuestros pocos buenos políticos y presumo que, como mapuche, debe reconocerse inmerso en circunstancias que no tienen salida óptima. Recuerdo que critiqué su sugerencia de dialogar con la CAM sobre las reivindicaciones del pueblo mapuche, como si dicha organización no estuviera en plan de amenaza y fuera lo bastante representativa. Hice presente que tal diálogo debía tener un objetivo principal de carácter estratégico: dejar de lado las amenazas, entregar las armas y plantear formas de reinsertarse a la “vida civil”. Sólo después de cumplida esa etapa podría dialogarse sobre las reivindicaciones que la organización representa o cree representar. En cuanto a la estrategia que se debiera seguir con el pueblo mapuche, es un tema de la mayor complejidad comparada. Hay mucho escrito, mucho experimentado y bastantes especialistas de prestigio. En síntesis, no me considero competente para aconsejar a ese respecto.

-Uno de los temas de tu libro es la pretensión de Evo Morales de formar una gran nación aymará que incluya territorio chileno con soberanía marítima. ¿Cuál es tu fuente?

-La acusación, de diciembre pasado, vino de los más prestigiosos diplomáticos peruanos, encabezados por Allan Wagner y no aludía específicamente a territorio chileno. Se trataba de un litoral con zona autónoma aymara, controlado por Bolivia, que podía atravesar tanto Tacna como Arica. Es decir, cortaba la contigüidad territorial chileno-peruana consagrada en el protocolo complementario del tratado de 1929. Aquello fue parte del proyecto Runasur sobre una “América Latina plurinacional”, que Morales quería lanzar solemnemente desde el Cusco, con la anuencia de Pedro Castillo, presidente peruano. Agréguese que, poco después, entrevistado por CNN, Castillo adhirió al eslogan “mar para Bolivia” y su vicepresidenta Dina Boluarte lo interpretó diciendo que aludía al mar de Chile y no al del Perú.

-¿La diplomacia chilena está tomando en cuenta este riesgo?

-La reacción de los diplomáticos peruanos liquidó el episodio, pero dejó la vigencia del proyecto de Morales en la penumbra. Lo digo así, pues no es poca cosa que un expresidente boliviano y un presidente peruano incumbente, se pongan de acuerdo para transgredir un tratado de límites, que forma parte del estatuto de la paz post Guerra del Pacífico. Ignoro si nuestra Cancillería analizó o si está analizando este grave episodio de la relación vecinal.

-¿De qué manera la plurinacionalidad coincide con las aspiraciones territoriales de Morales y Álvaro García Linera, ex vicepresidente de Bolivia? ¿Hay cierta ingenuidad -en los constituyentes, en el oficialismo, incluido el PC y el FA- al tratar el tema?

-En esto prefiero evitar las suposiciones, que suelen descalificarse como conspirativas. Opto por reproducir, textualmente, las tesis principales que García Linera promovió en nuestro país, en 2015, en una verdadera proeza política. Lo digo así porque lo hizo mediante su libro “Comunidad, socialismo y estado plurinacional”, que presentó en Santiago, mientras su presidente Morales nos demandaba en La Haya. Son las siguientes:

En el Estado Plurinacional los indígenas son la fuerza motriz del bloque de poder histórico. Ninguna Constitución fue de consenso. El socialismo es el tránsito en un escenario de guerra social total. A  partir de nuestra indianidad somos capaces de construir un tipo de desarrollo satisfactorio. Tenemos que mirarnos como continente y no como país.

 Agrego que dichas tesis, de carácter continentalista, culminaban con una  tesis especial para Chile: “Eso obligatoriamente pasa por la resolución del tema marítimo”.

-El gobierno ha sido criticado por su política exterior. Paz Zárate dijo que ha predominado una visión militante en algunos nombramientos y decisiones. ¿Cómo evalúas la cancillería bajo el mandato de Boric?

-Me abstengo pues, al menos formalmente, integro el Consejo Asesor de Política Exterior de la Cancillería.


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