En los últimos meses se ha reactivado en nuestro país el debate sobre el funcionamiento del sistema de licencias médicas y la urgencia de una reforma. Un reciente estudio elaborado por el IPSUSS de la Universidad San Sebastián, por encargo de Cajas de Chile, muestra el aumento exponencial en el gasto de esta prestación por sobre cualquier indicador comparable.
Un 131% fue el crecimiento en el gasto de licencias médicas entre 2015 y 2022, lo que se traduce en un costo de más del 1% del PIB al año, sobre el promedio de varios países de mayores ingresos al nuestro. También, a través de una encuesta nacional, el estudio reportó que la población tiene una preocupante aproximación al uso de licencias médicas: la mitad de las consultados admitieron que existen abusos en el sistema y dice conocer a alguien que ha hecho mal uso del beneficio.
Hemos avanzado en mejoras, como la licencia médica electrónica y el proyecto de Ley para mejorar su fiscalización y sancionar el fraude, que está cerca de su aprobación en el Congreso. Sin embargo, como han indicado múltiples especialistas, es preciso una reforma mayor a esta importante prestación social. Para ello sería muy importante examinar la experiencia internacional.
Sobre este punto, la investigación recopiló las mejores prácticas en otros países, identificando brechas relevantes con nuestro sistema de licencias médicas. Por ejemplo, en todas esas naciones la prevención e involucramiento de los empleadores juega un rol fundamental de apoyo a los trabajadores. Asimismo, todos cuentan con una regulación más estricta en los plazos y montos en los que se entregan el subsidio asociado, entre otras diferencias, que evidenciaron que podemos tener un problema de diseño relevante de esta prestación.
Son más de US$3 mil millones los que se gastaron el año pasado por subsidios de licencias médicas. Con sólo una parte de estos fondos podrían financiarse varias de demandas ciudadanas en salud, por ejemplo, las listas de espera. Esperemos que la reforma a la salud que el gobierno anunció incorpore medidas que nos permitan repensar nuestro sistema de licencias médicas.
Al respecto, es importante señalar que no se trata de recortar los beneficios y disminuir esta prestación social tan relevante para los trabajadores. Más bien, el llamado es a rediseñar este sistema con una mejor organización, estándares, tecnología e incentivos, con el objeto que los que realmente requieren licencia médica, y necesitan este subsidio, lo obtengan con rapidez, sin mayor trámite, pero a la vez, evitando otorgarlos incorrectamente, y desincentivando o penando su mal uso. De hecho, hoy pagan justos por pecadores. Hay personas que están en listas de espera o incluso hospitalizadas, a las que se les rechaza la obtención de esta prestación, cuando en otros casos se otorgan por más tiempo del efectivamente necesario.
Sería lamentable que habiendo consenso en el diagnóstico y en varias de las propuestas, no tuviéramos la capacidad de llegar a acuerdos y ser capaces de implementar los cambios necesarios para racionalizar su gasto y fortalecer una de las más valoradas prestaciones de nuestra seguridad social. Es momento de que el Congreso y el gobierno prioricen esta reforma, aprovechando el consenso existente y aprendiendo de las soluciones de otros sistemas para construir un modelo justo y eficiente
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