El economista Sebastián Edwards planteó en una entrevista la semana pasada que debiera limitarse la ayuda económica a la formación en Humanidades para invertir más en disciplinas más “útiles” a Chile, como la ingeniería aplicada: “Yo cerraría las Becas Chile en humanidades por 10 años. Solo las otorgaría a estudiantes de ingeniería aplicada”, dijo Edwards.
La discusión acerca de la educación en Humanidades me hizo recordar la cuestión acerca de aquellos ámbitos de nuestra vida que debieran mantenerse al margen de la lógica del beneficio. Algo que el filósofo Nuccio Ordine llamó “la utilidad de lo inútil”.
El economista tiene un punto, en todo caso, que sucede más a menudo en las universidades estadounidenses en donde se ha cancelado a profesores incluso, por sostener determinados postulados. ¿Se sigue de ello que debemos dejar de financiar a las Humanidades? La respuesta debe ser no. La solución consiste en precisamente contar con más Humanidades y encontrar en el diálogo racional la respuesta.
Las Humanidades, como lo han salido a decir afortunadamente varios intelectuales, son fundamentales porque nos ayudan a configurar la cultura de las naciones y están en la base de las ciencias sociales.
Devaluar la importancia que tiene la reflexión racional de los individuos en el quehacer propio y de la sociedad, es un error evidente.
Por supuesto que en la Universidad los estudiantes tienen derecho a exponer cualquier punto de vista en principio, sin exclusión de ideología alguna. Lo que debiera estar excluido es cualquier tipo de conducta coactiva que obstaculice el normal funcionamiento del quehacer universitario y el discurso de odio, cuestiones que finalmente permiten que surjan estas opiniones derogatorias de las Humanidades en su conjunto. Un ejemplo de lo anterior es el “acampe” de algunos estudiantes en la Universidad de Chile. Y es que nada justifica suprimir el espacio abierto que supone la Universidad de Chile, nada menos, utilizando, además, la fuerza.
La importancia de la formación en humanidades es clave en el país desarrollado que queremos ser. Solo un país con ciudadanos que conozcan el respeto a la justicia, la solidaridad, la tolerancia por supuesto, el rechazo a la corrupción y el respeto a la democracia, puede lograr un vigoroso crecimiento económico.
La corrupción y la evasión tributaria se combaten solo parcialmente con leyes, se combate también con formación en humanidades que nos permitan distanciarnos de la lógica del beneficio egoísta.
Crónica del caótico Campus Juan Gómez Millas y la toma que indignó a la comunidad de la U. de Chile.https://t.co/pdeiXUdtQM
— Ex-Ante (@exantecl) June 13, 2024
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