-La cifra de Imacec de septiembre mostró un nulo crecimiento que llevó al ministro Mario Marcel a decir que no se cumplirá su proyección de 2,6% ¿Cómo ve la situación económica actual en Chile?
-La economía chilena está en una clara tendencia estructural de decadencia. Si miramos el crecimiento promedio de los últimos diez años, estamos apenas en un 2%, y no hay indicios de que esto cambie. En su momento, muchos pensamos que era un fenómeno temporal, pero ahora está claro que es una tendencia a largo plazo. No hay estructuras ni políticas que nos permitan crecer más allá de este nivel, ni este año ni los siguientes. Este estancamiento no es solo coyuntural, refleja una problemática profunda.
-¿Cuál consideras que es la causa de esta decadencia que estaríamos viviendo como economía?
-Creo que va más allá de problemas económicos superficiales. Lo que realmente está en juego aquí es una falla cultural e ideológica. Desde hace unos 15 años, el país ha adoptado una mentalidad antiliberal que rechaza la innovación y el cambio. Hoy tenemos una economía que desincentiva cualquier cosa que sea distinta o novedosa. Esto es un fuerte contraste con el Chile de los años 90 y principios de los 2000, cuando se valoraba la creación, la innovación y se buscaba crear nuevos sectores económicos.
-¿Cuáles serían los elementos clave para reactivar la economía?
-Para impulsar la economía, necesitamos tres cosas fundamentales: dignidad para innovar, libertad regulatoria y un retorno atractivo para quienes invierten y arriesgan. Primero, la sociedad debe reconocer que es positivo innovar y que es necesario cambiar, inventar nuevos sectores y modelos de negocio. Esto se llama dignidad para innovar. Luego está la libertad, que significa que la carga regulatoria debe ser liviana. No se trata de olvidarnos del medioambiente, sino de enfocarnos en regulaciones esenciales sin frenar la innovación. Por último, está el retorno: la gente necesita ver que obtendrá un beneficio por innovar y emprender, y esto debe ser garantizado desde el punto de vista tanto económico como social.
-¿Cómo afecta la regulación al crecimiento?
-La regulación excesiva es uno de los mayores obstáculos. En Chile, cualquier proyecto innovador enfrenta una serie de trabas regulatorias que lo retrasan o impiden. Los permisos necesarios son una respuesta de la sociedad hacia la innovación, y si esa respuesta es negativa, como lo es actualmente, cualquier intento de cambio quedará bloqueado desde el principio. Los funcionarios que otorgan permisos están atados a reglas que impiden cualquier intervención que afecte el ecosistema, por lo que el resultado es una traba que desalienta la creación de proyectos y el avance económico.
-¿Podrías dar un ejemplo de cómo era la economía en los años 90 en comparación con ahora?
-Claro, en los años 90, el ambiente era muy diferente. Teníamos dignidad para innovar, menos regulaciones y los empresarios podían desarrollar proyectos en tiempos récord. En esa época, por ejemplo, inventamos sectores completos, como la salmonicultura, que convirtió a Chile en el segundo productor mundial de salmón cultivado. Este espíritu de emprendimiento y creatividad está ausente en la economía chilena de hoy. Actualmente, cualquier iniciativa enfrenta resistencia, y existe una aversión a la innovación y a la creación de nuevos sectores económicos.
-¿Y la actitud del gobierno hacia la economía?
-El gobierno no parece reconocer la gravedad del problema. Parecen conformarse con un crecimiento de 2% o incluso menos, cuando Chile tiene el potencial de lograr mucho más. Hemos caído en la trampa de gastar más de lo que crecemos, y si continuamos así, terminaremos con una deuda pública insostenible que afectará a la próxima generación. Para evitar esto, necesitamos un cambio radical en la manera de pensar y actuar de quienes están en el poder.
-Mencionas que el gobierno no parece consciente de la necesidad de un cambio. ¿Cómo ves a la derecha en este contexto?
-Desde mi perspectiva, no creo que la derecha esté plenamente consciente de la profundidad del problema. Cuando observo lo que se está armando políticamente desde el lado de la derecha, incluyendo el equipo de Evelyn Matthei, no veo una comprensión completa de la magnitud del cambio necesario.
-¿Cómo se cambia para volver a crecer a lo que Chile necesita?
-Chile necesita liberar la economía de sus ataduras. Esto implica reducir regulaciones que no son necesarias y permitir que los emprendedores puedan innovar sin obstáculos. Además, es fundamental que instituciones como el Banco Central y la Comisión para el Mercado de Financiero (CMF) sean proactivas y estén a la vanguardia de los cambios globales, facilitando un entorno que invite a la inversión y a la innovación. Debemos aprender de las prácticas de los años 90 y principios de los 2000, donde se priorizaba la creación y el desarrollo económico.
-¿Cuál es el papel de la innovación en la economía chilena?
-La innovación es fundamental, y en Chile hemos sido capaces de crear sectores completos y productos innovadores. Por ejemplo, hemos diseñado camiones con estructuras avanzadas para el transporte de carga y también desarrollamos tecnología en sectores de energías renovables. Sin embargo, muchos de estos inventos terminan en el extranjero porque aquí no hay un mercado de capitales que los respalde ni un entorno regulatorio que los incentive. Este es un problema que se debe resolver si queremos crecer a largo plazo.
-¿Cómo percibes la actitud de los funcionarios públicos frente a la innovación?
-Los funcionarios públicos en Chile tienden a ser muy conservadores y siguen reglas rígidas que dificultan cualquier cambio. Esto crea un entorno que desincentiva la innovación y los proyectos que no encajan en los parámetros establecidos. Por ejemplo, existen regulaciones que no permiten afectar el ecosistema de ninguna forma, lo cual resulta imposible de cumplir en la práctica. Este tipo de reglas terminan por desanimar a los emprendedores y detienen proyectos con potencial de crecimiento.
-¿Cuál es el cambio estructural que se requiere para volver a crecer?
-Propongo un cambio profundo que pase por reactivar la economía desde sus bases. Es necesario eliminar barreras regulatorias y permitir que las instituciones respalden una economía abierta y liberal. Chile tiene el potencial de ser un centro de innovación y crecimiento en la región, pero para ello se requiere un cambio de timón radical, como el que experimentamos en los años 90. Debemos regresar a una economía donde se valore la creatividad y el emprendimiento, y donde las instituciones respalden estas iniciativas en lugar de obstaculizarlas.
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