Detrás del innegable encanto de la ganadora de las primarias del oficialismo -Jeannette Jara- se esconde una agenda económica cargada de ideas añejas que no solo han demostrado ser ineficaces para impulsar el desarrollo de los países, sino que los han llevado directamente por el despeñadero. Si queremos salir del estancamiento actual y retomar la senda del desarrollo, este no es el camino.
En su programa, plantea escuetamente que debemos crecer en base a un modelo de desarrollo basado en la demanda interna, sin más detalle que el anhelo (compartido) de “aumentar los ingresos de las familias”. Lo cierto es que, para un país pequeño y abierto al mundo como Chile, la única manera de sostener altas tasas de crecimiento en el tiempo no es mirando hacia adentro, sin hacia afuera. Es decir, con más exportaciones y con más inversión. Lamentablemente, en su programa, estas dos palabras brillan por su ausencia.
Siguiendo al pie de la letra el libreto marxista, se propone también un “modelo basado en la industrialización, fortaleciendo el rol estratégico del Estado en sectores como el cobre, litio y energía”. A esto hay que agregar su compromiso de seguir buscando terminar con las AFP.
La evidencia que nos entrega el Siglo XX sobre las nefastas consecuencias (económicas y sociales) del Estado planificando y administrando los medios económicos de un país, es abrumadora. Es cosa de revisar los deplorables resultados de la Unión Soviética de Lenin y Stalin, de la China de Mao o del Chile de Allende.
En materia tributaria, aun cuando hay un consenso transversal, técnico y político, de que en Chile la tasa de impuesto corporativo es alta (27% vs un 23% promedio OCDE), Jara ha dicho expresamente que no piensa bajarla. Por el contrario, según palabras de la misma candidata, estarían “analizando” reflotar la vieja idea de un impuesto a los super ricos. ¿Habrán revisado en su equipo económico que de los 12 países de la OCDE que lo implementaron, nueve lo derogaron? La razón es simple: recauda poco, es ineficiente, difícil de fiscalizar y fácil de evadir.
Por último, resulta paradójico que habiendo sido ministra del trabajo, siga insistiendo en aumentar los costos laborales. Un mercado del trabajo con una tasa de desempleo femenino del 10,1% y que, a diferencia del resto del mundo, todavía no recupera su nivel de ocupación pre-pandemia, no será capaz de absorber un salario mínimo de $750.000 (alza del 41%).
Incluso su encargado programático, Fernando Carmona, reconoció esto al señalar que “necesitamos, además, mejorar o generar subsidios para las pymes, para que puedan sostener el salario”. Así, agregando una distorsión sobre otra, el desempeño de nuestro mercado laboral no se ve muy alentador.
Mientras en los últimos días la tensión ha estado centrada en el análisis electoral post-primaria, bien vale la pena volcar las miradas al programa económico de la candidata del oficialismo. De cara a la primera vuelta, con la inclusión del Socialismo Democrático en su comando, veremos si estas propuestas se mantienen o si hay un giro hacia ideas más acordes a los desafíos que enfrenta nuestra economía.
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