Había una vez un país llamado Chile, que era conocido por ser el más desarrollado de Latinoamérica. Sus indicadores económicos superaban ampliamente a todos los demás países de la región, lo que le permitió entrar al selecto grupo OCDE, obtuvo Visa Waiver de EEUU, entre otros. Hace unos años solo ve subir en los distintos indicadores económicos a países como Costa Rica, Panamá, Uruguay y otros.
¿Qué pasó entremedio? El país creyó que su consolidación le permitiría perpetuar los éxitos. Entonces, se comenzó a repartir la riqueza para enfrentar la desigualdad, que era la fuente de todos los males. Se subieron los impuestos a las empresas, se eliminaron los beneficios a la reinversión, entre otros. Pero no solo eso, también se hizo una reforma educacional y una al sistema político.
10 años después podemos ver los resultados: crecimiento económico promedio anual de 1,8% entre el año 2014 y el 2023, mientras la década anterior fue de 4,8%. Es más, Chile creció 5,3% anual en promedio en los 30 años que se cumplieron el año 2014.
Por su parte, el mercado laboral, afectado, evidentemente, por la falta de crecimiento, ha enfrentado sus propios desafíos: Ley de 40 horas, mayor salario mínimo que las pymes deberán financiar sin subsidio del Estado, además de amenazas de solo mayores impuestos, por ejemplo, las pensiones.
Y ahora, solo se ve que estamos tarde en todo. Algunos ejemplos:
¿Se necesitan más ejemplos para ver porqué no hay inversión nacional? ¿Y por qué los extranjeros sí visualizan oportunidades? Realmente no es tan complicado: los capitales extranjeros llegan a Chile aprovechando oportunidades en la minería y en la energía, que son los sectores con ventajas debido a la transición energética. Y los grandes capitales, al menos en minería, son extranjeros. Menos del 6% de la producción de cobre en Chile es producida por la mediana y pequeña minería, cuyos capitales son nacionales, mayoritariamente.
Ya en septiembre de este año, InvestChile, en una revisión al catastro de inversión del periodo 2024 – 2028 que incluye a todos los sectores de actividad económica, indicó que la participación privada extranjera alcanza el 77% y solo el 23% la inversión nacional. El año 2018, en tanto, la participación extranjera alcanzaba el 45%, mientras la nacional alcanzaba el 55%.- Esto es, las oportunidades que ven los extranjeros son asociadas a la transición energética. En los demás sectores, son los capitales chilenos los que salen del país.
En políticas públicas, como en la mayoría de los temas, es bueno mirar los datos antes de emitir juicios. Por ello es tan importante la rendición de cuentas o accountability. En este sentido, se valora el Proyecto de Ley que crea la Agencia para la Calidad de las Políticas Públicas y la Productividad, que es uno de los acuerdos del Pacto Fiscal. Ella se encargará de la evaluación de los programas y políticas públicas en el país. Entre otros, contribuirá a fortalecer la alicaída confianza ciudadana en las instituciones.
Entretanto, señores empresarios, por favor continúen con sus esfuerzos por crear empleos y contribuir al bienestar de los ciudadanos chilenos, a pesar de cualquier ataque, verbal o físico, que puedan sufrir. Porque cuando se hace empresa, se hace país. El país enfrenta retos en inversión, crecimiento y confianza pública. Desde el litio hasta la permisología, las oportunidades están ahí, pero la inacción podría costarnos caro.
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