Cuando una amplia mayoría coincide con la agenda del gobierno en materias clave -como lo refleja la última encuesta CEP- algo está ocurriendo en el terreno de las ideas. Digo izquierda “boricista” porque el socialismo democrático está completamente marginalizado dentro de un proyecto político minoritario e intransigente.
Las ideas. Se sabía que con la llegada de la derecha de Kast al poder se desataría una ofensiva destinada a modificar paradigmas que se habían instalado como hegemónicas en las últimas décadas.
- “La guerra cultural”, formulada por Antonio Gramsci, tiene como premisa que el poder político duradero requiere una hegemonía cultural; es decir, la capacidad de convencer a la sociedad de que ciertas ideas constituyen parte del sentido común.
- En nuestro caso, la izquierda ha logrado una influencia hegemónica, sobre todo en asuntos valóricos, instalando un conjunto de temas progresistas vinculados a los derechos de las mujeres, las minorías sexuales, aborto, matrimonio igualitario, etc.
- Y, en el ámbito económico una visión más estatista, basada en que los problemas del país requieren un Estado más grande, con más atribuciones, más recursos; una presencia más activa en prácticamente todos los ámbitos de la vida social. Que la expansión del gasto público es la respuesta contra las desigualdades y carencias sociales derivadas de las fallas del mercado. Todo eso acompañada de una abierta hostilidad y desconfianza hacia el mundo privado.
El campo de batalla. Los Republicanos y el propio Kast siempre tuvieron claro que el gobierno no se involucraría en temas valóricos -donde existe un amplio consenso social- porque transitar por ese camino suponía un altísimo costo político, un avispero del que la derecha difícilmente habría salido bien parada.
- Por eso optaron por librar la batalla cultural en el ámbito económico. Nunca la derecha había cuestionado con tanta intensidad los paradigmas instalados por la izquierda en esta materia. Lo está haciendo ahora con una convicción ideológica que, en términos de intensidad, se asemeja a la que históricamente ha exhibido el Partido Comunista.
- Eso es lo distinto y lo que pilló desprevenida a la oposición. Estamos frente a una disputa cultural respecto de la forma en que se entiende el rol del Estado en la sociedad y todo lo que ello implica, que no se veía en Chile desde los años setenta.
- El ministro de Hacienda ha sido explícito: las reformas económicas forman parte de un relato porque “el crecimiento económico no es posible si la cultura está permanentemente en contra y quienes emprenden y son denostados”.
- Po lo que, sin un cambio cultural, no habría un despegue. Por eso la agenda gubernamental contempla una serie de iniciativas destinadas a promover ese cambio, pues durante años ha predominado un relato basado en el conflicto “entre ricos y pobres”.
Cifras elocuentes. Declarada la “guerra” por parte del ministro Quiroz habría analizar que piensa la opinión pública, si esta o no de acuerdo con sus medidas y su agenda. Por eso la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) resulta tan relevante y, además, sorprendente. El resultado es lapidario para la oposición.
- Una amplia mayoría de los encuestados parece sintonizar con la agenda gubernamental en materias clave. Todo indica que la ofensiva de una oposición intransigente, que incluso rechaza la idea de legislar determinadas reformas, no está teniendo eco en la ciudadanía.
- La crisis generada por el alza de las bencinas fue un “veranito de San Juan” para la oposición, sin efectos políticos duraderos para el Ejecutivo.
- La encuesta también refleja un rechazo al exceso de burocracia estatal. El 83% de los consultados respalda la reducción del gasto fiscal. Existe preocupación por el aumento de la deuda pública y una percepción de que el problema no radica en que el Estado necesite más recursos, sino en que los recursos disponibles se están gastando mal.
- Los ciudadanos no parecen estar demandando un Estado más grande ni más rico, sino uno más eficiente. Es decir, las ideas fuerza que llevaron a Kast a La Moneda siguen contando con la adhesión mayoritaria de la población.
- Los datos adquieren especial relevancia porque el sondeo se realizó en medio de un duro enfrentamiento entre gobierno y oposición, precisamente sobre cuestiones ideológicas y conceptuales que la izquierda unida considera fundamentales e intransables.
El factor Boric. Por lo mismo, no resulta descabellado interpretar estos resultados como una suerte de “pronunciamiento” ciudadano en el que la oposición no sale bien parada.
- Digo que es la izquierda “Boricista” la que está perdiendo la batalla cultural porque el socialismo democrático, esta hoy completamente marginalizado dentro de un proyecto político minoritario e intransigente, cuyo líder indiscutido es Gabriel Boric; quién, diferencia de todos sus antecesores, está desplegando un frenético protagonismo político contingente.
- Sin embargo, tampoco se puede ignorar que ha existido una intensa campaña destinada a responsabilizar al gobierno de Boric – no sin fundamentos- por el deterioro de las finanzas públicas y otros problemas heredados, ofensiva que ha culminado nada menos que con una acusación constitucional contra su exministro de Hacienda.
- Por supuesto, sería prematuro concluir que la derecha ha ganado definitivamente la batalla cultural en materia económica. Todavía queda mucho paño que cortar. Las preferencias ciudadanas son dinámicas y pueden modificarse rápidamente frente a nuevas circunstancias políticas, económicas o sociales.
- Pero tampoco sería prudente, para la izquierda, ignorar las señales. Cuando una mayoría tan amplia expresa coincidencia con la agenda del gobierno, preocupación por el gasto público, rechazo a la burocracia y demanda eficiencia en el uso de los recursos fiscales, algo está ocurriendo en el terreno de las ideas. Las encuestas no siempre anticipan transformaciones profundas, pero sí permiten identificar cambios en el clima cultural de una sociedad.
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