Enero 10, 2026

Cae Maduro: el sismo pasó, pero el maremoto también puede llegar a Chile. Por Jorge Rojas Vallejos

Ph.D. en Economía y profesor investigador del Instituto de Políticas Económicas (IPE) de la Universidad Andrés Bello.

La caída de un autócrata no garantiza una transición exitosa. La evidencia comparada es clara: destruir un régimen extractivista puede ser rápido; construir instituciones inclusivas es lento, conflictivo y políticamente costoso.


La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos marca un profundo quiebre en la historia reciente de América Latina. No es solo el final abrupto de un régimen autoritario, sino la confirmación de que, cuando la diplomacia no funciona, las grandes potencias vuelven a hacer aquello que muchos preferían creer superado: imponer su poder mediante el uso de la fuerza saltándose el derecho internacional. El sismo político ya ocurrió en Venezuela. Lo inquietante es que, como suele suceder tras los grandes terremotos, los mayores efectos aún podrían no haber ocurrido.

Desde el ángulo económico, el saldo del régimen de Maduro es devastador. Venezuela perdió cerca del 80% de su PIB en poco más de una década, una contracción inédita en tiempos de paz. El ingreso per cápita retrocedió varias décadas, el salario mínimo quedó reducido a un monto simbólico en dólares y más del 80% de la población cayó en la pobreza. Ocho millones de personas abandonaron el país. No es solo una mala gestión económica: es la demolición sistemática de la capacidad productiva y de las instituciones democráticas.

Como han escrito extensamente los economistas Daron Acemoglu y James Robinson, entre otros, este tipo de colapsos no es fruto del azar ni de errores aislados, sino de instituciones extractivistas diseñadas para concentrar poder y renta. En Venezuela, el control de precios, la destrucción de los derechos de propiedad y la politización de la renta petrolera terminaron por asfixiar la inversión y la productividad. El desenlace no solo era predecible; lo verdaderamente desconcertante es nuestra persistente disposición a fingir sorpresa cada vez que fórmulas fracasadas vuelven a producir exactamente el mismo desastre.

Sin embargo, la caída de un autócrata no garantiza una transición exitosa. La evidencia comparada es clara: destruir un régimen extractivista puede ser rápido; construir instituciones inclusivas es lento, conflictivo y políticamente costoso. Como advierten los polítologos Michael Albertus y Victor Menaldo, los vacíos de poder suelen llenarse con improvisación, tutelas externas o pactos frágiles que no logran generar reglas creíbles. Y sin reglas creíbles, no hay inversión, no hay crecimiento y no hay estabilidad social.

Aquí es donde Chile entra en la ecuación, aunque muchos prefieren ver el fenómeno como algo distante. Primero, porque el precedente importa. La intervención directa de Estados Unidos en Venezuela reabre una discusión incómoda sobre la soberanía, la democracia y el poder en la región. Para países pequeños y abiertos como Chile, que dependen de reglas internacionales previsibles, el debilitamiento del principio de no intervención no es una buena noticia. La incertidumbre geopolítica tiende a elevar las primas de riesgo, afectar los flujos de capital y castigar a las economías abiertas, incluso si no están en el centro del conflicto.

Segundo, porque los efectos económicos indirectos son reales. Una eventual transición caótica en Venezuela o una prolongada inestabilidad podrían intensificar los flujos migratorios en la región. Chile ya ha experimentado tensiones políticas y sociales asociadas a la migración venezolana, y un nuevo shock podría reactivar debates internos mal resueltos sobre integración, mercado laboral y provisión de servicios públicos. No es un problema ideológico, sino uno de capacidad institucional.

Tercero, porque el caso venezolano vuelve a poner sobre la mesa una lección incómoda para el debate chileno: las instituciones importan más que las intenciones. El colapso venezolano no comenzó con una dictadura clásica, sino con la erosión gradual de los contrapesos, el uso político del Estado y la normalización de “soluciones de emergencia”. Chile ha tensionado su marco institucional con plebiscitos y procesos constitucionales, algo que debería hacer reflexionar a todos hoy en día dada la situación venezolana.

Finalmente, está el plano económico estratégico. La reconstrucción de Venezuela requerirá al menos US$100 mil millones y tomará décadas. Si y solo si se logra una transición institucional creíble, la región podría beneficiarse de un nuevo polo de crecimiento energético e inversión. Pero si el proceso fracasa, el costo se distribuirá regionalmente en forma de inestabilidad, menor inversión y mayor polarización política.

La pregunta más importante es: ¿qué viene ahora y quién pagará el costo? Si la respuesta es improvisación, polarización y dependencia externa, el daño no se quedará en Venezuela. Se filtrará, como tantas veces antes, por América Latina. Y una vez más, Chile tampoco podrá decir que no vio venir el maremoto.

Para más columnas, clic aquí.

 

Publicaciones relacionadas

La automatización del juicio (segunda parte). Por Héctor Lehuedé

El rastro que antes se evaporaba hoy distingue al directorio que ejerció criterio del que solo lo aparentó. Los buenos directorios nunca temieron ser leídos. Ahora, simplemente, lo serán.

Abogado y académico

Julio 20, 2026

La mala educación (sobre la masificación de los títulos universitarios). Por Álvaro Vergara

Si los retornos económicos del título universitario no son como antes (era imposible que se mantuvieran tan altos), debemos preguntarnos por qué la demanda por educación superior no ha cedido en la misma proporción. ¿Por qué las familias siguen considerando la universidad como un objetivo prioritario?

PhD en Economía y ex Directora General de Estudios de la CMF

Julio 20, 2026

Basilea III y la apertura a modelos internos: El cumplimiento de la hoja de ruta. Por Nancy Silva

La apertura hacia modelos internos bien diseñados es una herramienta necesaria para que el capital de la banca refleje con precisión sus riesgos subyacentes. Optimizar el uso del capital bancario no debe ser sinónimo de ahorro de capital, sino de un capital bien gestionado.

Ignacia Munita C.

Julio 19, 2026

Subsecretaria Paula Estévez y avances en tratado con India: “Nuestro plazo es cerrar el acuerdo en diciembre”

Paula Estévez, subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei).

La subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei) afirma que nueve de los 17 capítulos del Acuerdo de Asociación Económica Integral (CEPA) con India ya están cerrados. En entrevista con Ex-Ante, además aborda el impacto de los eventuales aranceles de Estados Unidos, llamó a diversificar los mercados de exportación y sostiene que Chile mantiene una política […]

¿Quiere ayudar o no la centroizquierda a que Chile salga del estancamiento? Por Sergio Muñoz Riveros

Ceremonia de cambio de mando de la mesa nacional del PPD. Foto: Agencia UNO.

Una política genuinamente progresista debe anteponer el interés nacional a las servidumbres del partidismo. Es lo que se jugará en los próximos meses, cuando el país procure salir del estancamiento y estimular el crecimiento económico en un contexto difícil, agravado por los enormes daños causados por los temporales.