Cada vez que se descubre un nuevo escándalo en el mundo de los negocios solemos apuntar a empresas o personas más o menos éticas.
La verdad es que la experiencia enseña que los empleados no ingresan siempre al mercado laboral con un carácter moral fijo, sino que suelen fomentar o descuidar sus habilidades y capacidades para decidir en forma más o menos correcta.
¿Pueden las empresas ayudar a los empleados a desarrollarse como personas que se comporten correctamente?
El aprendizaje ético es un proceso que dura toda la vida y no ocurre de memoria. Investigaciones de ciencias del comportamiento concluyen que, ante dilemas morales, recurrimos a prototipos o modelos mentales (Kahneman y Tversky). Nuestra evolución moral nos exige ampliar y actualizar esos prototipos a medida que ganamos experiencia. Por lo tanto, además de preparar a las personas para los desafíos éticos de cada día, los empleadores debieran fomentar un entorno de integridad que las anime a ser más éticas a largo plazo mediante la práctica de la reflexión moral.
Pero, ¿qué lugares desempeñan hoy un rol fundamental en la forja del carácter.? ¿Dónde se está produciendo el aprendizaje moral? ¿En la iglesia? ¿En la junta de vecinos? ¿el club de barrio? ¿las conversaciones con amigos y familiares? Algunos de estos lugares en que tradicionalmente de accedía reflexión moral hoy han perdido importancia y otros la han ganado, como el lugar de trabajo.
Un empleado pasa más tiempo en la empresa que en su casa o con amigos ¿Cómo podría el trabajo no afectar nuestro pensamiento y nuestras acciones morales?
Por otra parte, los problemas éticos en el trabajo son distintos y únicos: ¿sobornaremos a un funcionario público o privado para ganar esa licitación cuando la empresa depende de ese negocio para subsistir? ¿pediremos boletas por servicios no prestados para aumentar nuestros gastos y no pagar tanto impuesto progresivo y hacer frente a nuestras deudas? ¿hablaremos o callaremos ante situaciones injustas o abusos? ¿usamos correctamente los beneficios sociales, las licencias, los permisos?
Lo relevante que quiero destacar es que la oficina puede convertirse en un buen lugar para el aprendizaje ético en el que las personas puedan encontrar las oportunidades y el apoyo necesarios para aprender y crecer.
Sin embargo, muchos empleados, especialmente los que son nuevos en un sector, carecen de experiencia o formación sobre los problemas éticos únicos que pueden surgir en el trabajo. Enfocar el lugar de trabajo como un laboratorio moral, entonces, requiere dar a los empleados la oportunidad de aprender de nuevas experiencias, tanto simuladas como reales. El objetivo es ayudarlos a crear prototipos que puedan aplicar a una variedad de circunstancias.
¿Cómo se podría hacer? Las empresas podrían ofrecer regularmente programas presenciales utilizando estudios de ejemplos del mundo real u otros que aparezcan de la conversación en sala. Por ejemplo, grupos pequeños discuten los escenarios y exploran técnicas para defender ciertos valores, hacen preguntas, reformulan los problemas para tener en cuenta varias perspectivas y desarrollan directrices sobre cuándo y cómo comportarse en determinado escenarios y a qué herramientas recurrir para la toma de decisión.
Los incidentes pasados también pueden constituir una oportunidad para reflexionar acerca de la conducta correcta y también acerca de la efectividad del diseño de los controles para mitigar determinados riesgos.
Asimismo, es primordial dejar claro que las infracciones evidentes de las normas éticas deben gestionarse con rapidez y castigarse de forma proporcional y coherente. Tolerar un comportamiento poco ético envía una señal equivocada a los empleados y puede provocar más incidentes futuros o una “pendiente resbaladiza”.
Y desarrollar la humildad en estos temas, ya que a menudo no tendremos a la mano todas las respuestas y requeriremos mayor reflexión.
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¿La UF está viviendo sus últimos días? Por Carolina Grünwald.https://t.co/X7Q1zZ40ky
— Ex-Ante (@exantecl) August 21, 2025
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