La reciente salida de Elon Musk de la administración Trump tras apenas unos meses como “asesor especial” ofrece una lección cruda sobre los límites entre emprendimiento y gobernanza. El magnate celebró con entusiasmo la victoria de Trump y se incorporó al gobierno dispuesto a revolucionar la eficiencia estatal, incluso a costa de desplomes en el valor de Tesla y su fortuna personal. Su misión: liderar un “Departamento de Eficiencia Gubernamental” (DOGE) para eliminar gasto superfluo.
Sin embargo, su salida abrupta —precipitada por críticas públicas al presupuesto presidencial— revela más que un simple desacuerdo. Expone un choque de culturas: gobernar no es escalar startups. Mientras el emprendedor busca disruptividad inmediata, la gobernanza efectiva se construye mediante ajustes graduales que redefinen trayectorias institucionales. Requiere equilibrar transparencia, rendición de cuentas (accountability) y contrapesos, no solo recortes contables.
Esta tensión ilustra las tres vías que el gran pensador Albert O. Hirschman describió en Exit, Voice, and Loyalty (1970). En primer lugar Exit (salida): Musk eligió renunciar cuando sus ideas fueron ignoradas. También estuvo presente Voice (voz), esto cuando criticó durante su participación, socavando la lealtad esperada. Y finalmente el tercer punto Loyalty (lealtad), ya que el gobierno priorizó la fidelidad partidaria sobre la innovación.
El caso Musk se suma a una tendencia preocupante: la creencia de que emprendedores o gerentes pueden resolver problemas públicos complejos por ósmosis profesional. Ya vimos límites similares en tecnócratas latinoamericanos de los 90: eficiencia macroeconómica no garantiza gobernanza democrática. Administrar recursos no es igual a construir legitimidad, ni la lógica de Silicon Valley trasplanta a instituciones estatales.
La pregunta no es si necesitamos más emprendedores en el gobierno, sino ¿dónde quedan los estadistas?* Aquellos que entiendan que gobernar exige articular voces disidentes, diseñar procesos incluyentes y priorizar sostenibilidad sobre ganancias rápidas. La salida de Musk no es solo una anécdota: es un recordatorio de que la gobernanza demanda especialistas en construir consensos, no solo disruptores.
¿Llegará su hora? El debate está servido.
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Gobernanza, el eje clave para el desarrollo de empresas sostenibles. Por Pilar Dañobeitía. https://t.co/h0s9WzYdgG
— Ex-Ante (@exantecl) June 3, 2025
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