Que no sea otra oportunidad perdida. Por Andrea Tokman

Economista Jefe de Quiñenco
Andrea Tokman,

Para aprovechar las tecnologías emergentes, es urgente modernizar los procesos públicos y privados, mejorar la educación y la capacitación, y actualizar los sistemas de reclutamiento y retención de trabajadores.


La Generative AI (GenAI) está transformando profundamente el panorama tecnológico y puede generar efectos tanto positivos como negativos en el empleo, dependiendo de la capacidad de los actores económicos y gubernamentales para integrar sus beneficios. Lamentablemente, el contexto en Chile es preocupante: la capacidad cognitiva de la población y el nivel de digitalización del Estado son obstáculos significativos.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), más de la mitad de los adultos chilenos tienen habilidades cognitivas inferiores a las esperadas para un niño de 10 años. Además, el sector público es uno de los menos digitalizados de Latinoamérica, al nivel de países como Venezuela y Guatemala en algunos indicadores. Un Estado que no conoce, no utiliza ni está inmerso en los progresos tecnológicos, no puede definir las directrices necesarias para que todos los actores aprovechen su potencial.

Estudios recientes muestran que, con la tecnología actual, el 84% de las tareas de gestión pública podrían realizarse en menos de la mitad del tiempo en Chile. No es sólo rapidez, sino que personas con menos experiencia pueden alcanzar la productividad de los expertos. Es una oportunidad única, particularmente para 1 de cada 3 trabajadores con habilidades que no corresponden a las necesarias en sus trabajos y que perciben solo el 80% de lo que ganarían si sus habilidades fueran plenamente utilizadas (OECD).

Este desajuste es caldo de cultivo para la frustración, un desperdicio de talento, de inversión en capital humano y de potencial de productividad. Tenemos una gran oportunidad para aplicar soluciones tecnológicas que mejoren el emparejamiento laboral, reduciendo el subempleo, particularmente de los trabajadores más vulnerables.

Un caso exitoso es el de Estados Unidos, donde la contratación estatal dejó de exigir títulos académicos y pasó a basarse en habilidades, dinamizando el mercado laboral, permitiendo la inclusión de personas con formación alternativa. Este cambio podría replicarse en Chile, mejorando la eficiencia en la contratación y abriendo nuevas oportunidades para quienes, por diversas razones, no tienen títulos formales, pero poseen habilidades suficientes.

Para aprovechar las tecnologías emergentes, es urgente modernizar los procesos públicos y privados, mejorar la educación y la capacitación, y actualizar los sistemas de reclutamiento y retención de trabajadores. Las tecnologías actuales permiten validar habilidades mediante microcredenciales, facilitando un mejor emparejamiento entre trabajo y trabajador. Además, la IA puede identificar en tiempo real los cambios estructurales en la economía, como la digitalización o el envejecimiento poblacional, lo que permite ajustar la oferta de habilidades a las nuevas demandas del mercado.

Este enfoque permite adaptarse rápidamente a los cambios económicos y a los desafíos globales. Las capacitaciones modulares, accesibles y escalables son también clave para preparar a la fuerza laboral para estos desafíos.

Los beneficios de adoptar estas tecnologías están al alcance. Es momento de actuar para que no sea otra oportunidad perdida.

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