El nulo crecimiento que ha experimentado Chile en los últimos meses, ha sido un balde de agua fría. Para muchos, ha sido simplemente el resultado de una cadena de errores que ha venido cometiendo este gobierno, incluso antes de asumir. Retiros de Fondos de Pensiones, una propuesta de constitución en virtud del cual teníamos que “atrevernos a decrecer”, reformas tributarias con cero foco en desarrollo e inversión y así, suma y sigue.
Ahora, en medio de la tramitación de la Ley de Presupuestos 2025, con un Congreso rayando la cancha en materia de gasto público, el Ministro de Hacienda Mario Marcel ha tenido que hacer frente a una terrible realidad, como si el mismo Javier Milei se lo susurrara de manera estridente en sus oídos, como un sonido “in crescendo” que se expande a través de todo Chile: “No hay plata”.
O sea, plata hay, por algo estamos pagando impuestos a tasas muy superiores que el promedio de la OCDE; sin embargo, uno de los problemas es que sólo los pagan unos pocos. El otro problema es que, al parecer, estamos siendo muy ineficientes en el gasto.
Recientemente –con bombos y platillos– el reelecto presidente Donald Trump designó a Elon Musk a cargo de una comisión denominada en inglés como Department of Government Efficiency o D.O.G.E. Haciendo un acrónimo con la criptomoneda DOGE (popularizada por el mismo Elon Musk).
Este nuevo “Departamento de Eficiencia Gubernamental” actuaría fuera del Gobierno, asesorando al mismo en eficiencia fiscal, eliminado gastos innecesarios y reestructurando aquellas reparticiones obsoletas o ineficientes. Una medida que ha encontrado amplio apoyo a nivel popular y que tiene al hombre más millonario del mundo (nuevamente) en el centro de atención.
Dejando de lado la performance –sin duda electoral– que tiene este tipo de anuncios entre los norteamericanos, una medida de esa índole tiene un trasfondo de realidad que bien puede replicarse a Chile. En efecto, las reparticiones administrativas del Estado chileno han ido creciendo exponencialmente a lo largo de los años, con la idea de cubrir todas y cada una de las necesidades de sus ciudadanos. Lo anterior queda efectivamente en una mera “idea”, pues como hemos visto, ha sido incapaz de entregar salud, educación y previsión en los términos prometidos, sin perjuicio del aumento de recursos a estos tres ítems.
En pandemia, el sistema público tuvo que recurrir al sistema privado, en materia educacional, la educación privada es superior a la educación pública (y en el intertanto se desmantelan instituciones de renombradas como es el Instituto Nacional el llamado “primer foco de luz de la nación”) y en materia previsional, la gente valoró más que nunca su “platita” en la AFP, cuando le llegaron los retiros (que de paso lanzaron la inflación a las nubes).
El tema es de fondo. ¿Está el Estado preparado para hacer frente a lo anterior? ¿El Estado somos todos o sólo algunos? ¿Es el monopolio de una casta política?
Y al son de lo anterior, una y otra vez hemos visto las carencias del Estado para proveer las necesidades de sus administrados, a pesar del aumento de recursos y potestades destinados a ello.
Conviene realizar una cirugía mayor, eliminar aquellas reparticiones y ministerios que tienen una mirada ideológica, eliminar los gastos innecesarios y de paso, bajar los impuestos y no ahogar a tantos emprendedores que miran otros horizontes más favorables para su expansión. Concentrarnos en que las personas generen riqueza; que, en definitiva, exploten su libertad.
Chile sigue siendo un faro en Latinoamérica y, de momento, los demás países nos miran con envidia. Pocos días atrás, participé en un foro de derecho tributario en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, y la pregunta de todo el resto de los países era: ¿Qué están haciendo como país? ¿Cómo podemos alcanzar a Chile? Y en efecto, aunque nos quejamos, tenemos una institucionalidad clara, una sólida económica e infraestructura que ya algunos otros países de Sudamérica quisieran. Eso sí, sólo comparado a nivel regional. En las grandes ligas (OCDE) es otra cosa.
Están todos los elementos para crecer. Solo falta dar seguridad y certeza a las inversiones. En definitiva, sólo falta que nos dejen emprender tranquilos con reglas claras, certeza y ¿por qué no? algo de aburrimiento y previsibilidad. Todo lo demás vendrá por añadidura.
¿Inversión extranjera versus nacional? Por María Cristina Betancour. https://t.co/l1TGVpO6Jh
— Ex-Ante (@exantecl) November 25, 2024
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