Casi como un constante déjà vu vivimos con ansiedad permanente y urgente de aprobar cambios al sistema fiscal, motivados más por una necesidad política que por una estrategia económica sólida. Sin embargo, consideremos detenidamente las implicaciones de una reforma mal concebida, especialmente en términos del perjuicio que podría causar a la economía y de su posible efecto regresivo. Frases como “se prendió una luz roja para quienes abusan en el país a través de la evasión y elusión de impuestos”, reflejan la preeminencia política sobre algo que debiera tener un análisis predominantemente técnico.
En primer lugar, y ya a riesgo de ser majadero, una reforma tributaria no debe ser simplemente un acto de aprobación apresurada, sino una medida estratégica destinada a fortalecer la estructura fiscal del país. No se ha visto este análisis por ningún lado, pero sí ideas delirantes de cambiar el sistema (que, de integrado hasta el 2014, pasamos a semi integrado y ahora, supuestamente, sería un sistema dual).
No tenemos claro, ni sabemos bien el porqué del cambio y cómo beneficiará en concreto al país. Pero los déjà vu -constantes y sin igual- de reformar por que sí, provocan que nuestra imagen de país serio y confiable continúe decreciendo. Se suma a esto la discusión sobre las supuestas cifras de evasión del impuesto corporativo, muy cuestionadas.
En medio del fragor político se olvida que Chile requiere un sistema tributario que fomente la inversión y promueva el crecimiento económico -si de paso garantiza la equidad social, mejor aún. Implica diseñar políticas fiscales con una visión de largo plazo, alejadas de decisiones cortoplacistas buscadas frecuentemente para agradar a las masas.
Debería ser preocupación clave el perjuicio potencial resultante de cambios tributarios precipitados o mal diseñados. Ya vemos los efectos de una mala reforma como la de 2014. En ese sentido, nuevas modificaciones que aumenten indiscriminadamente las cargas impositivas (como subir el impuesto global complementario a cierto tramos sin mayor justificación y sin considerar sus efectos sobre la inversión y el consumo) podrían tener consecuencias negativas para la actividad económica a nivel país. Demás está decir que la incertidumbre generada por cambios frecuentes en las reglas fiscales puede desincentivar la inversión y obstaculizar el desarrollo empresarial.
Es fundamental evaluar el impacto regresivo de ciertas medidas tributarias sobre los sectores más vulnerables de la sociedad. Un aumento desproporcionado en impuestos indirectos o en tributos que afecten principalmente a contribuyentes de menores ingresos exacerbaría las desigualdades económicas y sociales, contraviniendo los principios de equidad fiscal. Si se suben los impuestos a un padre de familia que gana más, y no se le permite rebajar los gastos de educación (porque para acceder al beneficio, paradójicamente, debería ganar menos), no me vengan a hablar de búsqueda de justicia social por vía de impuestos.
Toda reforma tributaria debe ser respaldada por un análisis exhaustivo y riguroso, que considere no solo la capacidad recaudatoria, sino también su impacto en la inversión, el empleo y la distribución del ingreso, algo que echamos de menos en las últimas propuestas de reforma. Se requiere un enfoque integral que busque mejorar la eficiencia del sistema fiscal sin comprometer el dinamismo de la economía ni profundizar disparidades sociales, sino que integre estos valores.
Es esencial promover un debate informado y transparente sobre la reforma tributaria, involucrando a diversos actores económicos y sociales. La participación ciudadana y la consulta experta son fundamentales para diseñar políticas tributarias equilibradas y sostenibles que promuevan el desarrollo inclusivo y duradero de Chile.
Abordar la reforma tributaria en Chile va más allá de “aprobar cambios por aprobar”. Por darse un gusto político. Requiere una reflexión profunda y responsable, una planificación estratégica y un compromiso con el desarrollo económico y social del país. Es crucial evitar medidas impulsivas con efectos negativos en la economía. Prioricemos políticas fiscales que promuevan la equidad y la prosperidad para todos los chilenos y no sólo cumplan el objetivo de dotar de recursos al Estado.
Publicaciones relacionadas
El éxito estructural de este nuevo marco normativo no dependerá de la ley escrita, sino de la capacidad del regulador para blindar el diseño de los nuevos incentivos financieros frente a distorsiones de corto plazo o capturas del mercado.
El Banco Central publicará el 17 de junio su segundo IPoM del año, tras una Reunión de Política Monetaria en que el mercado espera que mantenga la Tasa de Política Monetaria. Economistas de LarrainVial, Fintual, Itaú, Santander y Bci anticipan un informe con menor proyección de crecimiento, una lectura más benigna de la inflación subyacente […]
La convergencia estratégica de visiones entre la CMF y la industria que existe en la actualidad representa una gran ventana de oportunidad para avanzar hacia la aprobación de una ley de seguros moderna, consistente con las mejores prácticas internacionales y basada en riesgos.
La ley crea la Agencia de Protección de Datos Personales, los datos de los chilenos dejan de ser tierra de nadie y reemplaza íntegramente un marco que existía solo en el papel. Una buena ley, esperada durante veinticinco años. Lo que viene ahora es la implementación, y ahí se juega todo.
Sería un error presentar los impuestos únicamente como un freno al crecimiento. Cuando logran reasignar recursos desde usos relativamente menos prioritarios hacia necesidades colectivas y sociales más urgentes, sin desincentivar la creación de riqueza, ayudan a sostener las condiciones materiales e institucionales de las que depende la generación estable y continua de riqueza en el […]