Tanto el ex presidente, como algunas de sus ex ministras, como Camila Vallejo, Carolina Tohá, y Antonia Orellana -además de Giorgio Jackson y Manuel Monsalve, entre otros- concedieron entrevistas a Basso para el libro.
Pero más allá de los detalles inéditos, su principal valor es que describe -como ningún otro relato- la falta de preparación con la que aterrizaron en La Moneda la gran mayoría de los asesores seleccionados para desempeñarse en el Segundo Piso, donde predominaban amigos y militantes del Frente Amplio. Era un grupo muy cerrado y la mayoría tenía lazos de amistad con Boric.
La excepción era la jefa de asesores, la socióloga Lucía Dammert, muy crítica de ese estilo millenial y que terminaría renunciando, harta de esa atmosfera.
El siguiente es el relato de Marian Basso sobre el Segundo Piso de la primera parte del gobierno anterior:
“Las fuentes consultadas se quejan por la poca experiencia y la liviandad con que se tomaban la tarea de asesorar al presidente. A modo de anécdota, uno de ellos cuenta que la complicidad era tal que circulaban durante el día a pie descalzos por las oficinas de La Moneda, como lo hacía habitualmente el primer director de Comunicaciones del presidente, su amigo de infancia, el periodista Felipe Valenzuela en el Segundo Piso”.
La socióloga que también padeció el secretismo fue Lucía Dammert, la primera jefa de asesores del Segundo Piso y se tenía que hacer cargo de aplicar los correctivos, como advertirles que tenían que vestirse adecuadamente, y les recordaba que debían pedir permiso antes de entrar a la oficina del mandatario. La informalidad fue un tema en los primeros meses de gobierno, pues muchos de los asesores insistían en tratar al presidente por su nombre de pila. Le decían “Gabriel” en las reuniones y en los patios de La Moneda”.
“Dammert relata que una de las complejidades que enfrentó en su cargo fue el bypass de algunos secretarios de Estado ante su gestión”.
Las siguientes citas son declaraciones de Dammert a la autora:
“Es muy difícil que el poder del Segundo Piso se sustentara cuando todo el mundo hablaba con el presidente directamente por Signal. Eso no pasaba con Ana Lya Uriarte y Bachelet, ni con Larroulet y Piñera”.
“Uno de los problemas que tuvimos siempre fue que los ministros hablaban con el presidente por Signal y uno quedaba en el aire. Tal vez en esta generación se notaba más porque nunca habían tenido secretaria, ni sabían para qué servía el teléfono fijo. En el Estado necesitas los canales formales. Entonces, si el canal formal no era la Presidencia, no sé quién. Luego cualquiera hablaba con cualquiera de cualquier decisión. El Estado es una máquina que requiere formalidad”.
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