Noviembre 15, 2024

Por qué Manuel Monsalve nunca debió haber sido nominado y las señales de alerta. Por Jorge Schaulsohn

Ex-Ante
Imagen: Agencia Uno.

El estilo de vida de Manuel Monsalve era objeto de comentarios entre los parlamentarios que lo conocían mejor. Sabían de sus hábitos y lo veían con frecuencia llegar atrasado al Congreso. De no haber sido denunciado era cuestión de tiempo que pudiera haber terminado siendo objeto de chantaje por el crimen organizado.  El caso es una señal de alerta, que no puede ser ignorada, para profesionalizar hoy y no mañana el proceso de selección de autoridades, como se hace en países desarrollados.


El elefante en la habitación. Como es natural, toda la atención mediática está centrada en los pormenores judiciales del caso Monsalve. Seguimos con avidez las informaciones que emergen sobre como acontecieron los hechos, las declaraciones del taxista que relata cómo la víctima pidió ser conducida a su domicilio particular y la intervención del imputado para impedirlo.

  • Incluyendo, además, detalles sórdidos como las amenazas hechas por una periodista que aún trabajaría en el Gobierno y que fueron denunciadas por el padre de la víctima en un canal de televisión.
  • Sin embargo, estamos ignorando el “elefante en medio de la habitación”: ¿Cómo un personaje como Manuel Monsalve fue seleccionado, llegó a ocupar un puesto tan delicado que lo puso a cargo de las policías y lo transformó en el “Zar” del combate al crimen organizado?
  • ¿Cuál fue el proceso de selección mediante el cual el gobierno decidió que Manuel Monsalve era la persona más idónea y calificada para asumir un cargo tan delicado y expuesto. Que antecedentes tuvo a la vista, que investigó sobre su persona, su trayectoria, sus costumbres y hábitos?

 El cuoteo político. Sabemos que para llenar los altos cargos del ejecutivo la regla general en Chile es el cuoteo político, que tiene varias etapas.

  • Primero se verifica una negociación compleja entre las distintas facciones y liderazgos para establecer un equilibrio de influencias que deje satisfechos a todos los caudillos del partido. Se da por sentado que hay una relación directa entre el poder de los lotes internos y su “presencia” en el aparato del Estado.
  • El proceso culmina con la elaboración de un listado  de nombres que entrega la directiva, ya sea al presidente directamente o al ministro político que representa al partido en el gobierno en ese momento,
  • Se da por sentado que la consideración principal del presidente a la hora de designar es mantener los equilibrios entre los distintos partidos que conforman su coalición, aún por sobre las capacidades del individúo.
  • Lo que confiere al partido en que milita la autoridad una especie de “derecho  adquirido” sobre el cargo, que se invoca siempre cuando el presidente decide hacer cambios o reemplazos.
  • Se presume que la nueva carta deberá también pertenecer a sus filas. De no ser eso posible opera un proceso de compensaciones. Por eso los partidos reclaman “indignados” cada vez que uno de los suyos es removido sin que hayan sido consultados; y llevan una celosa cuenta del número de ministros y subsecretarios que tiene cada uno.

Chantaje del crimen organizado. De modo que el “stock” disponible para llenar los cargos queda severamente limitado por las demandas de los partidos políticos y los ajustes de cuentas internos.

  • Esta fórmula de designación de las más altas autoridades no solo está obsoleta, sino que es peligrosa.
  • Habitamos en un “nuevo Chile”, en el que la principal amenaza para la seguridad nacional es la delincuencia y las mafias trasnacionales que se disputan el control territorial a balazos todos los días.
  • Son organizaciones criminales poderosas, con recursos ilimitados, y capaces de corromper a las policías y funcionarios, que pasan a ser cómplices de sus fechorías.
  • Pueden chantajear al funcionario a raíz de conductas personales comprometedoras. En este contexto la designación de los responsables de combatirlas no puede seguir entregada al cuoteo político ni al azar.
  • Por eso es fundamental que se ponga en el centro del debate la urgente necesidad de tener un proceso de selección (vetting process) que someta a los candidatos a un minucioso escrutinio que asegure que las personas designadas no solo tengan las competencias técnicas sino también una integridad a toda prueba.

Monsalve y su estilo de vida. En los países desarrollados el “vetting process” para altos cargos -sobre todo los encargados de seguridad y justicia- es un procedimiento exhaustivo que incluye evaluaciones de antecedentes, entrevistas de seguridad y revisión financiera y de relaciones personales.

  • En ese procedimiento intervienen entidades como el FBI y otras agencias. Se incluyen entrevistas con amigos y conocidos del candidato, colegas y familiares para detectar cualquier antecedente o patrón de conducta que pueda comprometer la seguridad.
  • También, una evaluación psicológica para detectar riesgos de abuso de poder, tendencias a conflictos éticos y resistencia a presiones indebidas.
  • En el caso de Manuel Monsalve, su estilo de vida “disipado” era objeto de comentarios entre algunos parlamentarios que lo conocían mejor. Sabían de sus hábitos y lo veían con frecuencia llegar atrasado al congreso.
  • De no haber sido denunciado era solo cuestión de tiempo que Monsalve, por sus hábitos y costumbres, pudiera haber terminado siendo objeto de chantaje por el crimen organizado. Sin que el Gobierno jamás se enterara.
  • Es altamente probable que de haber existido un procedimiento investigativo riguroso previo a su designación éste nunca habría sido nominado por que existían antecedentes conductuales se no lo hacían aconsejable.

Señal de alerta. El tema adquiere relevancia aún mayor, ahora que se está creando el Ministerio de Seguridad Pública, con amplísimas atribuciones, y que incluye el traspaso y control de las policías a un Seremi en las regiones.

  • El caso Monsalve ya está teniendo repercusiones en la discusión del nuevo ministerio de seguridad pública. La comisión mixta en forma unánime está modificando el proyecto de ley para eliminar la facultad que se le otorgaba al subsecretario de esa nueva cartera para actuar directamente con las policías. Radicándolas en el ministro que, a diferencia del subsecretario, puede ser objeto de una acusación constitucional.
  • Un avance, pero que no resuelve el problema porque solo permite una sanción política después de producido un hecho indebido. Lo que refleja que los parlamentarios no han entendido que el peligro radica en la posibilidad de que se nombre a una persona vulnerable.
  • Esto se extiende al ámbito regional puesto que ahora las fuerzas policiales estarán a cargo del Seremi de Seguridad, un funcionario de menor jerarquía, mucho más susceptible a las influencias de las organizaciones criminales.
  • El caso Monsalve es una señal de alerta, que no puede ser ignorada, para profesionalizar hoy y no mañana el proceso de selección de autoridades.
  • Es esencial que los procedimientos de selección incluyan evaluaciones profundas y, tratándose de funcionarios relacionados con la seguridad, un monitoreo permanente de la integridad de los funcionarios durante todo el ejercicio den sus funciones.
  • El país necesita líderes en seguridad cuya integridad y competencias este fuera de toda duda, capaces de gestionar sin estar expuestos a presiones, tentaciones o vulnerabilidades.
  • Solo con un proceso de selección sólido, profesional e implacable, que esté fuera del alcance de toda consideración política, se puede dar una señal clara al crimen organizado y generar confianza en la ciudadanía.

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