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Abril 25, 2025

Un ateo junto al Papa: El viaje de Javier Cercas con Francisco. Por Héctor Soto

Ex-Ante

Dos años después de viajar con el pontífice a Mongolia, Javier Cercas publica el libro de crónica que recoge esa experiencia. El lanzamiento de la obra prácticamente coincide con la muerte de Francisco y entrega valiosos insumos para entender quién era él y qué lo movió en su pontificado.


El viaje que hizo el Papa Francisco a Mongolia hacia fines del verano europeo el año 2023 no fue muy distinto a los demás que emprendió. El Papa que jamás fue a España, hasta no hace muchos años una de las naciones más católicas del mundo, ni tampoco a su tierra natal, Argentina, se desplazó a Mongolia para alentar a una iglesia local pequeña que no va más allá de los mil 500 fieles y que se sostiene gracias al trabajo de un puñado de misioneros. Esas eran las iglesias que a él le gustaban: las de la periferia.

Pero, con todo lo parecido a otros viajes papales, ese fue distinto. Porque el Vaticano invitó personalmente al escritor Javier Cercas, ateo confeso, anticlerical por doctrina y laicista militante, a acompañar al pontífice para escribir el libro que apareció en librerías hace poco: El loco de Dios en el fin del mundo. Es una larga y detallada crónica de ese periplo apostólico para la cual Cerca se preparó hablando con vaticanólogos, altos funcionarios del aparato de comunicaciones de la Santa Sede y también con prelados y sacerdotes cercanos al Papa.

Durante el viaje de ida, Francisco concedió una breve audiencia a solas al escritor español, interesado casi obsesivamente en conocer su opinión respecto de la confianza de su madre en volver a encontrarse con su marido, el papá de Cercas, después de abandonar este mundo. ¿Es o no la resurrección de la carne, el reencuentro con quienes nos precedieron en la muerte, el misterio central del catolicismo? ¿Pueden llamarse católicos los que tienen dudas en esa vida más allá de la vida?

Bueno con estas dudas Cercas se subió al avión del Papa y es probable que con las mismas se haya bajado a la vuelta. Lo que cuenta no es lo que crea él. Lo importante es lo que crea el Papa, su entorno, sus colaboradores, los misioneros con los cuales tuvo contacto en Mongolia y los burócratas vaticanos. Lo que crean y las prioridades que tienen. El escritor llega a entrevistarse incluso con el prefecto de la Doctrina de la Fe.

El loco de Dios en el fin de mundo podría definirse como el enorme esfuerzo periodístico e intelectual de un escritor ateo por entender no solo la cabeza y sensibilidad del Papa Bergoglio sino también las distintas capas o categorías de la fe católica. En ese, hasta cierto punto, el libro se toca con El reino de Carrere. Tal como esa obra, esta también es una crónica escrita por un hombre que perdió la fe y un intento comprensivo de entendimiento.

El de Carrere, sin embargo, tiene mayor densidad teológica y mejor literatura. Este de Cercas es solo periodístico y, en esa medida, más anecdótico. Además, más reiterativo. El libro, que tiene 484 páginas, habría quedado mejor en 300. Novelista excelso en Soldados de Salamina o en El monarca de las sombras, además de cronista excepcional en Anatomía de un instante, su mirada al intento de golpe de estado del coronel Tejero en febrero del año 81, no es la primera vez que a Cercas se le arrancan las ovejas. Ya le había ocurrido algo parecido en El impostor, una novela que con menos ciertamente había logrado más.

Lo importante es que el escritor se cautiva con Francisco. Le cree y sintoniza con él. Lo admira, a lo mejor mucho más por su testimonio pastoral que por su s ideas. Respeta su sencillez, exalta su austeridad, defiende su estilo llano e incluso sus asperezas. Aunque Cercas tiene claro que la iglesia no puede definirse solo en términos asistencialistas como una gran ONG -hospicios, comedores, hospitales, orfanatos y centros de acogida para los más débiles y los perdedores-, entiende que esta parte es decisiva en el magisterio de Francisco.

No solo eso: entiende que lo que el Papa quiso hacer fue una iglesia misionera, es decir, una iglesia dispuesta a reencontrarse primero con el mundo, capaz de liberarse de sus pompas y de su peso institucional, para desde allí, recién desde ahí, asumir su misión evangelizadora.

El autor destaca el fuego apostólico envuelto en esa idea de iglesia misional, pero en realidad no se hace cargo de las limitaciones que comporta: transculturación, poca sintonía fina con las individualidades y una épica capturada más por el sacrificio de los misioneros que por la persuasión de los fieles.

No es el único tema en el cual Cercas se queda corto. Aunque toma en cuenta varias contradicciones de Francisco y gruesos errores políticos y conceptuales de su pontificado, le faltó profundizar más en su matriz peronista, en su antiliberalismo, en su idea monolítica de pueblo de Dios, en su resuelto sesgo anticapitalista. Con todo, es su aproximación es tremendamente perspicaz a la hora de tratar de desentrañar quién fue Bergoglio y quien fue Francisco. Ni Bergoglio cuando chocó como como provincial con los jesuitas fue el mismo que había sido en su juventud ni tampoco Francisco fue al comienzo de su pontificado el mismo a que fue al final

El libro le da vueltas una y otra vez a dos majaderías que terminan por fastidiar su poco: una es la duda si resucitarán los muertos. Está bien que la mamá de Cercas no tenga ninguna duda al respecto, pero ¿es tan interesante el punto? La otra, que incluso está en el título del libro, es la figura del loco; del loco con Dios (Francisco) y del loco sin Dios (Cercas). Mi impresión es que ninguno es tan loco como presume.

Interesante, correcta, valiosa aunque poco reveladora, la crónica de Cercas no está mal. Pero tiene un problema: no es excelente.

 

El loco de Dios en el fin del mundo

Javier Cercas. Random House. 2025, 484 páginas.

 

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