Chile lleva años discutiendo las limitaciones de su mercado de capitales y los datos justifican la preocupación. Según la OCDE, al cierre de 2024 el mercado accionario chileno tenía 184 compañías listadas, una capitalización bursátil equivalente a 49% del PIB y una alta concentración, con las 25 mayores empresas representando 75% del valor bursátil total.
Ese diagnóstico obliga a mirar más allá de la agenda de ahorro, incentivos tributarios o infraestructura de mercado. Requiere incorporar en la discusión también la calidad de los emisores y la confianza que estos generan en quienes asignan capital.
En ese plano, el gobierno corporativo deja de ser un asunto limitado al compliance y empieza a aparecer como un elemento clave para generar confianza entre los agentes del mercado.
Especialmente para inversionistas locales e internacionales, que comparan mercados, emisores y estándares antes de decidir dónde asignar capital y por eso evalúan la calidad de las decisiones, la gestión de conflictos de interés, la protección de minoritarios y la supervisión de riesgos relevantes, todos elementos fundamentales de las responsabilidades del directorio.
En ese sentido, la relación entre gobierno corporativo y profundidad bursátil es económica y no meramente reputacional. Un mejor gobierno corporativo puede reducir descuentos por riesgo, ampliar la base de inversionistas, mejorar la disposición a comprar y mantener acciones, facilitar la liquidez secundaria y hacer más atractivo para las empresas abrirse o permanecer en bolsa.
A la inversa, cuando el mercado percibe opacidad, independencia débil o baja capacidad de supervisión como práctica generalizada en los gobiernos corporativos, aumenta la prima exigida y se estrecha el universo efectivamente invertible.
La OCDE reconoce en el capítulo chileno del Corporate Governance Factbook 2025 el avance regulatorio que ha tenido Chile, en especial con las memorias anuales integradas y las obligaciones de la NCG 519, que adopta IFRS S1 e IFRS S2. Estos estándares elevan la calidad esperada del disclosure y facilitan la comparabilidad, especialmente para inversionistas que evalúan el mercado local desde parámetros internacionales.
Su efecto económico, sin embargo, dependerá de que la información sea usada por los órganos de gobierno y no tratada como una obligación documental.
Esa es la diferencia entre cumplir e integrar. Algunas empresas reportan políticas, riesgos, comités y métricas; otras incorporan esa información en la discusión estratégica, la supervisión de riesgos, la evaluación de la administración y la comunicación con los inversionistas. Es decir, la reportabilidad se vuelve señal de calidad institucional cuando incide en decisiones.
El 2° Índice de Integridad en Gobiernos Corporativos desarrollado por el Centro Futuros Empresariales de la UAI y FGE muestra precisamente esa tensión. El estudio evidencia avances en prácticas exigidas por la normativa, especialmente en prevención de conflictos de interés, libre competencia y ética de mercado.
Sin embargo, también identifica una “madurez asimétrica”: los cimientos de cumplimiento están más instalados que el funcionamiento efectivo del directorio, la evaluación y el seguimiento socioambiental. Hay arquitectura de gobierno corporativo, pero todavía falta fortalecer su capacidad para orientar decisiones complejas.
Por ello, la agenda debería concentrarse en medidas concretas en tres frentes.
Primero, en información más útil para inversionistas, con datos comparables, trazables y, cuando corresponda, disponibles en inglés.
Segundo, en directorios mejor preparados, con procesos de nominación más robustos, matrices de competencias y evaluación periódica.
Y, tercero, en impulsar una mayor disciplina de mercado, mediante protección de minoritarios en operaciones sensibles, modernización del voto y políticas claras de engagement por parte de inversionistas institucionales.
Si la preocupación es profundizar el mercado de capitales y mejorar el desempeño empresarial, la agenda debe avanzar hacia mecanismos que fortalezcan el valor del directorio como garante de confianza frente al mercado.
Avanzar requiere activar a todos los actores relevantes: emisores, inversionistas institucionales, regulador, bolsas, intermediarios y, por supuesto, a los propios líderes empresariales.
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— Ex-Ante (@exantecl) July 23, 2026
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