Sobre las izquierdas y la política de la “excomunión”. Por Jorge Schaulsohn

Ex-Ante

La descalificación pública de los que negociaron con el Gobierno el acuerdo sobre invariabilidad tributaria dice mucho más sobre la crisis de la oposición que sobre el contenido mismo de ese pacto. Lo más insólito es que en privado había un amplio consenso respecto de su mérito e importancia, pues significaba reducir los plazos de la invariabilidad tributaria vinculándola a los montos efectivos de inversión.


De los dientes para afuera. Como ha quedado en evidencia en los últimos días, casi todos los líderes políticos le han prendido velas a la “diosa” de la negociación, pero solo de los dientes hacia afuera.

  • Lo hacen porque saben que hay una demanda de la ciudadanía, mayoritariamente “apolítica”, para que se “pongan de acuerdo” y encuentren un camino para resolver los problemas que aquejan a la población.
  • No se trata de una exigencia ilusa, puesto que hay ejemplos recientes de que es posible avanzar y mejorar las condiciones de vida de las personas cuando existe la voluntad de llegar a acuerdos. Como ocurrió con la Reforma Previsional que está impactando de manera concreta y positiva la calidad de vida de millones de personas.
  • Por lo general ocurre que cuando los gobiernos no tienen mayoría en el congreso el pactar, ceder, conceder es la única forma de sacar adelante su agenda. En esto hay una paradoja porque en nuestro sistema presidencial, el ejecutivo tiene iniciativa exclusiva en casi todos los asuntos de importancia, pero, si es minoría queda a merced de la oposición.
  • Eso es exactamente lo que le sucedió al expresidente Boric que nunca tuvo mayoría en el congreso y se vio obligado ceder y transar con un sector de la derecha, haciendo enormes concesiones ideológicas dolorosas para su sector, como mantener a las AFP.

El socialismo democrático. Sin embargo, hoy la situación es totalmente diferente pues el gobierno tiene los votos necesarios para sacar su proyecto estrella sin el concurso de la oposición, sin necesidad de hacer tantas concesiones.

  • ¿Cómo habría sido la reforma de pensiones si el expresidente Boric hubiese contado con mayoría parlamentaria? ¿Cual habría sido la conducta, por ejemplo, del Partido Comunista o del Frente Amplio?
  • Pero hay otro factor que dificulta el diálogo, que bloquea todo intento de acercamiento con el gobierno: La desaparición de la centro izquierda o socialismo democrático como un actor autónomo e independiente capaz de tomar sus propias definiciones.
  • Atrapado como está en un frente de izquierda dominado ideológicamente por los grandes críticos y adversarios de la concertación; en un constante tira y afloja paralizante.
  • Una alianza que ha logrado sobrevivir a la histórica derrota del gobierno de Boric; y que para mantenerse unida se auto convenció de que estamos frente a un gobierno fascista con el cual es inmoral pactar. Y todo el que lo haga es un traidor; cuyo apego y respeto por el Estado de Derecho y la democracia, “está por verse”.
  • En esa lógica pactar deja de ser una herramienta de la política democrática para transformarse en una forma de colaboración con un proyecto considerado ilegítimo. La discusión interna ya no gira en torno al contenido de las políticas públicas; lo que se impugna es la conducta moral de quienes aceptan dialogar.

El acuerdo de los senadores PPD. Cuando un sector político decide interpretar la realidad en términos absolutos -demócratas contra fascistas, pueblo contra el uno por ciento, empresarios contra trabajadores- desaparece el espacio para buscar acuerdos y toda negociación es una capitulación.

  • Lo que explica, pero no excusa, la violencia con que se ventiló el debate interno en la oposición a raíz del acuerdo entre senadores PPD y Quiroz. Se utilizaron toda clase de adjetivos para denostar el acuerdo y sus protagonistas; un senador DC exigió conocer el precio que se les ha habría pagado a los senadores. Se distribuyeron caricaturas y afiches ofensivos e injuriosos por las redes sociales vinculadas al partido socialista. Un espectáculo que no se había visto en el centro izquierda desde el retorno de la democracia.
  • Se implementó una operación represiva en contra de los senadores del PPD, en su propio partido, se tocaron las campanas a arrebato, se convocó a todas las dirigencias, se le exigió un desagravio al ministro de hacienda por la “felonía” de haber conversado con senadores de la república sobre un proyecto que en su calidad de tal debían aprobar o rechazar.
  • La descalificación pública de los que negociaron con el Gobierno el acuerdo sobre invariabilidad tributaria dice mucho más sobre la crisis de la oposición que sobre el contenido mismo de ese pacto.
  • Lo más insólito es que en privado había un amplio consenso respecto de su mérito e importancia, pues significaba reducir los plazos de la invariabilidad tributaria vinculándola a los montos efectivos de inversión.
  • Los parlamentarios no fueron criticados por haber negociado mal; su “pecado” consistía en haber negociado, como si el solo hecho de sentarse a conversar con este gobierno constituyera una falta ética.
  • Como en tiempos del estalinismo, sufrieron un trato vejatorio, obligados a hacer un mea culpa público y a la humillación de tener que votar en contra de su propia propuesta y firmar el requerimiento ante el Tribunal Constitucional.
  • Un episodio lamentable toda vez que durante décadas fue precisamente la izquierda democrática la que defendió la política de los acuerdos como condición indispensable para consolidar la democracia; hoy parece haber abandonado esa tradición sumándose a una lógica de “pureza ideológica”, donde cualquier matiz es sospechoso y todo entendimiento una desviación.

Círculo vicioso. Naturalmente que nadie está obligado a aprobar las iniciativas del gobierno de turno. La oposición tiene el derecho, y muchas veces el deber, de rechazarlas cuando las considera perjudiciales para los intereses del país.

  • El problema está en las motivaciones. Ante la incapacidad de articular un proyecto alternativo convincente para sacar al país del estancamiento, la unidad se ha transformado en el principal capital político de la oposición.
  • No se busca mantenerla para impulsar un programa común, sino simplemente para sobrevivir, lo que ha convertido la cohesión interna en un fin en sí mismo.
  • Con lo que se está perpetuando un círculo vicioso, pues es precisamente el desperfilamiento de la centroizquierda el principal obstáculo para construir un proyecto político reconocible y diferenciado de las políticas oficialistas.

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