Chile cuenta con una ventaja natural envidiable y un potencial de generación prácticamente ilimitado gracias a su alta luminosidad y vientos privilegiados.
Sin embargo, coexistimos con una incómoda paradoja energética: disponer del recurso en la fuente no equivale automáticamente a poseer una ventaja competitiva de mercado.
Pese a nuestra riqueza latente, el país sigue expuesto a incertidumbres de abastecimiento (con decreto de racionamiento de por medio) y a la volatilidad de precios internacionales por su alta dependencia a los combustibles fósiles. De hecho, la electricidad representa apenas el 22% de nuestra matriz energética general.
¿Por qué la electricidad no es una ventaja competitiva hoy? El diagnóstico revela tres severos cuellos de botella estructurales. Primero, la paradoja del vertimiento: el sistema desecha anualmente miles de GWh de energía limpia (principalmente solar) porque las “autopistas eléctricas” van muy rezagadas respecto a la instalación de los parques generadores.
Como segundo problema, existe una profunda inequidad de mercado: mientras los clientes libres capturan los precios bajos de las renovables, los clientes regulados (hogares y pequeñas y medianas empresas) terminan absorbiendo las ineficiencias de la red y los costos de respaldo , los que siguen amarrados a riesgos estratégicos por la importación de combustibles de terceros. Y, un tercer punto, indica que poseemos falta de resiliencia y capacidad de la red.
Para que la energía limpia deje de ser solo un eslogan, el indicador de éxito debe llegar de forma urgente al bolsillo de los usuarios.
El norte es claro: los precios deben bajar a montos razonables en relación con otros países de la región. Como país, debemos imponernos un desafío estratégico y medible: abastecernos, por ejemplo, con energía eléctrica a no más de 40 US$ por MWh, garantizando la seguridad y la resiliencia de nuestra red a lo largo del territorio nacional.
En ese preciso momento, la electricidad se convertirá en la gran particularidad de nuestra economía. No solo dotaremos a nuestra población de una energía limpia y barata, sino que ofreceremos una matriz altamente competitiva para atraer inversiones en actividades industriales intensivas en energía.
Transitar hacia este escenario requiere una planificación integrada en al menos los siguientes ejes esenciales: despliegue masivo de almacenamiento en baterías para capturar la energía diurna que hoy se bota; la necesidad de darle mayor robustez del sistema eléctrico a través de fuentes variadas y permanentes de energía primaria, con redes de transmisión y distribución flexibles y resilientes.
A esto se suma, una reforma estructural a la distribución para modernizar el marco legal hacia redes inteligentes y mecanismos de flexibilidad contractual que equilibren la cancha para los ciudadanos comunes.
No hay ninguna razón técnica para no proponernos duplicar la participación de la electricidad en la matriz energética. El verdadero desafío está en nuestra capacidad política para actualizar con urgencia las reglas del juego.
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“Operación Termita”. Por Claudio Ortiz. https://t.co/7ReYI0HQEz
— Ex-Ante (@exantecl) July 14, 2026
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