Junio 30, 2022

Por qué se complicó la nueva negociación de Chile con la Unión Europea y la última reunión en Bruselas

Eduardo Olivares C.
Josep Borrell y Gabriel Boric. Créditos: Agencia Uno

Una delegación chilena visitó Bruselas para sostener una tanda de reuniones sobre la Modernización del Acuerdo con la Unión Europea. Hubo un intento chileno por volver a tratar el capítulo de inversión, pese a que ya está cerrado . Habrá otra ronda presencial en septiembre.


Preocupación. En áreas de la Cancillería y de los sectores productivos existe preocupación por el rumbo que están tomando las negociaciones con la Unión Europea para el Acuerdo de Modernización del tratado bilateral que rige desde 2003. Las tratativas de ese pacto se cerraron en noviembre de 2021, pero el gobierno de Gabriel Boric busca reabrirlas.

  • En una cita en Bruselas en la primera quincena de este mes, una delegación de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei), integrada también por funcionarios de Hacienda, se sentó a conversar con su contraparte de la Unión Europea. Para sorpresa de los europeos, la propuesta chilena incluía la reapertura de disposiciones que ya habían sido cerradas con el Estado de Chile en noviembre de 2021. La más importante se vincula con el capítulo de inversiones.
  • La respuesta de los europeos fue gélida: expusieron sobre los puntos ya negociados, pero no manifestaron interés en reabrir materias.
  • En Bruselas prefieren no hablar de “rondas” de negociación, porque esa calificación supondría que han aceptado reabrir tratativas que dan por finalizadas desde el punto de vista técnico. El eufemismo diplomático es hablar de “reuniones”, “conversaciones” y de “observaciones”.
  • La Subrei dice a Ex-Ante que habrá reuniones virtuales antes y después del verano europeo (que va de junio a septiembre), “y se retomará presencialmente en septiembre en fechas por confirmar”.
  • Ex-Ante consultó sobre cuál fue la conclusión que el gobierno obtuvo de la reciente ronda en Bruselas. La respuesta de la Subrei: “Se realizaron análisis técnico-jurídicos con la contraparte europea en relación a la propuesta de split hecha por la Comisión Europea”. En rigor, esa propuesta Chile ya la aceptó el año pasado, mientras México -que avanza en su propio proceso de modernización- la rechazó.
  • El split es un camino procedimental dentro de la UE que permitiría avanzar en unas áreas del acuerdo (por ejemplo, comercial) más rápidamente que en otras (como la política o de inversiones). Ocurre que, a diferencia de otros tratados, el de Chile y la UE es un Acuerdo de Asociación que tiene tres partes: 1) político y de cooperación, 2) comercial, y 3) de inversión y corte. La idea del split ha sido planteada desde hace tiempo por Bruselas como un modo de mejorar la eficiencia en la aprobación del acuerdo no solo con Chile.

Socio clave. Compuesta por 27 países y 450 millones de habitantes, la Unión Europea es el tercer socio comercial de Chile. En 2020, el intercambio comercial alcanzó los US$ 15.493 millones. Con el nuevo acuerdo, el 99,6% de los bienes y servicios quedan libres de arancel.

  • La Unión Europea es el primer origen de inversiones extranjeras directas en Chile, con un stock de US$ 65.250 millones al 2020.

La nueva mirada en inversiones. De acuerdo con conocedores de las reuniones en Bruselas, hubo otro elemento que para los europeos resultó una sorpresa: reabrir un segmento del capítulo de inversión, en particular en lo referido a las transferencias tecnológicas.

  • En los distintos acuerdos comerciales bilaterales o multilaterales, existen disposiciones que prohíben determinadas conductas. En este caso, existen disposiciones que prohíben a empresas de un país realizar transferencias tecnológicas a la otra parte, pues se consideran áreas sensibles para una economía. Esa dinámica ha sido cuestionada por académicos de izquierda, como el propio subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales, José Miguel Ahumada. Sostienen que ese principio socava las chances de los países más vulnerables por avanzar en sus estadios de desarrollo.
  • No obstante, tanto en este acuerdo de modernización como en otros vigentes, los negociadores chilenos incorporan disposiciones excepcionales que permiten transferencias de todo tipo. Asimismo, no existen dispositivos de esos tratados que impidan la creación o fortalecimiento de empresas estatales, salvo que se trate de nuevos monopolios de exportación (lo cual está limitado por reglas de comercio globales más que bilaterales).
  • Otro de los asuntos cuestionados por la delegación -pero no reabiertos por la contraparte europea- se refiere a disposiciones sobre recursos naturales y materias primas. Un conocedor estrecho de esas conversaciones dice que los negociadores chilenos plantearon una regulación distinta del export pricing para discriminar según categorías de elaboración. En ese caso, el equipo de Ahumada está en contra de disposiciones globales que impiden los subsidios o el reintegro simplificado, pero allí este acuerdo con la UE no se sale del marco global establecido por la Organización Mundial del Comercio (OMC).
  • El propio Ahumada estuvo hace dos semanas en Ginebra, sede de la OMC. “El comercio internacional es una herramienta para el desarrollo, y ha demostrado, de complementarse con políticas industriales, con políticas sociales y de protección laboral, ser un vehículo para el crecimiento, la creación de empleos, la innovación y la seguridad alimentaria de nuestros países”, dijo el funcionario en su discurso ante esa entidad el 12 de junio.

La política industrial. Seguidor del economista chileno José Gabriel Palma, el subsecretario José Miguel Ahumada ha revelado en distintos textos qué piensa de los acuerdos de libre comercio y, en particular, de los capítulos de inversión.

  • En una entrevista de 2016 con la Biblioteca del Congreso Nacional, el entonces académico Ahumada dijo al referirse al TPP en particular y a los acuerdos comerciales en general: “Sin duda integrarse a las cadenas globales de valor es conveniente, siempre y cuando, lo sea con el fin de escalar en la cadena de valor hacia la producción de bienes con mayor valor agregado, y no de crear economías de enclave y de mero ensamble […] Esto requiere, como lo sostiene la reciente literatura del desarrollo económico, implementar políticas activas que incentiven, por ejemplo, mecanismos de transferencia tecnológica desde las inversiones extranjeras al tejido productivo nacional […] Otro tipo de políticas más intensas se refieren a imponer normas para que el inversionista deba reinvertir cierto porcentaje de la ganancia en el país, a objeto de parar la expatriación de utilidades y obtener mayores tasas de inversión o a la posibilidad de su nacionalización”.

Qué dice. Según un resumen del acuerdo de modernización, publicado por la propia Subrei, el capítulo de inversiones señala lo siguiente:

  • “Se establece un marco jurídico comprensivo que regula las inversiones entre Chile y la UE, reemplazando los 16 Acuerdos de Protección de Inversiones bilaterales vigentes entre Chile y Estados Miembros de la UE y dos que fueron suscritos y no entraron en vigor, corrigiendo inconsistencias y divergencias existentes entre sí, que han sido criticadas por diversos sectores en el último tiempo. Asimismo, se establece un capítulo que tendría un régimen de protección y liberalización de inversiones que al mismo tiempo garantizaría el legítimo derecho a regular del Estado. En materia de solución de controversias, las partes establecen una Corte de Inversiones de carácter permanente, aunque de estructura liviana y ágil”.

Carencias de expertos negociadores. La delegación chilena estuvo integrada por personal de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei), como corresponde, y también por una representación del Ministerio de Hacienda. De hecho, Rodrigo Monardes, actual asesor de la Coordinación de Finanzas y Asuntos Internacionales del Ministerio de Hacienda, fue director del Departamento de Inversiones de la Subrei cuando se negoció la modernización del acuerdo con la UE.

  • Pero hubo una ausencia clave: Felipe Lopeandía, quien era el director de Asuntos Económicos Bilaterales y figura clave en las negociaciones tanto con la UE como del TPP-11, renunció a la Subrei. En el equipo resienten que los nuevos encargados y los funcionarios recién llegados no han instalado aún una visión clara.

¿Acuerdo cerrado? En rigor, el tratado de modernización fue cerrado en noviembre de 2021, durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera. El canciller era Andrés Allamand y el subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales era Rodrigo Yáñez. El texto quedó entonces disponible para la suscripción final de las partes.

  • Sin embargo, el Gobierno entrante de Gabriel Boric activó en marzo de 2022 una reconsideración a la luz de su política exterior -con énfasis en la llamada “política industrial”– y del resultado del Plebiscito constitucional.
  • “Las negociaciones concluyeron a nivel técnico con el anterior gobierno en noviembre de 2021. La nueva administración está estudiando los textos acordados y tienen algunas observaciones técnicas que estamos conversando”, contestó a inicios de junio a Ex-Ante la Embajada de la Unión Europea en Chile.
  • La legación agregó: “Esperamos poder anunciar la conclusión política de las negociaciones en los próximos meses y que se lleve a cabo todo el proceso de adopción en 2023 antes de las elecciones del Parlamento Europeo durante el primer semestre de 2024”.

Reabrir negociaciones. En su visita en abril a Chile, el jefe de Asunto Exteriores de la Unión Europea, el español Josep Borrell, intentó explicar que reabrir las negociaciones impone dificultades. “A mí me hubiera gustado que esta visita hubiese podido coincidir con el anuncio de un acuerdo completo y total sobre este instrumento. Comprendo que el gobierno chileno necesite tiempo para estudiar bien cuál es el acuerdo al que llegó el anterior gobierno y al que yo contribuí todo lo que pude. Y espero que su reconsideración no signifique reabrir las negociaciones, sino entender mejor cuáles son los términos concretos del acuerdo al que se ha llegado”, dijo el diplomático, muy conocido en el PS por su rol en el PSOE en España.

  • De acuerdo con fuentes conocedoras de estas tratativas, Santiago busca volver a negociar materias relacionadas con servicios y con transferencias tecnológicas. Chile solía contar con un equipo que tuvo a las mayores potencias globales como contrapartes en los acuerdos con EE. UU., China, Japón, India y los mismos europeos. Como saben bien los negociadores de tratados comerciales, cuando un tema ha quedado cerrado y una parte plantea reabrirlo, la otra parte no solo demora en su respuesta, sino que -si acepta- suele reaccionar con la reapertura de otro tema.
  • La experiencia profesional del subsecretario de la cartera, José Miguel Ahumada, está enfocada en la academia, donde ha analizado la economía política del comercio exterior. Nunca había encabezado una repartición ni había participado ni hecho investigación sobre cómo son los procesos de negociación de un acuerdo comercial.

Nueva Zelandia. Otros países se han adelantado a Chile, pese a que Santiago había comenzado antes. El caso más visible hoy es Nueva Zelandia, que acaba de cerrar sus negociaciones para un acuerdo con la UE, según informó el vicepresidente ejecutivo para asuntos económicos de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis. Vía Twitter, dijo que el bloque concluyó ese pacto con un “socio valorado y confiable”.

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