Tras un año 2024 en que se corrigieron gran parte de los desajustes macroeconómicos en la economía chilena, con variables claves convergiendo a sus valores de largo plazo o tendenciales (crecimiento del PIB, desempleo, inflación, tasa de política monetaria, déficit fiscal y en cuenta corriente), el 2025 se prevé con una dinámica interna modesta, con oportunidades de un favorable impulso externo, pero con riesgos geopolíticos y financieros internacionales relevantes.
En cuanto a los desafíos para la política monetaria en Chile, el diferencial de tasas con Estados Unidos (ver gráfico 1) y potenciales presiones inflacionarias asociadas a la imposición de aranceles a México, Canadá y China por parte de EEUU, deja espacios acotados para continuar con las bajas en las tasas de interés. Esto implicaría mantención o a lo más una baja de 25 puntos base en la Fed Funds (4,25%/4,50%) y en la Tasa de Política Monetaria (TPM) en Chile (5%) en lo que resta del año.
En cuanto a la Reunión de Política Financiera, la señalización del nivel neutral de 1% para el colchón contracíclico y posterior convergencia del 0,5% actual a contar de 2026, configuran un horizonte de estabilidad tanto para la política monetaria como financiera, y deja al instituto emisor en una posición en que puede actuar con flexibilidad ante cambios en el entorno.
Por el lado de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), recientemente el regulador aplicó nuevos cargos de pilar 2, donde destacan la mantención de cargos por riesgo de concentración y riesgo mercado libro banca a las 9 entidades identificadas en el ejercicio anterior, y un leve sesgo a mayores cargos, que llevaron el promedio simple de la industria a transitar desde 1% a 1,15% de los activos ponderados por riesgo.
Por el lado del proceso de autoevaluación de liquidez, tras el ciclo supervisor de este año, se podrían gatillar requerimientos adicionales de activos líquidos por hasta un 20%. Cabe mencionar, que la industria en general tiene buenos indicadores de liquidez de corto plazo (LCR), y más acotadas son las holguras en el indicador de largo plazo (NSFR).
En cuanto a la regulación bancaria, será clave el dinamismo que el supervisor le imprima al proceso de aplicación de modelos internos de capital, la recalibración de modelos estándares de provisiones que fueron estimados con información histórica de hace varias décadas atrás, y que podrían no ser estadísticamente representativos en la actualidad. Esto aplica en particular al modelo estándar para la cartera individual que aplica a grandes empresas, junto con avanzar en un marco integral de pruebas de tensión en que se concilien los procesos llevados por ambos reguladores.
Tras la reforma previsional y el impulso que tendría el ahorro y sus efectos positivos en el mercado de capitales, será clave también la recuperación del ciclo del crédito y que se complete el traspaso de la política monetaria a las tasas de interés de mercado. Con todo, el sistema financiero local estaría en buen pie para afrontar shocks externos e impulsar a la economía a tasas de crecimiento bien por sobre el tendencial.
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