Agosto 4, 2021

Opinión: Elisa Loncón y el estándar Mandela. Por Ricardo Brodsky, ex director del Museo de la Memoria

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Al igual que Pepe Mujica, en la soledad de la cárcel Mandela empezó a comprender que el resentimiento es un veneno para sí mismo y que el odio a sus enemigos no ayuda a cambiar las cosas. Por el contrario, comprender a sus adversarios y saber ponerse en sus zapatos es lo que permite el diálogo y la construcción de las confianzas necesarias para llegar a acuerdos. Aprendió a vencer a sus adversarios sin deshonrarlos, a negociar con ellos sin situarse en un pedestal de superioridad moral.

Las palabras de Loncón. Consultada la presidenta de la Convención Constitucional Elisa Loncon acerca de si haría un llamado a “deponer las armas” en la Araucanía, sostuvo que ella no tenía el estándar de Nelson Mandela para solicitar algo así a los grupos armados que operan en el región.

  • ¿Qué quiso decir con ello? Algunos lo han interpretado como una negativa a rechazar la acción de grupos armados que enarbolan la “causa mapuche”, pero creo que esa es una interpretación equivocada. A mi juicio lo que Loncon quiso explicar es que ella no tiene la autoridad moral ni política ante los grupos armados para llamarlos eficiente y convincentemente a deponer las armas, puesto que, a diferencia de Nelson Mandela, ella no es ni ha sido parte de esos grupos, ni tampoco comparte sus formas de lucha.
  • De hecho la propia CAM ha evidenciado su desprecio al rol de Loncon al sostener que la Asamblea Constituyente que ella preside es una sumisión al “orden colonial”.
  • Para entender mejor es bueno preguntarse cuál sería el estándar Mandela, o mejor dicho, quien fue Nelson Mandela y que nos puede enseñar a los chilenos y a los mapuche.

La trayectoria de Mandela. Nunca fue un pacifista, al estilo Ghandi. De hecho, siendo joven lideró la fracción del Consejo Nacional Africano (CNA) que inició la lucha armada contra el Apartheid de modo que no es esa la lección que nos puede servir.

  • En efecto, tan poco lo representa este período que el mismo años más tarde dirá que “era muy radical, mis discursos eran muy virulentos, y en ellos golpeaba a todo el mundo (…) En mi juventud combiné la debilidad con la falta de discernimiento de un chico de campo (…) Me apoyaba en la arrogancia para disimular mis lagunas” (Todorov. Insumisos).
  • Lo que hace de Mandela un caso excepcional de liderazgo es su capacidad de unir sus valores morales con su práctica política, valorar correctamente los elementos de una situación y actuar políticamente con notable eficacia, comprendiendo que, a pesar de haber permanecido 27 años en la cárcel, no debe odiar a sus enemigos, sino al sistema del aparthied, no debe odiar a los blancos sino al racismo, y debe saber aprovechar las oportunidades de negociación y diálogo que se le ofrecen.
  • Aunque no son situaciones del todo equivalentes sirve la comparación. Al igual que en Chile se ha empezado a comprender que el pueblo mapuche no se le pueden seguir negando sus derechos políticos, en Sudáfrica a inicios de los años 1990, los gobernantes comprendieron que no podían seguir segregando a la población negra, mayoritaria en el país.

Asumir los riesgos de negociar. El punto es que ante esa evolución política de los gobernantes blancos, Mandela asumió los riesgos de sentarse a negociar –siendo todavía prisionero- defendiendo tanto la igualdad de los sudafricanos negros como la seguridad de los sudafricanos blancos.

  • En tal sentido, los representantes de los pueblos indígenas sentados en nuestra Convención Constitucional están mucho más cerca de la actitud de Mandela que los líderes de la CAM y otros grupos armados que no están interesados en reconocer las oportunidades de los procesos políticos que se han abierto en el país, sino que por el contrario, han agudizado sus prácticas violentas y su prédica de odio.
  • Mandela logra imponer un camino político que evitará una guerra civil no sin dificultades ni peligros. Racistas armados y con sustento militar intentarán frustrar el proceso aperturista de Pieter Botha y Frederik de Klerk. Enfrenta también a los irreductibles, extremistas Zulús y también del CNA, que justifican la violencia contra los blancos amparados en la violencia anterior de sus enemigos.
  • Al igual que Pepe Mujica, en la soledad de la cárcel Mandela empezó a comprender que el resentimiento es un veneno para sí mismo y que el odio a sus enemigos no ayuda a cambiar las cosas. Por el contrario, comprender a sus adversarios y saber ponerse en sus zapatos –estudió en la cárcel la lengua afrikáans para mejor entenderlos y expresarse ante ellos- es lo que permite el diálogo y la construcción de las confianzas necesarias para llegar a acuerdos.
  • Aprendió a vencer a sus adversarios sin deshonrarlos, a negociar con ellos sin situarse en un pedestal de superioridad moral.
  • El estándar Mandela que invocó la presidenta de la Convención Constitucional es sumamente exigente. Implica saber reconciliarse con los enemigos sin abdicar de tus propósitos. Por eso, la declaración de la presidenta de la Convención, debe ser leída como un gesto de modestia y honestidad antes que nada.

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