Octubre 24, 2025

Inversión en Chile: ¿Crecimiento para unos pocos sectores? Por Carolina Grünwald

Economista Jefe, Prudential AGF

Las mejores perspectivas de inversión en Chile son una señal alentadora, pero no necesariamente una garantía de crecimiento saludable. El desafío está en lograr que este impulso se distribuya hacia los distintos sectores económicos.


El Informe de Política Monetaria (IPoM) del Banco Central de Chile publicado en septiembre trajo buenas noticias por el lado de la actividad económica. Para el año 2025, se ajustó el rango de crecimiento estimado del Producto Interno Bruto (PIB), acotando la parte baja del rango proyectado en junio. Así, se pasó de una estimación de crecimiento de entre 2,0% y 2,75% a una más optimista de entre 2,25% y 2,75%. Este ajuste, aunque moderado, refleja una visión más positiva sobre el desempeño económico futuro del país.

¿Dónde estuvieron los mayores ajustes? Principalmente en la Demanda Interna, que fue corregida al alza desde un crecimiento anual de 2,9% a 3,6%. Dentro de este componente, destaca especialmente la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF), es decir, la inversión, cuya tasa de crecimiento estimada pasó de 3,7% a 5,5%. Este cambio es relevante, ya que la inversión es uno de los motores más importantes para un crecimiento económico sostenido. Sin embargo, es necesario descomponer este ajuste para entender mejor su alcance y sus implicancias.

La inversión se divide en dos grandes componentes: maquinaria y equipos, y construcción y obras. Es el primero el que ha mostrado un dinamismo considerable durante este año. Según cifras desestacionalizadas del segundo trimestre, la inversión en maquinaria y equipos creció un sólido 8,7%, mientras que la inversión en construcción y obras apenas alcanzó un 1,1%. Esta diferencia es significativa, ya que revela que el impulso inversor está más relacionado con la reposición de activos productivos —como maquinaria— que con proyectos de infraestructura de gran envergadura.

Este tipo de inversión, aunque positiva, tiene implicancias distintas. La reposición de maquinaria puede estar asociada a procesos de automatización o eficiencia operativa, pero no necesariamente implica un aumento sustancial en el empleo ni en la capacidad instalada de largo plazo.

En otras palabras, no se trata de inversiones que transformen estructuralmente la economía o que generen un efecto multiplicador amplio. Además, el IPoM señala que esta inversión en maquinaria y equipos está concentrada principalmente en los sectores de minería y energía.

Mirando hacia adelante, el Informe proyecta una evolución favorable de la FBCF, sustentada en las mejores perspectivas que se desprenden del catastro de la Corporación de Bienes de Capital. Se estima un incremento acumulado de 8,5% en el período 2025-2028. No obstante, nuevamente, este ajuste está dominado por el sector energía, lo que plantea interrogantes sobre la amplitud del dinamismo económico.

¿Dónde quedan los otros sectores de la economía? Es precisamente en esta pregunta donde surge la principal preocupación. La inversión está concentrada en energía y minería, dejando rezagados a sectores como manufactura, comercio, servicios, agricultura y construcción. Esta concentración se refleja en los indicadores de inversión sectorial calculados por el Banco Central de Chile en base a microdatos: el índice de inversión en minería supera al del “resto de sectores” en un 77%, mientras que el de energía lo hace en un 28%.

Esta distribución de la inversión plantea desafíos importantes. Si bien es positivo que sectores estratégicos como minería y energía mantengan un ritmo inversor robusto, un desarrollo económico más equilibrado requeriría que otros sectores también participen activamente en el proceso de inversión. Esto permitiría una expansión más armónica del empleo, una mejora en la productividad general y un mayor dinamismo del consumo interno.

Además, la concentración sectorial puede generar vulnerabilidades. Una economía que depende excesivamente de unos pocos sectores está más expuesta a shocks externos, como fluctuaciones en los precios de los commodities o cambios regulatorios internacionales. Diversificar la base productiva no solo es deseable desde el punto de vista del tipo de crecimiento, sino también desde una perspectiva de resiliencia macroeconómica.

Las mejores perspectivas de inversión en Chile son una señal alentadora, pero no necesariamente una garantía de crecimiento saludable. El desafío está en lograr que este impulso se distribuya hacia los distintos sectores económicos. Solo así se podrá construir una economía más robusta y dinámica, que nos lleve a aumentar la capacidad de crecimiento a largo plazo (nuestro “potencial”).

 

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