Hace exactamente una semana, el Gobierno informó que había logrado el primer superávit fiscal después de una década. Dado todo lo que se escribió en ese momento, me pareció prudente esperar que pasaran unos días para comentar por qué la lectura que se hizo de este comunicado me hizo recordar el cuento de Hans Christian Andersen llamado “El nuevo traje del emperador”.
En el anuncio de las autoridades se mencionó que el superávit fiscal cerró en 1,1% del PIB ($2.959.383 millones) en el año 2022 y que desde el año 2012 no se observaba un saldo positivo en las cuentas fiscales. En el resumen de la ejecución del Presupuesto Fiscal se destacó el importante ajuste del gasto público que anotó una caída de 23,1% real, lo que constituyó el mayor esfuerzo histórico de consolidación fiscal en el país. Así, la política fiscal contracíclica permitió un reequilibrio de las cifras macroeconómicas, luego de la expansión del gasto registrada en los años 2020 y 2021, donde el gasto total anotó una expansión de 11% y 33,3%, respectivamente. El ajuste fiscal del año 2022 se concentró en el gasto corriente, que se contrajo un 26,3% en términos reales, en particular en el ítem subsidios y donaciones, asociado al pago del IFE y el Bono Clase Media en 2021. El gasto de capital por su lado, anotó un aumento de 4,7%, mientras que los ingresos registraron un aumento de 6,3% real.
En este punto el lector podría preguntarse, ¿cuál es la relación entre el superávit fiscal y este cuento de niños? Para quienes no están familiarizados con dicho cuento, había una vez un emperador al que le encantaban los trajes y por esto coleccionaba trajes de todo tipo de telas y colores. Un día llegaron a su reino unos impostores que se hacían pasar por tejedores y se presentaron delante del emperador diciendo que eran capaces de tejer la tela más extraordinaria del mundo dado que esta era invisible a los ojos de los necios. El rey encargó entonces un traje con esta tela y, pasado un tiempo, comenzó a sentir curiosidad por saber cómo iba su traje, pero tenía miedo de no ser capaz de verlo, por lo que prefirió evitar este problema y enviar a uno de sus ministros. Cuando el enviado del rey llegó al telar se dio cuenta de que no había nada y que los tejedores no tenían una tela. Sin embargo, le dio tanto miedo decirlo y que todo el reino pensara que era necio y no merecía su cargo, que permaneció callado y fingió ver la tela. Los tejedores siguieron entonces trabajando en el telar vacío y pidieron al emperador más oro para continuar. Cuando el rey decidió ir con su séquito a comprobar el trabajo de los tejedores tampoco vio nada, pero se apresuró a decir: “¡Magnífico! ¡Soberbio! ¡Digno de un emperador como yo!”. Así, en el desfile siguiente, el Emperador estrenó su traje. Sus súbditos adultos aclamaron la grandiosidad de éste y sólo un niño fue capaz de decir que el emperador estaba desnudo.
Lo cierto es que la Ley de Presupuestos del sector público del año 2022, fue publicada en el Diario Oficial el 15 de diciembre del año 2021. Es decir, durante la administración anterior, mientras las presiones por extender el IFE y continuar con los retiros que debilitaron y quitaron profundidad al mercado de capitales seguían presentes.
Hoy se menciona que existe un compromiso de esta administración con la responsabilidad fiscal. Sin embargo, se impulsa una reforma tributaria que nos quita competitividad en esta materia y tendrá sin duda un efecto negativo en materia de ahorro e inversión.
También se informó que la deuda bruta cerró el año 2022 en un 37,3% del PIB estimado para el año, dando cuenta del proceso de consolidación del gasto y de normalización de la trayectoria de la deuda pública que impulsa el Gobierno. Lo cierto es que los efectos en el crecimiento de la política fiscal contractiva, junto con una tasa de política monetaria que en términos reales será también contractiva, no borra el escenario de una caída del producto mirando hacia adelante. Lo más probable es que la inflación este año se ubique en torno al 5% y con una tasa de política monetaria de 11,25% nominal. Esto implica una tasa real de casi 6%, lo que seguro tendrá un efecto negativo en el crecimiento económico.
¿Han sido catastrofistas las proyecciones para Chile? La respuesta es no. El superávit fiscal vendría siendo como el espejo retrovisor, la informalidad que enfrentamos en la economía, y el impacto de las reformas en el crecimiento es lo que vemos por el parabrisas mientras vamos en este auto que se llama Chile.
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