Considerando el gran número de dudas que abre la construcción de una nueva constitución desde una hoja en blanco, hay creciente inquietud por parte de los actores económicos, los cuales, a pesar de estar acostumbrados a navegar en diferentes escenarios de riesgo, no disponen de oráculos para saber qué depara la incertidumbre del futuro.
Por supuesto que todo momentum constitucional conlleva su propia vacilación. El problema es que la discusión ha estado marcada por un torbellino de ideas y enfrentamientos, que han terminado por sembrar más dudas que certezas. Considerando que estamos ad portas de concluir el texto final de borrador, me pregunto qué aspectos económicos de la propuesta se han visto afectados por todo este dilema:
Qué más se puede decir. Hasta ahora, lo que sabemos, es que no sabemos mucho. Es cierto que, como decía Voltaire, “la duda no es una condición placentera pero la certeza es absurda”. No debemos confundir el abrir espacios de discusión con el conformar escenarios inciertos más de lo necesario, en donde las respuestas no asusten más de lo que las preguntas nos puedan inquietar.
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