El largo y accidentado trayecto para finalmente llegar a la presidencia de Chile, después de prolongadas jornadas caminando por el desierto, contribuyó a modificar de manera relevante el carácter de José Antonio Kast, enfrentando adversidades que desarrollaron su templanza y desarrollaron su resiliencia.
Como he reconocido en ocasiones anteriores, lo que más me ha impresionado del presidente electo, a quien tuve la ocasión de observar y también interactuar como colegas de veredas opuestas en la Cámara de Diputados en 2010-2014, es el inesperado pragmatismo, flexibilidad y apertura que ha mostrado desde que pasó a segunda vuelta y vio en el horizonte próximo el deber de conducir la Nación. Porque me cuesta reconocer en el próximo presidente al diputado solitario, inflexible, principista, algo mesiánico y muy enfocado en la defensa de los valores conservadores que conocí en la década pasada.
Mi percepción es que el largo y accidentado trayecto para finalmente llegar a la presidencia de Chile, después de prolongadas jornadas caminando por el desierto, contribuyó a modificar de manera relevante el carácter de José Antonio Kast, enfrentando adversidades que desarrollaron su templanza y desarrollaron su resiliencia. En las antípodas de la experiencia del presidente Boric, le costó tanto llegar que está dispuesto a todo para tener éxito en la tarea.
Eso explica que haya sido capaz de dejar de lado peleas valóricas que en el pasado le eran fundamentales pero que lo ponían en minoría, y que haya privilegiado la incorporación de los concertacionistas por el rechazo en su gabinete en lugar de ceder a la demanda de mayor protagonismo del partido de Kaiser. Porque es francamente sorprendente que el primer presidente que militó en el campo del Sí haya conformado un equipo de gobierno indiscutiblemente más amplio política y socialmente que los de quien fue vocero económico del No y se convirtió en el primer presidente de derecha electo democráticamente desde 1958.
Sólo esa determinación guiando su conducta puede permitirnos entender que mucho más de la mitad de sus ministros no estuvo con él en primera vuelta y que muchos de los que lo acompañaron en la campaña no están en la foto, que su propio partido esté fuera del Comité Político y que, al mismo tiempo, todo indica que ninguno de sus ministros le fue impuesto por un partido, sino que todos están ahí porque el presidente electo consideró que son las personas adecuadas para ese rol.
No son propiamente sus amigos, como ha sido el caso en presidencias anteriores, tampoco particularmente las personas políticamente más cercanas o con las que ha hecho un recorrido juntos, sino aquellas que lo convencieron de su idoneidad y capacidades para llevar adelante la tarea asignada.
José Antonio Kast, tal como Gabriel Boric en 2021, hizo una fuerte apuesta a la renovación en su primer gabinete ministerial y dos tercios de sus ministros no tiene experiencia ni parlamentaria ni de gobierno. Pero a diferencia de Boric, redobló su apuesta al entregarle dos tercios de las responsabilidades ministeriales a personas que no tienen militancia en partidos políticos, la mayoría de ellos sin participación previa conocida en la actividad política.
El característico cuoteo en la conformación de los gobiernos se circunscribió a un número limitado de ministerios, porque no es casual que, salvo Nacional Libertarios, todos los partidos del rechazo estén representados a lo menos con uno de sus militantes en la fotografía inicial del gobierno.
La apuesta comporta mayores riesgos que los habituales, sin duda, y seguramente habrá debutantes que parecerá que nacieron para el cargo, como ocurrió con Alfredo Moreno en el primer gobierno de Sebastián Piñera, y también aquellos que naufragarán ante las duras e implacables exigencias de la política para debutantes en roles protagónicos, como ocurrió con varios ministros de Piñera y de Boric.
Este gabinete carece de figuras rutilantes, conocidas ampliamente por la ciudadanía, quizás con la excepción de Ximena Rincón, como sí las tuvo el presidente Boric con Izkia Siches, Camila Vallejo y Giorgio Jackson, entonces con altísimos niveles de conocimiento y valoración ciudadana.
Esto explica en parte que en la encuesta Cadem sólo al 42% le gustó el primer gabinete de Kast, mientras que al 59% le había gustado el de Boric en enero 2022, ello contrastando con el dato de la misma empresa indicando que son muchos más (57%) hoy los que creen que será bueno para Chile el próximo gobierno. Sin embargo, el nivel de conocimiento de este gabinete es más bajo que el de gobiernos anteriores, lo que comporta riesgos pero también oportunidades, pues la carencia de juicios previos sobre los ministros permite modelar con mayor libertad la manera en que quieren proyectarse ante la ciudadanía.
Predominan debutantes e independientes en el gabinete de Kast, sin duda, pero la política dura fue reservada a los más experimentados políticos imaginables en la derecha. El ministro secretario general de la presidencia, interlocutor principal con el Congreso, es parlamentario desde el 11 de marzo de 1990 hasta ahora, tres veces diputado y otras tres senador, miembro casi vitalicio de la Comisión Mixta de Presupuesto, militante disciplinado de Renovación Nacional, estimado transversalmente por sus pares, el senador de derecha más respetado por sus adversarios políticos.
Y el ministro del Interior, ahora despojado de la tarea de seguridad y concentrado en la política, es un cuadro político de la UDI, diputado por 4 periodos de 1994 al 2010, subsecretario de desarrollo regional y luego de la secretaría general de la presidencia, más tarde ministro de esa cartera, conocidísimo en el medio político, de relaciones múltiples y transversales. Esto contrasta con la apuesta del presidente Boric al diputado frenteamplista de menor acogida transversal en el congreso, Giorgio Jackson, y a la debutante Izkia Siches.
Así como el gabinete del presidente Boric tenía el foco en lo político y social, el del próximo presidente lo tiene en el orden público y el crecimiento económico. De allí que, si las experiencias predominantes en el gabinete inicial del presidente actual eran políticas, sociales y académicas, las del gabinete que comienza el 11 de marzo próximo son predominantemente empresariales y ejecutivas.
Insisto. Si el presidente Boric puso todas sus fichas en el cambio político mayor que derivaría de la aprobación de la nueva constitución propuesta por la Convención, el próximo presidente Kast ha ordenado todo su andamiaje para la recuperación del crecimiento y de la seguridad.
Su gran ventaja es que su foco de preocupación coincide con las prioridades actuales de los chilenos y que, a diferencia de lo que ocurrió con el presidente Boric, tiene todo 2026 y 2027 sin elecciones por delante, por lo que tendrá tiempo suficiente para demostrar si el resultado de su gestión tiene efectos positivos en el retroceso de la delincuencia e inseguridad, la recuperación del empleo y el control migratorio.
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