Como a Sebastián Piñera en 2010, de nuevo una catástrofe de dimensiones dantescas marcará a fuego -esta vez literalmente- el inicio de su gobierno. El concepto que le permitió ganar la primaria opositora -gobierno de emergencia- en que se convirtió la primera vuelta de noviembre se ve reforzado y amplificado después de la tragedia que asoló a las regiones de Biobío y Ñuble.
Dramas como éste nos permiten que se visibilicen algunas de las fortalezas de nuestro país. Desaparece toda objeción a la participación privada en tareas de interés público junto a los organismos de Estado, se reduce al mínimo la instrumentalización política de aciertos y déficit de gestión pública, adversarios enconados firman provisoriamente el armisticio para colaborar en el desafío nacional y se genera un clima de opinión proclive a la unidad nacional en desmedro de la polarización habitual.
La aparición conjunta del presidente en ejercicio y del electo a poco más de siete semanas del traspaso del mando y a sólo cinco de haber concluido una durísima campaña electoral es una señal inequívoca de la fortaleza de la democracia chilena en tiempos planetarios donde escasean señales como éstas.
A los desafíos urgentes del próximo gobierno -seguridad, control migratorio, crecimiento económico y recuperación de la eficiencia estatal- se superpondrá la tarea de reconstrucción de las ciudades y campos destruidos o deteriorados severamente por el fenómeno contemporáneo de las tormentas de fuego.
En este contexto, la natural y sempiterna insatisfacción de los partidos políticos por la que siempre considerarán insuficiente la incorporación al gobierno que se inicia, pasa a ser una actitud obscena e inaceptable, tanto como el anuncio de movilizaciones y bloqueos opositores a las iniciativas gubernamentales antes siquiera de que éstas se presenten.
La tragedia ocurrida refuerza, sin duda, la idea de gobierno de unidad nacional que el presidente electo insinuó previamente, le da un contexto que lo posibilita.
¿Quién podría objetar, por ejemplo, que una autoridad considerada competente en algún ámbito vinculado a esta emergencia o a la reconstrucción próxima, sea confirmada en su cargo a pesar de militar o simpatizar con el campo político contrario? Sin duda se reduce también la legitimidad y acogida de la objeción a la participación en el gobierno próximo de personeros históricamente adversarios políticos.
También abre la oportunidad, como lo fueron para los gobiernos de Sebastián Piñera el 23-F y la Pandemia, de marcar un contraste en capacidad de gestión pública y de sinergia con los esfuerzos privados en las tareas de reparación de los daños y reconstrucción de las ciudades y localidades destruidas por la voracidad del fuego.
Mañana martes el país conocerá al equipo de ministros que acompañará a José Antonio Kast al inicio de su gobierno. El presidente electo ha contrariado el secretismo habitual entregando nombres como en una novela por entrega, por lo que ya sabemos que un experimentado exparlamentario y exministro de la UDI asumirá como ministro del Interior, ahora liberado de las tareas de seguridad y enteramente dedicado a la conducción política, complementado en la Segpres por un personero RN que conoce profundamente los mecanismos y vericuetos de la labor parlamentaria después de 35 años de participación activa en la Cámara de Diputados y el Senado.
También sabemos que el Partido Republicano estará bien representado en el gabinete, que Evopoli y Demócratas estarán también en la foto y que numerosos independientes con diversa experticia técnica y figuración política, asumirán en la mayoría de los ministerios. Sabremos mañana si el partido de Johannes Kaiser se incorpora o mantiene su decisión de establecerse en el Congreso con libertad de cooperar o de oponerse, lo que a mi juicio se hace más impopular después de la tragedia en el Sur.
Es un gabinete amplio y diverso en lo político y menos homogéneo en lo social que los anteriores dos gobiernos de derecha y, como pocas veces, casi enteramente conformado por personas cercanas al presidente Kast.
Pudo haber suspendido su presentación por causa de fuerza mayor, pero si decidió persistir en su presentación es porque el foco noticioso está en la tragedia y los posibles cuestionamientos a algunos nombramientos o al diseño que guía su conformación global tendrán menos espacio en la agenda pública y atención ciudadana.
El desafío que tiene por delante el presidente Kast y su gabinete es marcar un nítido contraste con los 6 meses iniciales de cuasi parálisis a la espera del plebiscito que marcaron el juicio ciudadano para todo el mandato del presidente Boric, llevando adelante un intenso trabajo legislativo mientras aún se escuche el eco del 58% obtenido en las urnas y el clima favorable a medidas fuertes en materia de seguridad, migración, crecimiento y eficiencia de la gestión pública, haciendo todas las modificaciones reglamentarias ajustadas a ley que permitan marcar una diferencia en estas materias y poniendo a las nuevas autoridades en todos sus niveles en modo gobierno de emergencia, concentrados en la recuperación del crecimiento, control migratorio, combate a la delincuencia y disminución de la burocracia de la gestión pública.
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