También: un largo animado para ir al cine en familia.
Oliver Laxe, gallego nacido en Francia y que vivió 10 años en Marruecos, vuelca en esta excepcional película no solo su conocimiento de aquel lugar sino su inclaudicable manera de entender el cine. Esto es, la imagen y el sonido como aquello que le es esencial.
Su escenario: el desierto de Marruecos.
Allí un grupo de singulares sujetos va instalando grandes parlantes, bajados desde sus furgonetas, para armar una fiesta rave. Una fauna variopinta de jóvenes va llenando el lugar y comienzan a bailar al ritmo de la música techno, repetitiva y de efecto inmersivo. Que tiene algo atávico y así se siente.
Mucho tatuaje, cigarrillos (de todo tipo), bebidas, pelos y vestuario de cualquier forma y color. Allí se habla francés, inglés, español y árabe.
En medio de esta Torre de Babel aparece un hombre de mediana edad, tan corriente, que desentona con el lugar. Asimismo, su rostro apagado y triste contrasta con el ambiente festivo. Luis (Sergi López) ha llegado hasta allí de la mano de su hijo Esteban, un niño de unos 10 años, con unos “flyers”. En esos papeles que reparte está la foto de su hija, a quien busca desesperadamente desde hace cinco meses.
Las circunstancias harán que Sergi, Esteban y su perrito se unan a los “ravers” en un difícil y caótico tour por un territorio hostil, de sol abrasador, cerros peligrosos y estrechos caminos, mientras la radio —brevemente— habla de conflictos, huidas masivas y tercera guerra mundial.
En árabe, Sirat significa camino, sendero; en la religión islámica, se denomina así al puente que hay sobre el infierno para llegar al paraíso.
Y entre huidas, búsqueda de ayuda, travesías amenazantes, el grupo sigue ese camino tortuoso sin saber bien a dónde llegarán. Personas muy diferentes que no solo han aprendido a convivir, sino a ayudarse unos a otros.
Los “ravers” no se olvidarán de bailar. Aunque la tragedia golpee una y otra vez.
Los dramáticos giros no dejan de estremecer hasta el final.
Magníficamente filmada, Laxe no solo aprovecha los grandiosos espacios que le brinda el desierto, capturado en distintos planos. También la luz que va de lo más cálido a lo más frío, construyendo atmósferas y ambientes que relatan más que los diálogos.
Una película dolorosa, que desafía convenciones.
Una exquisitez para cinéfilos.
DATO: Premio del Jurado en Cannes, donde obtuvo otros tres premios; representa a España en el Oscar a Mejor Película Internacional y también nominada en Mejor Edición de Sonido. Además compite en los Bafta. En los European Films Awards obtuvo 5 premios. En total suma 20 premios y 96 nominaciones.
Sirât
Dirección: Oliver Laxe
Guion: Oliver Laxe, Santiago Fillol
Banda Sonora: Kangding Ray.
España, 2025
Duración: 114 min.
Estamos apenas en enero, pero este 2026 ha terminado de demostrarnos que estamos ante un comienzo de siglo muy convulso.
Leyendo las noticias ha sido inevitable acordarse de estas dos películas:
Para terminar con la adrenalina a tope y luego respirar profundo y pensar, discutir, reflexionar sobre el estado de las democracias liberales en el mundo, tan frágiles como no lo son las cada vez más numerosas autocracias.
Alex Garland nos sitúa de entrada (in media res) en un Estados Unidos sumido en una cruenta Guerra Civil. Pero no como la Guerra de Secesión, que ya sabíamos de qué iban los bandos en disputa, dónde estaban y por qué peleaban. Y que había buenos y malos.
Lo inquietante y muy interesante de esta historia es que los domicilios políticos de quienes se enfrentan jamás se explicitan (ni siquiera el del Presidente), lo que es muy complicado para espectadores que habitamos un mundo muy polarizado (eso es fenómeno global).
En concreto, esta sangrienta guerra se ha desatado porque el Presidente en ejercicio ha decidido continuar al mando un tercer período y, por ejemplo, ha disuelto el FBI.
Lo que hay es violencia y destrucción, organizadas en una arquitectura narrativa ¡brillante! que nos pasea por los contrastes más feroces.
La travesía la hace un equipo de periodistas que sale desde Nueva York hacia Washington DC con la intención de entrevistar al Presidente. Lo conforman la experimentada fotoperiodista Lee Smith (Kirsten Dunst); su amigo reportero Joel (Wagner Moura); la muy joven admiradora de Lee, Jessie (Cailee Spaeny); y Sammy, el veterano periodista del NYT (Stephen McKinley Henderson).
Matar sin compasión ni trámite es para ambos lados. Alguno se ve tenebrosamente sádico; otros, sonrientes en la foto junto al cadáver del enemigo recién acribillado sin ningún arma en su mano.
Ojo con la escena del personaje de Jesse Plemons.
CIVIL WAR
Dirección y guion: Alex Garland.
EE.UU., 2024
Duración: 109 min.
En el Nueva York de los ’70, Donald Trump (Sebastian Stan) no era más que el segundo hijo de una familia de Queens, que se había hecho rica con negocios inmobiliarios algo turbios. El joven Donald, un sujeto tranquilo y correcto, con un padre despectivo y aplastante, se dedicaba a cobrar la renta a peligrosos inquilinos.
El encuentro con el riquísimo y muy conocido abogado Roy Cohn (Jeremy Strong), un sujeto inescrupuloso, amoral y avasallador, daría un giro a su vida. Una versión aumentada de “El Príncipe”, de Maquiavelo.
El filme, si bien no es exactamente una biopic, no se molesta en cambiar los nombres de sus personajes. De manera que recoge información pública de Trump y Cohn y construye la intimidad de clubes, fiestas, mansiones, orgías y romances para tejer un relato por momentos truculento, de atmósfera vulgar, en ambientes lujosos.
Cohn ve en este joven al perfecto aprendiz de tiburón con el que puede formar una alianza conveniente.
Trump resulta ser un buen alumno y a poco andar, consigue construir su imperio inmobiliario, gracias a toda la batería de artimañas y maniobras sucias (chantajes, elusiones, ilegalidades) que echa a andar el abogado.
Pero tan solo unos pocos años después, el alumno habrá superado al maestro.
He aquí lo más interesante de la película: esta simbiosis, ese efecto espejo, se va invirtiendo. Cuando Cohn atraviesa un momento personal que lo hace impensablemente vulnerable, Donald ya ha dejado de ser ese joven ambicioso pero correcto que él conoció. Trump es lo que era Cohn, un hombre inescrupuloso y horriblemente pragmático, en el que no cabe la compasión.
Por cierto, esto es ficción, no documental.
Dato: Trump, que en esas fechas aún no había vuelto a la Presidencia, intentó por vía judicial detener el estreno de esta película.
Nominada a dos Oscar y tres Bafta.
THE APPRENTICE
Dirección: Ali Abbasi
Guion: Gabriel Sherman
Canadá/EE.UU., 2024
Duración: 2 hrs
Edda, una joven ratoncita, sueña con participar en el Grand Prix de Europa. En realidad, ya ha probado su talento de piloto de alta competencia, pero desde que murió su madre no ha podido seguir entrenando: debe ayudar a su padre en el Parque de Entretenciones de la familia.
Como vive en las nubes, cada cierto tiempo provoca algún desastre.
Cuando se entera que su padre es perseguido por acreedores, porque debe altas sumas de dinero, decide aventurarse.
Parte a París, donde comenzará el Gran Premio, que abarca otros lugares, como los Alpes Suizos, la Costa italiana y Londres.
Su ídolo es el campeón, Ed, un sujeto insoportablemente narciso y petulante.
Para bien o para mal, la muy decidida Edda llega a poner todo patas para arriba.
La película está llena de aventuras, intrigas y giros, con momentos de tensión y, claro, hallazgos del pasado que permitirán entender porqué Ed es como es.
GRAND PRIX OF EUROPE
Dirección: Waldemar Fast
Animación.
Alemania, 2025
Duración: 1 hora 35 min.
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