La guerra termina sin que Irán haya realizado concesiones importantes. El régimen de los ayatolás sale enormemente fortalecido; desafió a la primera potencia mundial y permanece en el poder. No ha renunciado a sus ambiciones regionales ni ha aceptado un rediseño de su política exterior.
Fuera de juego. Qué increíble como terminó la guerra, con Trump pagando y defendiendo el derecho de Irán a tener misiles y procesar uranio, prohibiéndole a Netanyahu atacar a Hezbollah y ordenando el retiro de sus tropas del Líbano.
- El primer ministro israelí fue el gran artífice de la ofensiva militar contra Irán, un objetivo que venía empujando hace años. Nunca ha creído que la amenaza iraní contra su país se pudiese conculcar por vías diplomáticas. Ahora menos que nunca.
- La situación estratégica de Israel es muy compleja; el acuerdo unilateral entre Trump y los Ayatolas, lo dejó fuera de juego, imponiéndole restricciones militares inaceptables.
- El enfriamiento de las relaciones con su principal aliado llega en un momento en que el país se encuentra bastante aislado en la comunidad internacional.
Un ataque conjunto. Durante más de una década Netanyahu libró una batalla obsesiva contra el acuerdo nuclear alcanzado en 2015 entre Irán, Estados Unidos, las principales potencias europeas, Rusia y China.
- Su campaña fue tan intensa que llegó a desafiar abiertamente al presidente Barack Obama. En un hecho sin precedentes, Netanyahu se dirigió al Congreso estadounidense para denunciar un acuerdo impulsado por la propia Casa Blanca.
- Un acuerdo que impuso restricciones severas al enriquecimiento de uranio redujo las reservas de material nuclear y sometió las instalaciones iraníes a inspecciones permanentes estableciendo uno de los sistemas de verificación más intrusivos jamás negociados.
- Que, contrariamente a lo afirmado, majaderamente, por Trump y Netanyahu, Irán cumplió rigurosamente, lo que fue certificado en múltiples ocasiones por los organismos internacionales encargados de su supervisión.
- Acuerdo que fue finalmente desahuciado por Trump. A partir de ese momento Netanyahu buscó incansablemente la solución militar, consciente de que Israel no era capaz de llevarla a cabo con sus propios medios; hasta que finalmente logró convencer a Trump de que el régimen iraní colapsaría rápidamente frente a un ataque conjunto, que el pueblo saldría a las calles.
Las cosas no se dieron como esperaban. Según se relata en el libro “Regime Change” de Maggie Haberman, destacada corresponsal del New York Times y su colega Jonathan Swan, la reunión en la que Trump habría dado el ok se celebró en la “Sala de Situación” de la Casa Blanca, con presencia de funcionarios del Mossad.
- Quienes, para seducir al presidente, habrían mostrado “evidencias de la capacidad de Israel para atacar objetivos iraníes y operaciones encubiertas ya preparadas dentro Irán. Consistentes en materiales audiovisuales, incluyendo videos, de operaciones clandestinas, para demostrar que había una oportunidad excepcional para degradar sus capacidades militares y nucleares.”
- Pero las cosas no se dieron como ambos líderes esperaban; no fue una guerra corta ni fulminante. No hubo rendición incondicional ni cambio de régimen. El desenlace dista mucho de la victoria que Netanyahu y el Mossad predijeron esa tarde en la Casa Blanca.
- El régimen iraní sobrevivió, conservó el control del aparato estatal y logró evitar el colapso político que anticipaban. Lejos de quedar aislado o rendido, Teherán estableció su soberanía sobre el estrecho de Ormuz estrangulando la economía mundial.
- Una situación que Trump, a la baja en las encuestas y ad-portas de unas elecciones parlamentarias, no pudo soportar.
- Como él mismo lo reconoció, la continuación del conflicto amenazaba con desatar una recesión mundial ya que las reservas de petróleo estaban a punto de acabarse.
Estados Unidos negocia directamente con Irán. Netanyahu confundió coincidencias tácticas con una alianza estratégica permanente. Supuso que Trump apoyaría hasta el final los objetivos de Israel. No comprendió a tiempo que el presidente no tiene amigos ni enemigos ya que solo vela por sus propios intereses personales y políticos. Que posee una gran facilidad para abandonar colaboradores, socios y aliados cuando dejan de servir a sus objetivos.
- Por eso, después de haberlo elogiado y respaldado incondicionalmente ante el parlamento Israelí, no dudó ni un instante en tomar distancia, dejarlo fuera de las negociaciones, ningunearlo, cuestionar públicamente su juicio político y su buen criterio, y calificarlo de irresponsable.
- Estados Unidos negoció directamente con Irán. Declaró cumplidos sus objetivos, buscó una rápida salida, que incluye un cese de los ataques israelíes en el Líbano y el retiro de sus tropas; con lo que Irán se da el lujo de cumplir su promesa de proteger a su aliado más poderoso, Hezbollah, que está a “tiro de cañón” de Israel.
- Además, le garantizó una inyección a financiera consistente en un fondo de U$300 mil millones para su reconstrucción y desarrollo y levantó todas las sanciones en su contra.
- Incluyendo el alzamiento inmediato de las restricciones a la venta de su petróleo, lo que le significará ingresos anuales por U$66 mil millones; todo a cambio de una mera promesa de que jamás tendrán un arma nuclear.
Capacidad de presión sobre Irán. Ahora vendrá un periodo de negociación de 60 días, prorrogables, durante los cuales Irán se compromete a no cobrar tarifas por el uso del estrecho, solo durante este período; lo que implica un reconocimiento tácito de su soberanía y del derecho a cobrar en el futuro. Algo que, hasta antes de esta guerra, parecía inconcebible.
- En resumen, la guerra termina sin que Irán haya realizado concesiones importantes. El régimen de los ayatolás sale enormemente fortalecido; desafió a la primera potencia mundial y permanece en el poder. No ha renunciado a sus ambiciones regionales ni ha aceptado un rediseño de su política exterior. Mantendrá intacto su programa de misiles balísticos, su derecho a producir uranio y seguirá apoyando a sus “proxis”, instalados a pocos kilómetros de Israel.
- Una situación intolerable para ese país, que atraviesa su peor momento; y humillante en lo personal para el primer ministro; y que no tiene visos de solución.
- Porque Estados Unidos entra de lleno en un período electoral decisivo para el futuro de Trump y los Republicanos.
- En estas circunstancias, resulta difícil imaginar que Trump vuelva a comprometer a Estados Unidos en operaciones militares contra Irán; incluso en el caso, no descartable, que los acuerdos se dilaten en el tiempo; o que, suscritos, no se cumplieran en la forma debida. Porque la verdad sea dicha, es que Estados Unidos perdió su capacidad de presión sobre Irán.
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