-¿La OCDE está proyectando un 2,2% de crecimiento para Chile en 2026 ¿Cómo ve?
-Estimamos un crecimiento del 3,2% para 2026. Este punto extra de crecimiento respecto a lo que ve la OCDE es condicional a lo que llamamos un “shock positivo de expectativas”, que ya se está viendo y que, con el casi seguro triunfo de José Antonio Kast en las elecciones del 14 de diciembre, se debería consolidar aún más.
-¿Qué factores contribuirán a ese “shock positivo de expectativas”?
-El ingrediente básico que está en juego aquí es el impacto de las expectativas, que ya se ha dado un envión inicial, especialmente en términos de consumo e inversión. Esto se debe a la mejora de las expectativas que genera la política económica de los próximos meses.
A eso hay que sumarle dos factores macroeconómicos claves: uno es el precio del cobre, que ha experimentado una subida inesperada y que, aunque no se sabe cuánto durará, ha tenido un impacto positivo en las proyecciones de exportaciones e ingresos fiscales. Cochilco, por ejemplo, ha corregido sus proyecciones para el cobre, elevando su estimación del precio promedio anual de US$4,30 a US$4,55 por libra. Esta corrección agregaría entre US$2.600 millones y US$3.000 millones en exportaciones y casi US$1.000 millones en ingresos fiscales.
-¿Hay una importante influencia del precio del cobre?
-El precio del cobre tiene un impacto crucial en la economía chilena. A este factor hay que agregarle una segunda cuestión importante: las expectativas generadas por el futuro gobierno. Si se siguen las tendencias de una baja de tasas de interés por parte del Banco Central, como estimo que sucederá, eso facilitará el crecimiento de la economía.
Vemos una inflación controlada que permitirá que el Banco Central reduzca las tasas en diciembre y, posiblemente, dos veces más durante el primer semestre de 2026, con el objetivo de llevarlas al 4%. Este movimiento, a su vez, empujará las tasas de interés a la baja en general, lo que también beneficiará a la inversión y, sobre todo, al sector inmobiliario.
-¿Qué otros sectores podrían contribuir al crecimiento económico en 2026?
-Es importante destacar que, aunque la minería juega un papel relevante, no será el sector que lidere el crecimiento económico de Chile en el corto plazo. La minería ha tenido una caída importante en 2022, estuvo plana en 2023, y aunque ha tenido un crecimiento en 2024, este año se encuentra nuevamente en una fase de desaceleración. El crecimiento tendencial de la minería es muy bajo, y de hecho, hace 12 años que no se aprueban nuevos proyectos mineros. Esto tiene mucho que ver con la permisología y la falta de incentivos para nuevos proyectos en el sector.
Los sectores que liderarán la recuperación de la economía serán, por un lado, los servicios, que seguirán creciendo a tasas cercanas al 3%, y por otro, la construcción, que experimentará un repunte significativo. Este sector pasará de un crecimiento de alrededor del 2% este año a un 4%-5% el próximo, impulsado por la inversión en infraestructura. En cuanto a los servicios financieros, también se espera un desempeño más dinámico en comparación con los últimos años.
-¿Cómo ve la situación de la inversión en Chile?
-Si el el nuevo gobierno se enfoca a reducir la traba regulatoria y acelerar la aprobación de proyectos, la inversión debería seguir repuntando. Actualmente, hay alrededor de US$80.000 millones en proyectos que están siendo evaluados ambientalmente, de los cuales US$35.000 millones ya han sido aprobados. A esto se suman casi US$79.000 millones en proyectos que ya están en ejecución, lo que genera una base sólida para el crecimiento en los próximos años.
-¿Qué medidas debería tomar el nuevo gobierno para facilitar la inversión y reducir la permisología?
-El nuevo gobierno debe concentrarse en simplificar y acelerar el proceso de permisos y aprobaciones de proyectos. Esto es clave para liberar el potencial de inversión en el país. Aunque existen leyes y regulaciones que establecen un marco de trabajo, gran parte de los obstáculos provienen de la burocracia y la discrecionalidad en la aplicación de las normativas.
En este sentido, el gobierno puede cambiar los criterios de aplicación para hacerlos más pro-inversión y acelerar las aprobaciones. Además, existen guías y reglamentos que pueden ser modificados o incluso derogadas sin necesidad de pasar por el Congreso. Esto debe ser una de las primeras tareas del nuevo gobierno: limpiar la maraña de reglamentos y guías que actualmente complican el proceso.
-¿Cuál es su opinión sobre la situación fiscal del país?
-A pesar de las preocupaciones sobre el nivel de deuda pública, considero que la situación fiscal de Chile no es tan grave como algunos han sugerido. La restricción del 45% de deuda sobre el PIB es una limitación autoimpuesta que, a mi juicio, no tiene una justificación empírica o teórica. El verdadero problema está en la ineficiencia del gasto público y en el despilfarro de recursos, que afecta a las finanzas del país. Si se mejora la eficiencia del gasto y se reduce el despilfarro, Chile tendrá un mayor margen para aumentar la deuda si fuera necesario, sin que esto implique una amenaza para la estabilidad fiscal del país.
-Hemos visto que el empleo en Chile es el gran afectado de una economía débil. ¿Tenemos que acostumbrarnos a tasas de desempleo sobre el 8% en los próximos años?
-Creo que hay oportunidades para mejorar esta situación. El nuevo gobierno debe impulsar reformas en el mercado laboral, introduciendo flexibilidad en los horarios de trabajo y creando incentivos para la creación de empleo privado formal. Mi proyección es que en 2026 la economía generará entre 160.000 y 190.000 empleos, lo que permitirá que la tasa de desempleo baje al 8% o incluso un poco menos.
-Hay factores externos como las políticas de Trump que podrían afectar la economía ¿Qué impacto tendrá para Chile?
-Considero que estos riesgos han sido sobredimensionados. Los efectos de las políticas de Trump no han tenido un impacto significativo en la economía mundial ni en la actividad económica de Chile. El verdadero riesgo externo radica en China, cuya economía enfrenta problemas estructurales graves. Además, el riesgo geopolítico es una preocupación creciente, con tensiones en diversas partes del mundo, como Venezuela, Ucrania y Medio Oriente. Estos riesgos pueden complicar el escenario económico global y afectar a Chile.
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