Julio 24, 2021

Opinión: El INDH bajo fuego amigo. Por Ricardo Brodsky, ex director del Museo de la Memoria y los DDHH

Ex-Ante
Agencia Uno.

El director nacional del INDH se encuentra contestado por parte de un directorio políticamente dividido y por funcionarios que realizan paros. Desde una visión partisana comprometida con una oposición radical al gobierno, se le exige declarar que hubo violaciones sistemáticas a los DDHH, pero el INDH al igual que la Oficina de la Alta Comisionada de la ONU, considera que menos que sistemáticas, las violaciones fueron “graves, masivas y reiteradas en el tiempo”, responsabilizando de ellas a los métodos, protocolos y cultura institucional de Carabineros.

En el ojo de huracán. El Instituto Nacional de los Derechos Humanos, institución estatal autónoma que tiene por objeto proteger los derechos humanos de los chilenos y extranjeros que viven en el país, desde el estallido social de octubre 2019, ha estado en el ojo del huracán: exigido al máximo en una situación inédita en democracia, debió extremar sus capacidades para, aparte de cumplir sus tareas permanentes, enviar misiones de observación a distintas regiones del país, participar presencialmente de las manifestaciones del estallido social observando la conducta policial en ellas, consignar las denuncias por violencia innecesaria y violaciones a los derechos humanos presentando, según su informe estadístico en la página web, 2.349 querellas ante los tribunales de justicia para defender los derechos de 2.825 personas afectadas especialmente por acciones de Carabineros.

  • Entre estos hechos que reporta el INDH hay 153 personas con lesiones oculares, de las cuales 32 tienen un trauma ocular irreversible, 7 fallecidos, 313 casos de violencia sexual y cerca de 2.500 personas con lesiones físicas. Junto con organismos internacionales como Human Rights Watch, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la oficina de la Alta Comisionada para los DDHH Michelle Bachelet, el INDH certificó los hechos ocurridos como graves violaciones a los derechos humanos, realizando varias recomendaciones para evitar su repetición, entre las cuales, un reforma de Carabineros.
  • En medio de este vendaval de exigencias inéditas para una institución joven y escasamente respaldada, han quedado expuestas las debilidades del INDH: el director nacional se encuentra contestado por parte de un directorio políticamente dividido y por funcionarios que manifiestan su oposición realizando paros.
  • Tampoco escasean unos grupos extremos que dificultan la gobernabilidad tomando las sedes del INDH para exigir cosas que el INDH no puede resolver, y para colmo, unos convencionales constituyentes que piden la renuncia del director nacional acusándolo, contrariamente a lo dicho más arriba, de relativizar las violaciones de los DDHH durante los meses de “la revuelta”.
  • Todo esto, además se da en un contexto en que según una encuesta encargada por el propio INDH, los chilenos mayoritariamente valoran la labor del Instituto -casi un 60% piensa que el INDH defiende los derechos de todas las personas, contra un 2,3% que piensa que no sirve para nada y un 1.6% que cree que está para defender terroristas. Paradójicamente, sin embargo, la mayor parte de las personas, un 28%, afirma que en una situación de vulneración de sus derechos, recurriría en primer lugar a Carabineros y solo en segundo término al INDH o al poder judicial.

Visión partisana. Es probable que además de disputas de poder en el seno del mundo de los DDHH, las críticas al INDH tienen que ver con su negativa a hablar de violaciones sistemáticas a los DDHH, es decir, afirmar que estas hayan ocurrido como consecuencia de una instrucción emanada del más alto nivel político para impedir las manifestaciones.

  • Desde una visión partisana comprometida con una oposición radical al gobierno, se le exige declararlo, pero el INDH al igual que la Oficina de la Alta Comisionada para los DDHH de Naciones Unidas, considera que menos que sistemáticas, las violaciones fueron “graves, masivas y reiteradas en el tiempo”, responsabilizando de ellas a los métodos, protocolos y cultura institucional en relación al orden público de Carabineros.
  • Ante retos tan relevantes como los que enfrenta esta débil institución, el INDH, sería recomendable que la comunidad de activistas de los derechos humanos encontrara las vías para fortalecer la institucionalidad de los derechos humanos, dejando de lado rencillas subalternas y revalorando esta instancia surgida de las recomendaciones de la Comisión Rettig como una de las tantas medidas que buscan garantizar la no repetición, algo, como hemos visto, que nada puede garantizar plenamente.

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