“El aniversario”: la venganza del hijo contra los padres. Por Héctor Soto

Ex-Ante

Está claro que la familia también puede ser una fuente de desdichas, traumas e infelicidades. Y que la literatura aporta pruebas concluyentes al respecto. En ese contexto, este libro no solo es la historia de quien decidió romper para siempre con sus padres; también sería un meditado grito de independencia y libertad personal.


En esta novela de autoficción, Andrea Bajani, periodista, traductor, dramaturgo y escritor italiano, cuenta su verdad. La verdad de la ruptura que tuvo con sus padres. Se supone que tras esa experiencia se liberó. Pudo crecer y llegar a ser un hombre libre. Ya no tiene que viajar de una ciudad a otra para ir a verlos. Ya no tiene que fastidiarse y aburrirse durante tardes enteras o comidas ingratas de silencios intimidantes del padre. Ya no tiene que hacerse cargo de las deserciones patológicas de su mamá, una mujer que prácticamente hizo abandono de todos sus rasgos de humanidad, capturada como víctima por la violencia, la represión y la ira de su marido.

La solución para Bajani fue relativamente fácil: dejó de ir a verlos, dejó de responder sus mensajes, cambió de número de teléfono y de dirección y nunca más supo de ellos. En realidad, hasta por ahí nomás. Pero se supone que desde hace unos diez años es un hombre libre. De ahí el título del libro, El aniversario.

Sin embargo, basta leer tres páginas de su libro para advertir que es cualquier cosa menos un hombre libre. Porque es un atado de traumas. Es solo un escritor movido por la odiosidad y el rencor. Se entiende: el padre era un déspota, un sujeto poca cosa y claramente enfermo. Se entiende, de nuevo: su casa fue un infierno. Y se entiende, por tercera vez, que debe haberlo pasado muy mal, desde la infancia en adelante y hasta que cortó, como a los 30 años.

Lo que se entiende menos es que a los 50 años siga pegado en lo mismo, no obstante que el propio libro da cuenta de haber separado caminos con la familia y de haberse hecho una terapia bien heterodoxa, en una pizzería, al parecer, a cargo de una señora pequeñita y severa, que desde la psicología o el pensamiento mágico lo ayudó a restablecer sus ejes emocionales y limpiarse interiormente de heridas que habían cicatrizado mal.

El libro de Bajani -quien estuvo recién en el programa La Ciudad y las Palabras de la Facultad de Arquitectura de la PUC- ha sido exitoso y está traducido, dicen, como a 30 idiomas. Se lee rápido y tiene algunos pasajes que, toda vez que le creamos al narrador, resultan conmovedores. Él autor contó que miles y miles de lectores se han identificado con su experiencia. Es más: en la contraportada se consignan encendidos elogios de destacados escritores y críticos, partiendo por Emmanuel Carrere.

Pero, ¿es esta una novela? Queda la duda. Si lo propio del género es tratar de entender no solo las razones propias sino también las de los demás, entonces este relato es la evidencia palmaria de su fracaso como novela. El punto de vista no puede ser más unilateral y como lectores no tenemos más alternativa que creerle al narrador. Tampoco sería novela si entendemos que estas suelen estar habitadas por personajes de alguna consistencia.

Aquí hay un padre, una madre y una hermana, pero personajes en estricto rigor, esto es, caracteres con autonomía y vida propia, no hay. Apenas dan para caricatura. Lo que hay es un narrador que secreta un largo y abrumador discurso de recriminaciones, en un lenguaje aparentemente neutro, abstracto, generalizador y pseudo sociológico, que impide que las situaciones convenzan por sí mismas.

Las novelas convencen precisamente por lo contrario, no por la retórica: convencen por los detalles, por los diálogos, por los silencios, por las particularidades, por su talento a la hora de capturar eso que Tolstoi designaba como “el brillo de la vida” y que aquí claramente no figura ni por asomo.

El discurso de Bajani contra sus padres es duro, sobre todo porque simula contención y neutralidad. Pero es difícil explicarlo con otra cosa que no sea la venganza. Diez años después de haberle bajado la cortina a su familia, al menos él sigue pegado a lo mismo: al infierno que fue su casa, a lo destruida que vio siempre a su mamá, a lo enfermo que fue su padre. Y en al menos un pasaje, relativo a una conducta específica de la madre, que ni siquiera vale la pena revelar aquí, Bajani cruza la frontera que separa lo que es duro de lo que es francamente obsceno. Obsceno ontológica y moralmente.

¿Por qué cruzar ese límite? ¿Para qué cuenta el narrador ese episodio que, más que ser degradante, entra ya al terreno de la abyección, como él mismo señala? ¿Qué sentido liberador puede tener tanta infamia, si no es la pura mala fe? ¿Qué le agrega al libro y a él como hijo destapar esa inmundicia, siendo que su madre ya se había convertido en un zombie? No habla bien del autor haber desclasificado ese recuerdo. Entre otras cosas, porque deja al narrador a la altura de un miserable.

Cuesta encontrar respuestas a la pregunta de por qué un escritor que ya tiene 50 años sigue anclado a los traumas del hogar patriarcal donde se crió. Debe ser porque nunca mató al padre. Porque nunca ni siquiera lo enfrentó de verdad. Nunca -tampoco- lo perdonó. Él cree que con este libro de prosa trabajada y trabajosa se ha liberado. Cualquier manual de psicología debería sacarlo de su error.

Las experiencias de la paternidad y de la filiación pueden ser gozosas o traumáticas. Pueden ser maravillosas o infernales. Pueden ser cortas o durar toda la vida. Y son relaciones que en principio podrás cortar, mantener, reponer, contener o recuperar. Da lo mismo. Lo misterioso, lo glorioso y también lo aterrador es que, cualquiera sea el escenario, los padres van a seguir viviendo en ti, simplemente porque de ahí vienes y todos esos rasgos de ellos que tú amas, odias o te avergüenzan, también los encontrarás en ti, porque los llevas en tus genes y son parte de tu sangre. Y de eso te vas a dar cuenta con el tiempo, cuando madures. Siendo así, ¿de qué ruptura se jacta tanto Bajani?

 

El aniversario, Andre Bajani. Ed. Anagrama. 2025. 151 pp.

 

PD Hace dos semanas me dejé llevar por el entusiasmo tras leer Borges y yo (Emecé, 2021), una novelita de Jay Parini supuestamente testimonial acerca de su relación con el escritor argentino en un viaje por Escocia. Mi amigo David Gallagher me bajó las revoluciones -cosa que agradezco- contándome que, hasta donde a él le consta, lo que narra Parini es producto más de su imaginación que de su experiencia. Gallagher era en ese tiempo profesor en Oxford, que es adonde Borges viajó para recibir el doctorado honoris causa de esa casa de estudios, luego de su periplo escocés.

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