Este filme de venganzas sucesivas y superpuestas, de pérdida y de traición, de asesinos amorales, pero con su ética peculiar, se inspira y exhibe la tradición oriental, pero por allí también aparece Sergio Leone, un referente que está en otras de las películas de Tarantino.
Mirar hoy Kill Bill: Toda la historia sangrienta (mejor título imposible) tal como la concibió el director (y como la presentó en Cannes en 2006), es un fascinante ejercicio no solo como perspectiva para evaluar la totalidad de la obra del cineasta sino para darse cuenta, con la distancia de los años, del valor intacto de esta obra.
Kill Bill impacta por la desbordante y audaz imaginación de su realizador y el genial trabajo de ensamblaje cultural que hay en esta historia.
Ahí está el eclecticismo ¡muy lógico y necesario! de la inolvidable BSO (¿alguien se ha olvidado de aquel silbido?), la construcción de los personajes, que se entienden justamente por ese muy bien expuesto mix cultural.
Y su (anti)heroína: un ser humano que vive sus sentimientos, que puede desesperarse y enseguida (lo entendemos en una sola imagen) pensar. ¿En qué? En todo su entrenamiento de asesina, como le dirá tiernamente Bill (David Carradine).
Beatrix Kiddo/La Novia no es una superwoman, es una mujer entrenada duramente en las más exquisitas artes marciales. Y si consigue vencer batallas imposibles (como aquella frente a la multitud que se llaman Crazy 88) es porque esto funciona con los códigos del animé.
Aquella secuencia de la Masacre de la Casa de las Hojas Azules -que es casi una película en sí- fue originalmente en blanco y negro para eludir la censura porque así podría verse “menos violenta”. Pero a todo color gana visualmente porque el diseño de arte es alucinante. Y es que aquella violenta secuencia elude el “body horror”: la cámara no nos muestra cuando la espada cercena; e incluso en la escena de cierre, tampoco pone el foco en aquel horrible corte del que nos enteramos por el primer plano, en el suelo nevado, del pelo de la víctima, O-Ren Ishii (Lucy Liu).
Y además, anteriormente en el restorán, mientras Beatrix va enfrentando con su espada por turno a cada uno, ¡incluidos los Crazy 88!, vemos inverosímiles cantidades de chorros de sangre que, sin ser médico, uno sabe que es imposible que todo esos litros salgan de allí: esos detalles que sacan del realismo hacen asequible la historia.
Luego, el asesinato de los padres de O-Ren Ishii, que sí que es horrendo y lo vemos desde los ojos de una niña, está todo en animé (es decir, en animación).
Y ahora agrega la venganza (una más): una espectacular secuencia de acción y mucho suspenso, de 7 minutos y medio, también en animé, en la que O-Ren, a sus 13 años, intenta matar a Pretty Riki y sus secuaces en un ascensor.
Para valorar la genialidad de su estructura narrativa, fíjense en el uso de raccontos y flashbacks: están exactamente donde deben estar porque entregan la información precisa que se requiere en el relato en ese momento.
En este monumental ejercicio se puede apreciar la genialidad y el arrojo de Tarantino.
Aplausos para la montajista Sally Menke. Se eliminaron las escenas precisas y de manera casi imperceptible.
Ojo: al final de los créditos, un corto creado para el video juego Fortnite: The Lost Chapter: Yuki’s Revenge. Con Vivica A. Fox y Daryl Hannah.
Kill Bill: The Whole Bloody Affair
Dirección: Quentin Tarantino
Guion: Quentin Tarantino y Uma Thurman
EE.UU., 2025
Duración: 4 hors 35 minutos (incluido intermedio de 15 min).
Tarantino reconoció, en entrevista con “Vanity Fair”, que para él “los auténticos directores eran los grandes directores de acción”. Y con esta película quiso probarse en el género.
La idea surgió conversando con Uma Thurman cuando estaban filmando Pulp Fiction. Era 1994.
Hablaron de películas de venganza; Tarantino confesó su afición por los filmes de kung-fu de los ’70; y ya tuvieron la idea de la novia dada por muerta en su boda. Y aquel grupo mortal compuesto por una rubia, una japonesa, una negra, una francesa y una especialista en cuchillos. Escribió como 30 páginas del guion. Pero se sumergió en la filmación de Bastardos Sin Gloria.
La actriz y el director se volvieron a ver en 2000 en una fiesta post Oscar. Y a la semana siguiente, para el cumpleaños de Uma, le llevó de regalo una promesa: “Voy a acabar de escribir Kill Bill. En dos semanas”.
Fue un año y medio después, en realidad. Se inspiró en los filmes de venganza de “Shurayukihime”, de Toshiya Fujita. Pero además Beatrix (U. Thurman) y la idea de la novia embarazada lo llevó hacia su historia familiar (su madre, muy joven; su padre, que la abandono antes que él naciera) y empezó a configurar una historia de mujeres.
Para el rol de Bill, pensó en Warren Beatty: nunca se entendieron muy bien. Y el asunto se demoró más: Uma y su marido, Ethan Hawke, concibieron un hijo. Optó por retrasar la filmación y con ello, Beatty terminó de hartarse: “¡Mira, me importa una mierda el cine chino de kung-fu, odio los spaghetti-westerns, aunque conozca a Clint personalmente, y no iría a ver un filme japonés de samuráis ni aunque me pagaras por ir!”. (Tarantino dixit).
En un intento de arreglar las cosas, Tarantino le dijo que quería que actuara como David Carradine… Y Beatty le respondió: “¿Por qué no se lo ofreces (el rol) a David?”. Así lo hizo.
Carradine se había hecho muy popular por la serie de TV “Kung-Fu”, pero en el cine se movía entre el terror de bajo presupuesto o aquellas películas que pasaban directo al video. Ya en abril de 2002 el equipo entero se reunió. Actrices y actores estuvieron en full entrenamiento de seis semanas con Yuen Woo-Ping, el coreógrafo de artes marciales de la trilogía Matrix y de El Tigre y El Dragón.
Uma Thurman, a los tres meses de haber tenido a su guagua, tuvo que dominar tres estilos de kung-fu, dos de esgrima, lanzamiento de cuchillos, pelea con cuchillos, combate cuerpo a cuerpo… y aprender japonés.
El rodaje comenzó en Pekín en 2002 y terminó en 2003. Había filmado 109 horas de película. El cineasta reconoció que “nunca antes había hecho cine de acción”. Y que para el rodaje de la secuencia de los “Crazy 88” (el grupo de mafiosos yakuza) diseñó un muy complejo travelling. Ya filmar secuencias de artes marciales implica una enorme dificultad.
Para Tarantino, “la clave era la corporeidad del filme”, ha dicho Uma Thurman. Se estrenó mundialmente, como sabemos, en dos partes: en 2003 y 2004. Y en 2006 se mostró en Cannes la versión que ahora se verá en cines chilenos seleccionados (y que solo había sido exhibida posteriormente a ello en salas de propiedad de Tarantino).
Tras recibir el Oscar al Mejor Documental 2023, parecía que la trágica historia del más duro y perseverante opositor que ha tenido Putin pasaría al olvido. Como todo, en el tráfago de las noticias.
Pero no ha sido así.
Que el premio Oscar lo recibiera, además de su director Daniel Roher, la esposa e hijas de Navalny, Yulia, Dasha y Zakhar da una idea de que era una noticia en desarrollo.
Alexei Navalny fue enjuiciado y encarcelado ese mismo año.
Volvió a ser noticia mundial cuando murió en febrero de 2024, en una gélida cárcel ubicada a más de 1.900 kms al noreste de Moscú. Tenía 47 años y según las autoridades, tras salir a caminar, se sintió mal y perdió la conciencia. Las inverosímiles explicaciones desataron fuertes declaraciones en occidente. Joe Biden, entonces Presidente de Estados Unidos, apuntó directamente: “Putin es responsable de la muerte de Navalny”, agregando que esta era “una prueba más de la brutalidad de Putin. Nadie debe dejarse engañar”.
De eso ya han pasado dos años y la sombra de Navalny se niega a desaparecer. Hace unos días, Reino Unido, Suecia, Francia, Alemania y Países Bajos emitieron una declaración conjunta en la que daban a conocer una investigación que identificó el veneno que le fue suministrado a Navalny para ser asesinado.
Este documental es un acucioso y preciso reportaje que mantiene la tensión del espectador a niveles impensados.
El relato es así:
En plena campaña política, tras viajar a Siberia, al tomar el avión de retorno a Moscú, Alexei empezó a sentirse mal (muy mal). El avión regresó a Siberia y lo internaron en el hospital. Esto ocurrió a mediados de 2020.
Navalny, como lo habían hecho otros anteriormente con fatales resultados, había decidido candidatearse al Kremlin, denunciando la corrupción de Putin et al. Eso le trajo muchísimos seguidores en los mítines y en las RRSS —que usaba ampliamente (incluido Tik Tok)— y también la peligrosa enemistad de Putin y su impresionante red de agentes del FSB (sucesora de la KGB).
Hablando a cámara, o paseando con su familia, Alexei se muestra aquí como un hombre inteligente, decidido y con bastante sentido del humor.
La producción incluye entrevistas exclusivas y el seguimiento de todo lo que ocurrió antes y después del episodio de Siberia.
Fascinante la investigación periodística, con relevantes hallazgos gracias al manejo de la deep web de un personaje clave en esta trama: Christo Grozev.
Lo que devela este documental es para quedar sin aliento.
Navalny
Dirección: Daniel Roher
Documental.
Intervenciones de: Alexei Navalny, Mariya Pevchikh, Yulia Navalnaya, Christo Grozev, Vladimir Putin.
EE.UU., 2022
Duración: 98 min.
Este jueves el mundo entero quedó en shock al conocerse la noticia de que el (ex) Príncipe Andrés, ¡el hermano del rey Carlos de Inglaterra, fue arrestado.
Todo ello en el marco del cada vez más complejo caso Epstein.
La gran exclusiva reconstruye, de manera ¡apasionante!, cómo un equipo de periodistas de la BBC se sumergió en el caso y consiguió una entrevista con el Príncipe Andrés, con las explosivas consecuencias que trajo.
La película se basa en “Scoops”, la autobiografía de Sam McAlister, la productora que logró convencer a los asesores de prensa del ahora ex Príncipe en Buckingham.
Sam (Billie Piper) es una más del equipo de periodistas de “Newsnight”, de la BBC, que conduce la sofisticada Emily Maitlis (Gillian Anderson), que circula para todos lados con su perro, un gran y estilizado galgo. Una súper estrella de la TV, que trabaja codo a codo con la astuta editora del programa Esme Wren. Muy distintas las tres, pero todas ellas con el sentido de la noticia en la sangre y una fuerte conciencia de la importante función del periodismo (sí, aquél que está para incomodar al poder).
La película, a ritmo de un filme de acción y suspenso, va urdiendo el complejo entramado de los acontecimientos que comenzaron con unas fotos de un fotoperiodista en Nueva York en 2010. Las imágenes, que captaban al hijo de Isabel II saliendo de una de las mansiones de Epstein en Nueva York, recorrieron el mundo.
Londres, 2019. En la BBC lidian con el día a día y con anunciados recortes de personal. Cuando aparece la noticia de la muerte de Epstein, Sam comienza a escarbar en los “detalles” que apuntan al Príncipe (el gran Rufus Sewell).
Despierta, hábil y perseverante, la periodista consigue contactar a su asesora privada y de allí en adelante no ceja en su objetivo de obtener una entrevista.
La película mantiene en vilo al espectador que observa, en relatos paralelos, los tensos y muy bien pensados movimientos tanto del equipo de “Newsnight” como de los asesores de Palacio. A nadie se le escapa ni el más mínimo detalle. Para ambas “esquinas” de este match, el cómo es esencial. El escenario que se ha configurado es de alto voltaje.
Aún así, los términos de este juego son impolutos y un ejercicio ejemplarmente democrático, pero es una muy compleja partida de ajedrez cuyo desenlace depende de la habilidad de cada jugador. No todo está ganado. No todo está perdido. Los imprevistos existen.
Lo que pasó (y sigue pasando) tras esa entrevista lo estamos viendo aun hoy en 2026.
Dato: También en Netflix pueden encontrar la miniserie documental Jeffrey Espstein: Asquerosamente Rico, el magnate cuyo nombre tiene a variados poderosos en vilo, que fuera condenado por seis cargos en su contra (tráfico de menores, abuso, pedofilia, etc.) y que se suicidó en su celda en 2019. En esa docuserie, en un detallado trabajo de investigación, la directora Lisa Bryant no solo recoge testimonios de víctimas sino que expone a las relevantes amistades a las que Epstein invitaba a sus mansiones y a su isla privada en El Caribe. Lugares donde siempre habían chicas menores de edad. Entre estas personalidades estaba el Príncipe Andrés de Inglaterra… y siguen surgiendo.
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