Dos novelas recomendables y una escritora que hay que leer. Por Héctor Soto

Ex-Ante

Elizabeth Strout tiene ya 70 años y está entre las más acreditadas escritoras estadounidenses. He aquí dos novelas suyas –“Me llamo Lucy Burton” y ”Lucy y el mar”- que son espléndidas.


Elizabeth Strout es una reconocida novelista estadounidense que obtuvo el Pulitzer de ficción el año 2009. Siendo extremadamente popular, puesto que sus lectores se cuentan por millones, no es de las novelistas que las tengan todas consigo en la cátedra. ¿Dónde está el problema? Probablemente en que, no obstante ser dueña de una prosa sutil y una capacidad poco común para llegar al fondo de sus personajes, sus novelas apenas tienen una estructura que las sostenga.

Se dejan leer rápido y con emoción. Pero no responden a tramas demasiado trabajadas, rara vez generan expectativas o suspenso respecto de lo que va a ocurrir y tributan más a la ética del boceto que a la pintura mural, donde todos los rincones y detalles del cuadro están perfectamente delineados.

Hay otro rasgo en sus libros. El más llamativo, una sensibilidad femenina delicada y rampante. El más curioso, un universo de mujeres blancas, de clase media y generalmente ya mayores. El más característico, pasión por los pueblos chicos, por sus personajes más o menos intercambiables, por la vida y milagro de las pequeñas comunidades, sea del estado de Illinois, sea de las costas de Maine, que fue donde ella efectivamente nació.

El rasgo más importante, en cualquier caso, es su densidad literaria. Belleza en la escritura, belleza en la mirada. Capacidad de decir mucho con poco y de penetrar a los personajes no tanto a partir de lo dicen sino más bien de lo que ocultan o callan.

Me llamo Lucy Burton (2016), que inauguró hace nueve o diez años una saga que ya incluye cinco títulos en torno al personaje, es el sensible relato de una mujer joven, casada, madre de dos hijas, que estando internada en Nueva York, en una clínica que mira al edificio de la Chrysler, recibe, después de mucho tiempo y durante cinco días y cinco noches, la visita de su madre. Hace años que ellas no han tenido contacto.

A ambas las une una historia de pobreza atroz que hizo de la vida de esa familia un infierno. La protagonista logró zafar gracias a sus esfuerzos por educarse, por quebrarle la mano a la fatalidad yendo a la universidad y convirtiéndose en escritora. Su propia superación, sin embargo, terminó separándola de los suyos. Ahora madre e hija quieren saber si esas barreras se interpusieron o no para siempre.

Es una historia hermosa que después se prolonga a la relación de la protagonista con sus hijas, luego de haberse divorciado de su marido y de alejarse del hogar. Recriminaciones, culpas, recuerdos, olvidos forzados, heridas que el tiempo no cicatrizó. Nada muy distinto a las puntadas con que se va tejiendo la vida.

Lucy y el mar (2023) retoma la vida de la misma protagonista varios años después y recoge su experiencia durante la pandemia. Se ha separado hace ya un buen tiempo de William, su primer marido, e incluso ha quedado viuda del segundo. Al inicio de la crisis sanitaria, su exesposo, que es científico y sabe lo que se avecina, toma la perentoria decisión de rescatarla de Nueva York, llevársela a un pueblo chico costero en Maine para evitar contagios.

El libro es una paciente y dolorida crónica de esos días. Una oportuna recuperación de lo que fueron ese melancólico y aterrado período. Ambos ya están viejos y preocupados de las vicisitudes que enfrentarán las hijas. Una de ellas está al parecer bien casada. La otra todavía no se estabiliza emocionalmente. Los contactos son a distancia, siempre con el covid como espada de Damocles. Los temas son la soledad, la vejez, la familia y el perdón. También es un libro triste, sentido y hermoso. Nuevamente casi no hay trama. Pero sí buena literatura, verdad y emoción.

Aunque ambas novelas tienden a confundir, haciendo creer que Elizabeth Strout está haciendo autoficción, lo cierto es que Lucy Burton es un personaje enteramente ficticio. por mucho que comparta con la autora rasgos de carácter y experiencias de vida que tienen semejanzas. No hay caso: quiéranlo o no, los escritores casi siempre escriben a partir de sus experiencias más directas.

Mujer de 70 años ya, Elizabeth Strout tiene una larga carrera literaria. Luego de dos novelas iniciales señeras, que establecieron las coordenadas de su mundo creativo -pueblos chicos, relaciones familiares teñida por el rencor o la vergüenza- tuvo un éxito resonante con Olive Kitteridge, que le dio el Pulitzer y llegó en forma de miniserie a HBO.

Era una novela de 13 relatos interconectados que, a su manera, definió un estilo narrativo propenso a la digresión, a la convergencia, a la fuga. Wikipedia consigna la siguiente observación del crítico literario de The Guardian sobre esta manera de narrar: “Estos libros están estructurados como colecciones de historias vinculadas, pero el editor de Strout los llama novelas. Podría ser más exacto decir que son el equivalente narrativo en prosa de una serie dramática de televisión de larga duración.

Los personajes (muchos de ellos familiares de libros anteriores) pasan al primer plano para protagonizar sus propias historias, luego retroceden, para ser vislumbrados mucho más tarde, mientras tanto, sus vidas han seguido adelante. Sin embargo, independientemente de cómo se elija clasificarlas, las colecciones de Olive tienen la amplitud y la sutileza emocional de las novelas más exhaustivas”.

En términos de sensibilidad, qué duda cabe que estas dos novelas -y en general todas las suyas- son feministas. Entregan retratos femeninos que son inolvidables. Muestran mujeres complejas y empoderadas. Pero no trasuntan ni ápice de ideología o de intención programática. ¿Falta de convicción? Por cierto que no. Lo que ocurre es que Elizabeth Strout tiene claro cuáles son los dominios de la literatura y cuáles los del activismo.

Es hora de darle una oportunidad a estos libros y a esta autora. Es una fuente no solo de sorpresas sino también de enormes satisfacciones.

 

Me llamo Lucy Burton. Elizabeth Strout. Alfaguara, 2025. 181 pp.

 

Lucy y el mar. Elizabeth Strout. Alfaguara, 2023. 480 pp.

 

¿Busca contenido similar? Clic aquí.

 

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Ex-Ante (@exantecl)

Publicaciones relacionadas

Ex-Ante

Junio 5, 2026

¿Por qué el “Registro de Vándalos” podría terminar siendo un espejismo? Por Jorge Schaulsohn

Doy por descontado que es altamente probable que el congreso terminará aprobando una versión “descafeinada” del proyecto de ley que crea el registro, que no contemplará la posibilidad de suspender derechos y beneficios sociales tales como la como la PGU; y que su aporte a resolver el problema del vandalismo será bastante más limitado de […]

Crítica de cine

Junio 5, 2026

Las tres series más comentadas en estos días. Por Ana Josefa Silva

El cuento de la criada. Créditos: IMDB

Una de ellas se estrenó hace casi diez años pero con su llegada a Netflix ha sido (re)descubierta por muchísima gente. Y tiene una secuela reciente. Ambas, adaptaciones de novelas de Margaret Atwood. La otra serie, la sorprendente Spider-Noir.

Managing Director CG Economics & Strategy Lead We are Mef

Junio 5, 2026

Informalidad: Una fragilidad de largo plazo. Por Carolina Godoy

La informalidad laboral no es solo un síntoma de debilidad del mercado laboral, es también una pérdida de base institucional. Reduce cotizaciones hoy, debilita pensiones mañana y aumenta presión fiscal hacia adelante. En un contexto de estrechez fiscal, envejecimiento y bajo crecimiento, Chile no solo necesita crear más empleos, necesita volver a crear empleos que […]

Ex Directora General de Estudios de la CMF

Junio 5, 2026

Sostenibilidad financiera: del cumplimiento a la estrategia de negocios. Por Nancy Silva

Chile tiene una oportunidad histórica para consolidarse como el polo de finanzas sostenibles de la región, pero para ello debe pasar decididamente de la retórica a la acción. La estrategia es la dimensión más débil en los reportes locales. Ahí es donde hay que generar valor.

Director de Escuela de Auditoría y Ex Vicerrector de Gestión Económica y Administrativa de la Universidad Austral de Chile

Junio 5, 2026

La Cuenta Pública también se audita. Por Felipe Zúñiga P.

Una Cuenta Pública es un acto de rendición de cuentas, y esta llenó el discurso con su lenguaje. El gesto es valioso y la dirección, correcta. La credibilidad de un Estado que se audita a sí mismo se leerá, sin embargo, en una sola métrica: cuántos de los hallazgos de 2026 se transforman en dinero […]