En medio del bullicio electoral, donde las promesas tributarias abundan, conviene detenerse a mirar qué se está poniendo sobre la mesa en materia de impuestos para el país post-elecciones.
Empecemos por las dos candidaturas principales de la oposición (Evelyn Matthei y José Antonio Kast) que, con diferencias menores (más de forma que de fondo), coinciden en bajar el impuesto de primera categoría a un 23% (o 20%) y dejar una tasa permanente para las pymes en 12,5% (o 10%). Además, se habla de reinstalar el fomento a la inversión extranjera vía invariabilidad tributaria, como si el DL 600 fuera ese clásico que nunca pasa de moda.
En el centro de ambas propuestas está la idea de volver a reintegrar el sistema, reabriendo el debate ideológico entre izquierda y derecha, ese que lleva más de una década y parece tener más temporadas que una serie de Netflix. También se menciona la posible reintroducción de la exención a la ganancia de capital en la venta de acciones en bolsa, que, según los expertos, podría darle más profundidad al mercado financiero.
Si hacemos memoria, el escenario que se dibuja no es tan distinto al de 2015: tasa corporativa de 22,5%, integración del sistema tributario, DL 600 y ganancias de capital en bolsa exentas de impuestos. Claro que ahora el famoso FUT ya es cosa del pasado, y contamos con una robusta batería de normas antievasión y antielusión que dejan poco margen para la creatividad tributaria, para alivio de algunos y nostalgia de otros.
Por el otro lado, si la candidata oficialista Jeannette Jara resulta electa, el panorama sería más bien continuista: la tasa del 27% para las grandes empresas y 12,5% para las pymes se mantendrían, al menos por un par de años. Eso sí, el debate ideológico se movería hacia el levantamiento del secreto bancario.
En resumen, es probable que volvamos al clásico “tire y afloje” por la reintegración, como si fuera en sí mismo el premio mayor o una especie de “bala de plata” que vendría a solucionar el escenario impositivo actual, en vez de buscar un sistema más simple y competitivo. Crucemos los dedos para no terminar con una solución híbrida que complique aún más el panorama tributario.
Para cerrar, no puedo dejar de mencionar el único punto de consenso: rebajar las contribuciones para los adultos mayores. Un impuesto que a estas alturas ya no resiste mucho análisis y que todos prometen aliviar, porque seamos sinceros, nadie quiere “meterse” con la abuela.
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