También se estrena Green Ghost que repletó de fans la Comic Con realizada hace poco en Santiago: ojo con este universo que muchos adultos desconocen.
En Streaming: dos muy buenas películas, que pasaron algo desapercibidas.
Aunque estuviera en alguna plataforma, les diría igualmente: ¡por favor vayan al cine a ver esta película!
Seguro reconocerán algunas escenas y quizás recuerden de qué va.
Lo que los dejará ¡impactados! es encontrarse con una película hecha hace cien años, muda y en blanco y negro y que en menos de hora y media les relatará una historia cautivante, en la que se suceden muchas situaciones, con un recorrido dramático ¡genial!, llena de giros impensados, divertida hasta la carcajada, conmovedora también y que los capturará a puro suspenso bien manejado ¡hasta el último minuto!
Allí está la genialidad de Chaplin, ya no solo como el grandioso mimo que fue, sino como un maestro del cine, del manejo de las imágenes, el montaje, la imaginación desbordante. ¡Y qué guion!
En grandes planos generales que luego se irán deteniendo en planos medios hasta llegar a enfocar a nuestro protagonista, nos sitúa en las nevadas montañas de Yukón, cerca de Alaska, a donde se dirigen cientos de sujetos con la esperanza de encontrar oro. Uno de ellos es Charlot.
Un oso, un bandido, un hombre que ha encontrado una veta, una bella mujer se cruzarán en su camino, así como muchos de los que han ido construyendo ciudades alrededor de esta quimera.
Está llena de secuencias ¡inolvidables!
Chaplin la estrenó en 1925. Luego, en 1942, haría una versión sonora.
La Fondazione Cineteca di Bologna, a partir de material original proporcionado por diversas instituciones, restauró la original, remasterizándola en 4 K. Es la copia que se estrenó en Cannes este año y es la que llega esta semana a cines de 70 países.
¿Se la van a perder?!! No!
Vayan en familia, en patota o como quieran. Lo van a pasar ¡increíblemente bien!
The Gold Rush
Dirección y guion: Charles Chaplin
EE.UU, 1925
Duración: 95 min.
Hayao Miyazaki ya había fundado el estudio Ghibli junto con Isao Takahata y filmado muchos joyas de la animación cuando El Viaje de Chihiro recibió el Oscar a Mejor película Animación (en 2024 lo volvería a obtener por El Chico y la Garza).
Su sello es inconfundible y fascinante. Tanto para quienes valoran el dibujo y la pintura como para amantes del cine. Sus historias están llenas de magia y se parecen a los sueños. Son dramas que suceden en un universo fantástico, que escarban en el inconsciente y que a la vez apelan a realidades históricas y sociales reconocibles.
El Viaje de Chihiro (¡una belleza por donde se le mire!) es un drama familiar que tiene de protagonista a una niña de 10 años. Chihiro, una preadolescente como cualquier otra, llega con sus padres a un curioso lugar al que aceden tras cruzar un portal. Parece un parque de diversiones abandonado, pero funcionando.
Sin quererlo, se sumergirá en un mundo fantástico donde los seres humanos no tienen cabida: hay dioses de primera y segunda clase, seres fantasmagóricos, multitudes que luego se transforman en cualquier cosa. Chihiro va de un lugar a otro sin saber con qué se encontrará ni cómo regresar a la “normalidad”. Aquel viaje en tren por las aguas forman parte de algunas de las imágenes inolvidables de la película.
También está en Netflix. Pero créanme: es una experiencia inigualable poder disfrutarla en pantalla grande y una oportunidad única para hacer crecer la sensibilidad de los peques (y no tan peques) de la familia.
DATO: esta es la primera del ciclo de 11 joyas del estudio Ghibli, programado por BF Distribution hasta diciembre. Los otros títulos son: El cuento de la Princesa Kaguya, La colina de las amapolas, La guerra de los mapaches, Se levanta el viento, Mis vecinos los Yamada, Recuerdos del ayer, La princesa Mononoke. El Porco Rojo, El regreso del gato, Kiki: Entregas a domicilio.
Sen to Chihiro no kamikakushi
Dirección y guion: Hayao Miyazaki
Animación
Japón, 2001
Duración: 124 min.
Producida y protagonizada por Charlie Clark, esta película es un tributo a la cultura “Tex-Mex” y en su caso específico, un emocionante homenaje a “Nana”, quien en la vida real lo cuidó desde antes de nacer. En el filme, Nana es un importante personaje, es la mujer que recibe a este gringo siendo pequeño, luego de la separación de sus padres, aunque sus hijos, Karina y Marco, al comienzo aleguen. Luego serán “compas” muy unidos. Nana y su familia han recibido ciertos poderes mágicos pero la ambición desmedida de su hermana las ha separado.
Lo otro fascinante es que se trata de una película de artes marciales, acción y fantasía, sin el toque millonario de Hollywood, pero perfectamente hecha. Y sí, con mucho humor.
Acá lo fantástico viene del espacio pero se activa en un sitio maya (esto va del apocalipsis maya, no de krypton): es decir, la rica tradición precolombina de México es fundamental.
Charlie (C. Clark) es dueño de una compraventa de autos en una ciudad fronteriza de Texas. Le encanta la lucha libre, a donde va a ver a su medio hermano Marco, un campeón de este deporte.
Cuando aparecen los secuaces de la malvada tía, Charlie, Marco y Karina viajan a San Luis de Potosí, donde Nana los espera en una inmensa mansión en medio del campo, protegida por “el escudo verde”. Allí Charlie comienza a ser rudamente entrenado por distintos master hasta que se convierte en “Green Ghost” (él insiste en elegir el vestuario y el nombre). Entre sus maestros está Master Gin (Danny Trejo), uno de los personajes que aportan humor a esta singular película.
Pero los malos son muy poderosos y llegan hasta allá.
Entre ellos, el top es el encarnado por el actor chileno Marko Zaror, quien ha hecho una carrera en Hollywood con películas de artes marciales.
Ojo: hay mucho fan de esta saga y de los actores.
The Green Ghost
Dirección: Michael D. Olmos
Guion: Charlie Clark, Brian Douglas, Michael D. Olmos, Rafael Antonio Ruiz.
EE.UU., 2021
Duración: 1 hora 20.
Ambiciosa y muy jugada apuesta de Christopher Nolan, un realizador obsesionado con el concepto del tiempo.
Tenet es un mix de acción, espionaje y thriller fantástico, una superproducción suntuosa, filmada en siete países, que extrema el juego en torno al tiempo y el espacio introduciéndose en los conceptos de entropía y reversión.
El protagonista es un espía (John David Washington), siempre secundado por Neil (extraordinario Robert Pattinson), que debe evitar que un arma caiga en malas manos.
El arma en cuestión es Tenet y no es exactamente un objeto. Una científica le explicará que se trata de algo que permite manipular el flujo temporal y que puede cambiar la entropía del mundo.
Si bien circulan por Mumbai trepando edificios imposibles, Londres (delicioso cameo de Michael Caine), la Costa Malfitana, Oslo, Dinamarca, Estonia, etc., estos espías, de James Bond, nada: la película es ruda.
El peligro es omnipresente y es parte de la confusión. Con excepción de Sator (Kenneth Branagh), un hombre poderoso, violento y de carácter explosivo, todo el resto de los personajes que circulan pueden ser sospechosos. Sator es amenazante de solo aparecer y tiene bajo extorsión a su propia esposa Kat (espléndida Elizabeth Debicki).
Las 2 horas y media de metraje conforman un espectáculo visual magnífico. Desde la primera secuencia en la Ópera de Ucrania a la peligrosa carrera en veleros F-50 por el mar, el gran choque en el aeropuerto o la pasmosa persecución de autos.
Las coreografías de peleas, explosiones y persecuciones no se parecen a nada. Además, Nolan filmó las sorprendentes secuencias de las “piruetas” de los actores en reversa, sin apelar a la digitalización.
Tenet
Dirección y guion: Christopher Nolan
Música: Ludwig Göransson
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Reino Unido, 2020.
Duración: 150 min.
Muy imaginativa, singular y diferente a todo, esta película del director inglés Edgar Wright (considerado maestro de la comedia de acción), es un drama íntimo envuelto en una historia policial.
Todo ello rítmicamente organizado: porque cada secuencia está organizada según la música que surge desde el iPod que usa el protagonista, Baby (Ansel Elgort), y las canciones que elige. El no hace nada en la vida sin eso.
Los movimientos están magníficamente coreografriados: de los autos, las persecuciones, del protagonista cuando camina y prácticamente baila, cuando huye, en auto o corriendo por la ciudad.
Wright nos regala con unos soberbios planos secuencia y las mejores persecuciones de auto que se hayan visto (de las miles que se hayan filmado).
La primera secuencia es electrizante. Baby, anteojos oscuros, auriculares puestos con su iPod: cuando pone la canción elegida da el vamos para que bajen del auto hacia el banco los asaltantes que ha llevado hasta allí.
Es un nene sí, pero tiene cicatrices en la cara.
El es el chofer de una banda, que se maneja como una organizada empresa.
Por flashbacks y racontos, sabemos del triste pasado de Baby. Hoy él vive con un anciano sordomudo e inválido —se entienden por señas— que se cuidan mutuamente.
Ojo con la banda sonora.
Baby Driver
Director y guion: Edgar Wright
Reino Unido, 2017.
Duración: 115 min.
¿Busca contenido similar? Clic aquí.
Ver esta publicación en Instagram
Publicaciones relacionadas
El rastro que antes se evaporaba hoy distingue al directorio que ejerció criterio del que solo lo aparentó. Los buenos directorios nunca temieron ser leídos. Ahora, simplemente, lo serán.
Si los retornos económicos del título universitario no son como antes (era imposible que se mantuvieran tan altos), debemos preguntarnos por qué la demanda por educación superior no ha cedido en la misma proporción. ¿Por qué las familias siguen considerando la universidad como un objetivo prioritario?
La apertura hacia modelos internos bien diseñados es una herramienta necesaria para que el capital de la banca refleje con precisión sus riesgos subyacentes. Optimizar el uso del capital bancario no debe ser sinónimo de ahorro de capital, sino de un capital bien gestionado.
Una política genuinamente progresista debe anteponer el interés nacional a las servidumbres del partidismo. Es lo que se jugará en los próximos meses, cuando el país procure salir del estancamiento y estimular el crecimiento económico en un contexto difícil, agravado por los enormes daños causados por los temporales.
Se puede negociar una reforma tributaria, una condonación, casi cualquier cosa, siempre que quien se sienta a la mesa sepa con claridad qué línea no está dispuesto a cruzar y qué está dispuesto a ceder para sostenerla. Eso no es ideología abstracta: es la diferencia entre incidir en el resultado final de una ley y […]