-¿Cuál crees tú que debería ser la visión del próximo gobierno, sea del signo que sea, considerando que venimos con una economía de bajo crecimiento?
-La economía chilena lleva tiempo estancada. Ha habido una caída significativa en la productividad general, y hemos perdido eficiencia. La tasa de desempleo se ha elevado de forma importante, acostumbrándonos a cifras por sobre el 8% y acercándonos peligrosamente al 9%. Eso debería alarmarnos.
Independiente del gobierno que venga, lo urgente es recuperar el sentido de urgencia. Hoy lo hemos perdido. Estamos frente a una economía prácticamente detenida, con una demanda interna que apenas crece un 2% en el mejor de los casos, un consumo estancado, y una inversión que viene cayendo sostenidamente. Si no fuera por los sectores de minería y energía, estaríamos con cifras negativas.
-¿Qué debería hacer el próximo gobierno para revertir esta situación?
-Debe enfocarse en reactivar la economía con proyectos viables a corto plazo, no sólo depender de iniciativas que verán frutos en cinco o diez años. Es fundamental acelerar la inversión, lo que requiere simplificar permisos y agilizar la concreción de proyectos.
Chile necesita restablecer el crecimiento con urgencia. El catastro de la Corporación de Bienes de Capital nos muestra que muchos proyectos tienen una maduración muy larga, de hasta 15 años. Por eso, debemos diferenciar entre políticas de largo plazo y aquellas que pueden impactar positivamente en el corto plazo.
Hay que identificar los proyectos que hoy están trabados por cuestiones de permisos o aprobaciones medioambientales y crear una estrategia prioritaria para echarlos a andar. Hablamos de proyectos de tamaño pequeño o mediano que podrían incorporarse en un fast track y comenzar a ejecutarse ya.
-¿Qué tipo de proyectos deberían priorizarse para tener impacto rápido?
-Proyectos en sectores como desalación de agua, energía y construcción, especialmente de vivienda. Este último está particularmente deprimido, y tiene una rápida materialización. Si se agilizan los trámites, podrían activarse en el cortísimo plazo.
Muchos de estos proyectos ya han pasado por las etapas iniciales de evaluación y están detenidos por permisos específicos o temas medioambientales solucionables. Las concesiones son un buen ejemplo: tenemos un catastro amplio, pero falta avanzar en su concreción. Hay proyectos en licitación o esperando resultados que podrían acelerarse.
-¿Y qué pasa con la vivienda pública y social?
-Es otro sector clave. El Estado ya ha adquirido terrenos, lo que soluciona uno de los principales cuellos de botella. Podemos avanzar tanto con construcción tradicional como prefabricada. El déficit de vivienda es muy grande, y el gobierno se comprometió con 260.000 viviendas, cifra que claramente no se va a alcanzar.
La construcción está prácticamente paralizada, y es un sector que genera mucho empleo. Debemos reactivarlo sí o sí.
-¿Y cómo se hace esto si, por ejemplo, parte del oficialismo llevó el proyecto de reforma a la permisología al Tribunal Constitucional?
-Volvemos al tema del sentido de urgencia. Hay que tomar decisiones ahora para acelerar la inversión. Debemos ser más ágiles y eficientes en la aprobación de proyectos.
Por ejemplo, no se puede evaluar de la misma forma un proyecto minero de miles de millones de dólares y uno de 200 millones. Necesitamos establecer reglas claras, con una “cancha rayada”, para que durante un período limitado podamos facilitar la ejecución de proyectos que ya cumplieron con la normativa y están detenidos por trabas sectoriales.
-¿Crees que deberían establecerse incentivos tributarios por un período acotado?
-Sí, absolutamente. Necesitamos mover la aguja, y para eso se requieren incentivos. Una forma es ofrecer cierta invariabilidad tributaria para proyectos que se desarrollen en plazos más breves. También se pueden recuperar fórmulas ya probadas en el pasado que resultaron efectivas para incentivar la inversión.
-Con un mercado laboral tensionado por el alza de costos, ¿cómo se puede compatibilizar esa realidad con la necesidad de reactivar el crecimiento?
-Primero, hay que reimpulsar la inversión. Hoy, esta se concentra en maquinaria y equipos, sobre todo en minería y energía. Eso ha evitado que los números sean peores.
Pero la inversión en construcción está prácticamente en cero o en terreno negativo, salvo en proyectos mineros. No hay movimiento ni en el sector industrial ni inmobiliario. Parte del problema es el alza de costos: el metro cuadrado, la mano de obra y el suelo se han encarecido de manera significativa.
Para que el sector vuelva a ser dinámico y demandante de empleo, debemos ofrecer incentivos.
-¿Y volver a aplicar el incentivo del IVA a la construcción, como se hizo en el pasado?
-Sí, es una opción que debe considerarse seriamente. Cuando la economía crecía, ese incentivo podía no ser necesario. Pero hoy, con el alto costo de construir, se justifica plenamente. Afecta sobre todo a la vivienda social y a las clases medias bajas.
Este tipo de incentivo no puede ser permanente, pero sí puede implementarse por un período determinado y ayudar significativamente a reactivar la economía.
-Comparando con los años 90, ¿cómo ves la situación actual?
-Es totalmente distinta. En los 90 había confianza, estabilidad institucional y un horizonte claro. Se podía planificar a largo plazo. Hoy, esa visión de futuro se ha perdido, y los proyectos a largo plazo han dejado de ser la norma.
-¿Qué esperas del futuro económico de Chile?
-Creo que crecer entre un 3% y un 4% es posible. No podemos seguir aspirando a tasas del 6% como en el pasado, pero tampoco podemos conformarnos con un 2%, que nos condena al estancamiento y la pobreza.
El país necesita volver a crecer, y para eso hay que actuar ya, combinando proyectos de impacto inmediato con una visión de mediano y largo plazo. Si no recuperamos el dinamismo, también estaremos renunciando a disminuir la desigualdad. Chile tiene las bases para recuperar su crecimiento. Pero para lograrlo, necesitamos decisión política, una hoja de ruta clara, y sobre todo, sentido de urgencia.
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