Junio 19, 2025

Cuando más es menos: Por qué subir impuestos puede disminuir la recaudación. Por Carolina Grünwald

Economista Jefe, Prudential AGF

Hay una verdad económica que conviene recordar: no se puede recaudar sobre lo que no se genera. Y si algo ha quedado claro en la experiencia reciente, es que más impuestos no necesariamente significan más recursos. A veces, ocurre exactamente lo contrario.


En teoría, subir los impuestos debería traducirse en más recursos para el Estado. Pero en la práctica, no siempre es así. A veces, ocurre exactamente lo contrario: se frena la economía, bajan las transacciones y, paradójicamente, el fisco termina recaudando menos. Esto no es solo un concepto abstracto, sino una realidad que Chile ha enfrentado en carne propia durante la última década. Reformas bienintencionadas han terminado por erosionar la base imponible, desincentivar la inversión y debilitar el crecimiento económico. Y sin crecimiento, es difícil recaudar más.

Un ejemplo concreto se vivió en septiembre de 2022, cuando se eliminó la exención tributaria a las ganancias de capital por la venta de acciones con presencia bursátil. Este beneficio, originalmente incorporado en la Reforma al Mercado de Capitales II de 2007, fue un catalizador clave para el desarrollo de nuestra bolsa, que logró niveles de profundidad y liquidez muy por sobre los de países comparables como Colombia o Perú.

¿Qué se pretendía con la eliminación de esa exención y la implementación de un impuesto del 10 %? Aumentar la recaudación fiscal y contribuir al financiamiento de la Pensión Garantizada Universal (PGU). Sin embargo, el resultado fue diametralmente opuesto: en 2023, primer año de aplicación plena, se recaudaron apenas US$ 8 millones, una cifra que representa menos del 10 % de lo proyectado. Además, la medida erosionó la profundidad del mercado de capitales, lo que no solo debilitó al propio mercado, sino también a la economía real.

Por otro lado, hay antecedentes similares en el ámbito del impuesto corporativo. La reforma tributaria de 2014 incrementó la tasa para las empresas del 20 % al 27 %, con la expectativa de mejorar la recaudación estructural del Estado. Sin embargo, hoy —más de una década después— la recaudación como porcentaje del PIB permanece estancada en torno al 17,5 %, similar al nivel observado entre 2011 y 2012, cuando las tasas eran considerablemente más bajas. Es decir, los mayores gravámenes no se han traducido en mayores ingresos relativos.

Este fenómeno está estrechamente ligado al débil crecimiento económico de los últimos años. Entre 2003 y 2013, el PIB per cápita de Chile creció a un promedio de 3,7 % anual. En contraste, entre 2013 y 2024, esa cifra cayó por debajo del 1 %. Esta desaceleración estructural ha sido ampliamente discutida por diversos economistas y grupos de trabajo —como el equipo interdisciplinario que elaboró el informe El Puente— quienes coinciden en que el aumento sostenido de la carga tributaria ha sido uno de los factores que ha limitado la productividad y la inversión.

Frente a esta realidad, cabe preguntarse qué hacer. El primer paso es abandonar la lógica binaria de subir o bajar impuestos y enfocarse en rediseñar la estructura tributaria de forma que favorezca la inversión, la formalización, el emprendimiento y el crecimiento sostenido. Una economía más dinámica genera más ingresos para todos, incluido el Estado.

Eliminar nuevamente el impuesto del 10 % a las ganancias de capital bursátiles sería un buen punto de partida. Esta no debe entenderse como una medida regresiva ni como un beneficio exclusivo para los grandes capitales, sino como una herramienta para reactivar un mercado clave que facilita el financiamiento empresarial, promueve el ahorro interno y estimula el empleo. La evidencia reciente muestra que sus costos han superado con creces sus beneficios.

Desde la perspectiva de la economía política tributaria, el modelo chileno parece haber tensionado en exceso el equilibrio entre eficiencia y equidad. En un país donde el 98 % de la recaudación proviene del cumplimiento voluntario y el 80 % de los aumentos históricos en ingresos fiscales ha sido impulsado por el crecimiento económico —no por aumentos de tasas—, el foco debiera estar en alinear el sistema con incentivos pro-inversión y en simplificar el cumplimiento tributario.

Porque hay una verdad económica que conviene recordar: no se puede recaudar sobre lo que no se genera. Y si algo ha quedado claro en la experiencia reciente, es que más impuestos no necesariamente significan más recursos. A veces, ocurre exactamente lo contrario.

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