Corría el kilómetro 20, a un ritmo envidiable (para mí estándar), directo a mejorar mi tiempo de la maratón. Pero al llegar al kilómetro 27, las cosas se pusieron complejas. Crucé la meta de los 42k con un tiempo bastante peor que en ocasiones anteriores, pero con una llegada digna dentro de todo. Esta experiencia me recuerda el mes de datos económicos locales: sorpresas al alza en actividad, empleo informal cayendo en picada, bolsa local sin techo aparente, peso chileno con fuerzas a la apreciación. ¿Qué más se puede pedir? Pero antes de entusiasmarse demasiado, vale la pena revisar con calma los datos.
En materia de actividad económica, abril anotó un crecimiento anual de 2,5%, superando las expectativas de los analistas –que proyectaban un 2,1% semanas antes- aunque manteniéndose dentro un promedio de los últimos meses que oscila entre el 2% y 2,5% anual. Si bien esta cifra puede generar optimismo, hay que considerar que se compara con un mundo que venía creciendo sobre 3% en 2024, con proyecciones en torno a 2,7% para este año, a pesar de la incertidumbre y los ruidos externos que podría gatillar un segundo semestre mucho más débil.
Con todo, la economía parece andar cerca de su potencial de 2% de crecimiento, que es bajo, y debiéramos hacer esfuerzos por aumentar, pero lo positivo es que por ahora no se generan presiones de demanda. Y por el frente global, si bien la incertidumbre se mantiene elevada, lo que se refleja en múltiples encuestas de expectativas del mundo desarrollado, la situación actual de la economía ha continuado en buen pie, y más importante aún, las tensiones financieras han cedido en gran medida, volviendo a rangos más normales, una buena noticia para mercados emergentes.
En tanto, respecto al empleo, si bien disminuyen los informales (aquellos que no cotizan ni reciben pago de sus leyes sociales) y suben los formales, con factores detrás como la formalización de plataformas digitales e incentivos en otras industrias, o incluso el menor incentivo a subcotizar que entrega el esquema de Pensión Garantizada Universal (PGU) versus el anterior sistema de Pilar Solidario, la foto no parece del todo favorable.
Majaderamente, la tasa de desempleo se mantiene en niveles sobre 8% desde 2023, el empleo total está virtualmente plano desde mediados de 2024 (a pesar de haber tenido varios meses de buen crecimiento de la actividad), el subempleo (aquellos que trabajan menos horas de las deseadas o subutilizan su calificación) se lleva buena parte del incremento de ocupados. Pareciera que vale la pena ahondar en las dinámicas del mercado laboral para apuntar a políticas públicas que destraben la persistente baja participación total (y particularmente de las mujeres) y enfocarnos en cómo atacar el mayor desempleo.
Y en el plano de los mercados financieros locales, hay que tener cuidado con las conclusiones apresuradas. La bolsa, el tipo de cambio y las tasas de interés de los bonos soberanos sin duda pueden responder a mejores perspectivas y a una menor percepción de riesgo político e institucional por parte de los inversionistas, en especial, los extranjeros.
Que propuestas ligadas a crecimiento, inversión y educación (o capital humano) se tomen la agenda política apoyan una revalorización de los activos locales. Sin embargo, un simple ejercicio estadístico muestra que la reciente recuperación de los precios de activos chilenos ha coincidido con la de activos de nuestros vecinos. Incluso, en algunos periodos eleccionarios pasados, también se ha dado esta similitud. Un claro sospechoso detrás de este comportamiento es el entorno global y particularmente el precio de las materias primas.
Para Chile, el cobre ha funcionado como un significativo soporte para nuestros mercados en esos periodos. Que no se malinterprete, esto no quita mérito a que la agenda dedique grandes esfuerzos a revitalizar el potencial de nuestra economía a largo plazo (más allá de coyunturas más o menos favorables).
La buena noticia, para lo que queda de 2025 y mirando hacia 2026 es que, de todo el desorden que se generó en torno al Liberation Day de Trump a comienzos de abril, por una y otra fuerza compensatoria las perspectivas de un equilibrio mucho peor al conocido para la economía global han ido cediendo, los mercados financieros han retomado algo de calma (hasta nuevo aviso) y, lo más importante, los términos de intercambio, liderados por el precio del cobre, se mantienen firmes. Es bueno festejar buenas cifras, pero es aún mejor hacerlo con moderación. Siguen faltando varios kilómetros por recorrer.
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