En los últimos meses, el debate económico en Chile ha girado en torno a la continua revisión a la baja de las proyecciones de crecimiento. Si bien las estimaciones más optimistas esperaban hace unos meses una recuperación cercana al 3% para este año, los datos han confirmado un panorama de bajo crecimiento, con perspectivas que bordean el 2%, ubicándose en el extremo inferior del rango proyectado por distintos analistas.
Sin embargo, este estancamiento económico no es un fenómeno aislado, sino el resultado de tendencias estructurales que afectan el potencial de crecimiento de nuestro país. Entre estas, destacan la disminución en la tasa de natalidad, un mercado laboral débil y un producto tendencial que se encuentra en mínimos de los últimos 20 años. Destaco estos factores, porque sus dinámicas no sólo reflejan desafíos económicos inmediatos, sino también una transformación social y demográfica de largo plazo que incidirá en el desarrollo futuro.
Cuando se conectan estos elementos, emerge un panorama preocupante para Chile, que desafía la sostenibilidad económica y social. Acá señalo algunas explicaciones:
El PIB de Chile en 2024 crecerá cerca de un 2% y se esperan cifras similares para los siguientes años, alineándose estos niveles al bajo crecimiento de la última década. Esto no es solo un efecto puntual: el PIB tendencial, indicador clave para medir la capacidad de crecimiento, también ha sido consistentemente revisado a la baja debido a factores como una inversión estancada, menor productividad y un ambiente con mayor incertidumbre. Según el Comité de expertos del Ministerio de Hacienda, para el largo plazo se encuentra en 2% anual, un nivel que limita las oportunidades de desarrollo económico y social.
Chile vive una de las tasas de natalidad más bajas de América Latina. En 2022, se registró una tasa global de fecundidad, de 1.5 hijos en comparación con un 1.9 en América Latina y lejos del 2.1 necesario para garantizar el reemplazo. La disminución en el número de nacimientos implica una fuerza laboral futura más reducida, lo que presiona aún más el crecimiento económico potencial. Un menor número de jóvenes disponibles para trabajar también pone en riesgo la sostenibilidad de las políticas sociales, especialmente en un país que ya enfrenta desafíos significativos en estas áreas.
Los factores detrás de esta baja natalidad son varios: cambios culturales, acceso a métodos anticonceptivos, retraso en la maternidad y el creciente, aunque aún insuficiente, nivel de inclusión de la mujer en el mercado laboral. Este último, aunque es un tema de gran relevancia por si solo, refleja desafíos relacionados con la conciliación entre el trabajo y la vida familiar. Sin políticas que enfrenten esta crisis, el país podría enfrentar un envejecimiento poblacional acelerado que agrave la crisis económica.
A primera vista, la tasa de desempleo en Chile ha mostrado signos de mejoría, situándose en 8.6% en agosto-octubre 2024. Sin embargo, el “doble click” revela que esta disminución no responde a generación de empleo, sino más bien a una caída en la fuerza laboral de casi un 1% desde abril de este año. Esto indica que muchas personas, desmotivadas por la falta de oportunidades, el contexto económico actual o por condiciones laborales precarias, han optado por salir del mercado laboral.
Además, los trabajos que se están generando son mayoritariamente en sectores de baja productividad y con condiciones informales. Esto no solo limita el crecimiento económico inmediato, sino que también perpetúa desigualdades sociales y económicas.
Todas estas tendencias acá mencionadas se van retroalimentando. Sin intervención decidida, el bajo crecimiento alimentará la crisis demográfica, que a su vez dificultará aún más la generación de empleo, cerrando el círculo vicioso.
Algunas estrategias clave y evidentes en pro de la recuperación incluyen fomentar la inversión y la innovación, con políticas que impulsen sectores estratégicos con alto potencial de productividad. Además, incentivar la formalidad laboral y mejorar condiciones ayudaría a aumentar la participación en la fuerza laboral, especialmente entre mujeres y jóvenes. Y por último abordar la crisis demográfica, con políticas de mayor acceso a servicios de cuidado infantil y horarios laborales flexibles podría estimular un aumento en la natalidad. Aunque se han logrado avances, aún parecen no ser suficiente.
En conclusión, Chile enfrenta una encrucijada y necesita de una decisión colectiva. Resolver estos problemas no solo dependerá de las políticas públicas, sino del compromiso del sector privado y de la sociedad en su conjunto. Reconocer las interconexiones entre crecimiento, demografía y empleo es el primer paso. Actuar con decisión, el segundo, ya que el tiempo es crucial. Cada año que pasa sin atender estos desafíos, es un año perdido en la lucha por construir un país más dinámico, equitativo y sostenible. Es momento de actuar.
[Actualización] Cristián Larroulet y primer año de Milei: “El contraste entre Chile y Argentina es francamente preocupante”. https://t.co/UFvCbKjMKS
— Ex-Ante (@exantecl) December 7, 2024
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