Octubre 1, 2024

A no bajar la guardia: Un tulipán no hace primavera. Por Felipe Jaque

Economista jefe Grupo Security

Una tasa de inversión que no llega al 25% del PIB, con una productividad estancada, no alcanza para más que un pálido 2% de crecimiento de largo plazo. Con eso, estamos a varias décadas de dar mejores oportunidades a todos los sectores de la sociedad, y seguimos enfrascados en frases de buena crianza sobre lograr acuerdos, pero en el momento de las decisiones, la respuesta sigue siendo un rotundo no.


Se alinearon los astros y la Reserva Federal inició su tan esperado ciclo de recortes a la tasa de interés con un decisivo ajuste en su reunión del septiembre. Al otro lado del mundo, las autoridades chinas anunciaron una serie de medidas de estímulo, que sumados alcanzarían a un monto cercano al PIB de la economía chilena, aunque claramente esto es bastante más moderado para el tamaño de la economía china. Pero el tono y preocupación por estimular la actividad entusiasmó suficientemente a los mercados.

Al cabo de un par de días, el tipo de cambio en Chile se instaló bajo los 900 pesos, proyección que no pocas veces ha sacado (son)risas cuando uno la defiende. De la mano del precio del cobre que subió por sobre los 4,5 dólares la libra, todo parece despejar los mayores temores que podía toparse la economía chilena en el frente externo. En resumen, estamos de vuelta en el camino y, como deben haber leído en más de un lugar, todo dispuesto para el aterrizaje suave de EE.UU. y el mundo, dejando atrás el casi pánico de agosto.

Pero como ya es costumbre comentar, la dinámica local está muy al debe, a pesar de que al menos la política monetaria y fiscal siguen gozando de cierta buena salud. Esperemos que en su nuevo desafío de discusión de presupuesto 2025, esta última mantenga la sobriedad tanto en sus metas de déficit estructural como en poner cota a la deuda pública a mediano y largo plazo.

Pero, aunque suene majadero, los casos en que la palabra permisología acapara las luces continúan, y qué decir del enrarecido ambiente institucional donde día a día pareciera que descendemos en los rankings de países donde las cosas se hacen bien. Todo dibuja un panorama poco optimista.

Y más allá del debate de quien comete los mayores errores de proyección en inversión en el último tiempo, los números y apetito por nuevos proyectos no dejan mucho espacio a la duda. Una revisión, por ejemplo, del último catastro de la Corporación de Bienes de Capital muestra que, como porcentaje del PIB actual, los planes para el próximo quinquenio siguen disminuyendo respecto de los años previos. Y eso que estamos en lo más alto del entusiasmo en energías renovables, hidrógeno verde, y litio (aunque sus extraordinarios precios del 2022 ya han quedado atrás).

Si bien son temas menos atractivos para lograr grandes audiencias, mucho menos que la inteligencia artificial o el cambio climático que se roba gran parte del espacio de análisis y discusión, tener la suficiente humildad para asumir que en Chile tenemos que preocuparnos nuevamente de las bases, es un buen punto de partida. Los planteamientos drásticos parecen aportar poco y la realidad cae por su propio peso.

Recientemente, en uno de los últimos casos, se terminó hipotecando una inversión significativa en el sector energético, mientras discutimos como subsidiar la electricidad que se instala en costos elevados para la población. Después de indignarnos por la nueva alza de más del 20% en las cuentas de la luz anunciada para octubre, sería deseable pensar formas de incentivar la inversión en este rubro para asegurar menores costos sostenibles a largo plazo. Pero continuamos estancados en la derivada parcial.

Una luz de esperanza la dio el ministro de Hacienda, quien explicó muy certeramente que la permisología está para cumplirse y, si entendí bien de sus líneas, que las revisiones y fiscalizaciones están para orientar los proyectos para que cumplan los requisitos. La postura del blanco o negro bloquea el emprendimiento, no lo encauza.

Ya se ha mencionado miles de veces. Una tasa de inversión que no llega al 25% del PIB, con una productividad estancada, no alcanza para más que un pálido 2% de crecimiento de largo plazo. Con eso, estamos a varias décadas de dar mejores oportunidades a todos los sectores de la sociedad, y seguimos enfrascados en frases de buena crianza sobre lograr acuerdos, pero en el momento de las decisiones, la respuesta sigue siendo un rotundo no.

Hace un año, la fiesta de los tulipanes frente al Palacio de La Moneda fue un éxito. Este año, material para memes y videos para el olvido. ¿Será que cada día puede ser peor?

 

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