-Estuviste varios días en Chile en el que recibiste un premio en la Universidad Católica, fuiste objeto de la delincuencia, y tuviste muchas conversaciones. ¿Con qué sensación te vuelves a Los Ángeles?
-Volví desde Chile con sentimientos encontrados. Por una parte, me pareció que el país estaba parcialmente trancado, con una actividad política muy mala y disfuncional, una especie de gallinero repleto de gallinas cluecas que se dan vueltas y vueltas cacareando sin cesar y sin lograr avances. De otro lado, vi a algunas personas con grandes deseos de hacer cambios importantes al sistema político. Lo llamativo y esperanzador es que gente de diferentes tendencias apoya la idea de una reforma política que reduzca la fragmentación. Ojalá que hagan algo profundo, y no se queden con reformitas tipo “Ratón Mickey”. Desafortunadamente, esa ha sido la tendencia últimamente.
-El gobierno celebró el 0,2% de crecimiento en 2023 y el Banco Central elevó la proyección para 2024 de 2% a 3%, ubicándola en lo estimado por Mario Marcel. ¿Qué te parece que Chile se acostumbre a crecer en promedio a un 2%, que es su potencial?
-Históricamente, y en el concierto latinoamericano, Chile siempre fue un país del “montón”. Gracias a las reformas de los Chicago Boys y a los “treinta años” las cosas cambiaron. En 2001 pasamos a ser el país con mayor ingreso de la región. Mantuvimos ese liderazgo por 15 años, pero ya lo perdimos; hoy nos supera Panamá y Uruguay está a punto de pillarnos; si a Milei le va bien, en un par de años Argentina nos sobrepasará. Un futuro de tan solo 2% de crecimiento anual nos devolverá a nuestra posición histórica de “país del montón”. El tan solo pensar en este escenario debiera ser causa de profunda preocupación para todos los habitantes de la angosta y larga franja de tierra. Chile necesita un “revolcón” económico que permita tener un largo período con un crecimiento de al menos 4.5% por año.
-El IPoM revela que hay un incremento en la mora de las personas y ello significa que las familias no tienen liquidez y seguramente aparecerá la frustración que fue uno de los detonantes de octubre de 2019. ¿Ves peligro de que esas brasas vuelvan a encenderse?
-La frase popular es muy sabia: “donde hubo fuego, brasas quedan”. Y eso es una preocupación. Creo que hay dos debilidades peligrosas: Primero, no veo a la izquierda con una actitud firme y decidida que diga que “nunca más” se permitirá la violencia del octubrismo, que se actuará con toda la fuerza requerida para evitarlo. En segundo término, no veo a la derecha reconociendo en forma seria y serena que muchas de las peticiones de quienes demostraron pacíficamente eran legítimas. La combinación de esas dos actitudes crea un cóctel peligroso.
-La inversión es la principal víctima de las actuales condiciones. El Banco Central espera que retroceda 2%, en 2023 ya lo hizo al 1,1% ¿Qué debería hacerse para lograr la confianza necesaria para que las empresas vuelvan a invertir?
-La inversión es una actividad que da frutos en el largo plazo. Las personas o empresas comprometen sus recursos por varios años -10, 20, 30-, y los van recuperando poco a poco, gradualmente, a medida que los proyectos empiezan a operar. Por tanto, no hay que ser un genio para entender que, si hay incertidumbre sobre las reglas del juego en el futuro, no habrá inversión. Esta es una proposición que niños y niñas de primaria entienden. Por lo tanto, lo esencial son reglas claras, con un largo horizonte de invariabilidad, incluyendo en impuestos. Los buenos economistas en el gobierno, como Mario Marcel y José M. Benavente, lo saben y lo entienden. Lo que me preocupa es que muchas de las más altas autoridades no parecen entenderlo.
-Tú ya señalaste que el proyecto de permisología es tímido. ¿Qué debería hacerse para consolidar un cambio y que este permita mejorar la inversión?
Es un programa convencional y muy tímido. En Chile, como en otros países, se han ido acumulando regulaciones, una encima de otra, durante décadas. Hay una maraña de reglas que no tienen ningún sentido en los tiempos modernos. El enfoque correcto no es tratar de reducir los tiempos de los permisos. Lo que hay que hacer es eliminar esa maraña, y reemplazar las centenas de reglas por dos o tres diseñadas para el siglo 21. La consigna debiera ser “eliminar, eliminar, eliminar… y, entonces, implementar un sistema ágil, minimalista, moderno, rápido, eficiente, facilitador de la inversión y protector del medio ambiente”.
-¿Cómo evalúas el trabajo realizado por Mario Marcel y Rosanna Costa? ¿Ves que una coordinación entre la política fiscal y monetaria para llevar la inflación hacia la meta?
-Ambos han hecho un buen trabajo. Mario Marcel ha sido capaz de mantener una economía sana con cuentas fiscales bastante controladas e inflación baja. Eso, por sí mismo, es un logro. Hay que recodar que casi todos los experimentos de izquierda, en el mundo entero, dirigidos por partidos como el Frente Amplio y el PC han terminado en grandes crisis, con enormes costos para la sociedad. Marcel ha asegurado que eso no suceda en Chile. Rosanna Costa ha continuado con la tradición del Banco Central desde el regreso a la democracia. Una institución de primer nivel profesional, que logra su objetivo.
-Hace unos días se entregaron los resultados de Codelco y Enami. Ambas empresas arrojaron grandes pérdidas y surge preocupación porque ellas son las encargadas de desarrollar el mercado del litio. ¿Crees posible aprovechar esta oportunidad o veremos que ella se perderá?
-Enami y Codelco son distintos. Es más probable que se hagan reformas y mejoras en la primera. Por alguna razón atávica Codelco es intocable. Máximo Pacheco es un ejecutivo experimentado y leal que ha reconocido que Codelco es un barco lento y pesado, una especie de mastodonte difícil de domesticar. Creo que es hora de pensar, muy seriamente, en hacerle cirugía mayor. Desde luego, no es algo que se pueda hacer de un día para otro, pero debe ser un tema de intensa conversación. Permitir entrar a inversionistas privados, incluyendo los fondos de pensiones, hace todo el sentido del mundo. Sería un remezón que ayudaría a despertar al gigante por tantos años dormido.
–Estás embarcado en un nuevo proyecto de libro que es recoger lo que fue el programa económico de la UP. ¿Cómo estás enfocando ese desafío?
-Es una historia de la Unidad Popular que tiene tres objetivos. Primero, contar lo que pasó, durante esos años. Para mi sorpresa la mayoría de los jóvenes – incluyendo personas con altísimos cargos en el gobierno – no tiene una idea clara. De hecho, muchos lo ignoran completamente. Segundo, tratar de entender por qué pasó lo que pasó. Y, finalmente, preguntarse si el desenlace pudo haber sido diferente. Es un proyecto complejo. Voy entrevistando a los actores que aún están con nosotros, y revisando los pocos archivos que hay. Espero que el libro se publique a fines de 2026.
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