Ajo y Agua. Por Natalia Aránguiz

Socia y gerente de Estudios en Aurea Group

Bajo un escenario de evaluación de desempeño laboral en el sector privado, si tomáramos los datos y hechos relacionados a eficacia, eficiencia, clima laboral y probidad, la calificación final para el Gobierno es muy deficiente. Por tanto, la respuesta a un incremento salarial al Estado durante este año —la Reforma Tributaria— debiese ser Ajo (derse) y Agua (ntarse).


En el contexto de la evaluación de desempeño (al menos en el sector privado), si nuestro desempeño ha sido observado por el evaluador como “excepcional” u “óptimo” y si las cosas van económicamente bien en la compañía, quiere decir que existen “ingredientes” razonables para solicitar un incremento salarial.

Es decir, son afirmativas las respuestas a preguntas como ¿Fuimos capaces de completar nuestras tareas de manera eficiente y con altos estándares de calidad? ¿Logramos generar valor a la compañía? ¿La última línea de la empresa fue azul? ¿Crecieron las ventas, EBITDA y utilidades?

Motivos no tan prudentes ni útiles a la hora de solicitar un incremento salarial son, por ejemplo, problemas de sobreendeudamiento, incrementos en los costos del hogar, entre otras razones personales.
A final de cuentas, si somos un trabajador que se limita a las meras indicaciones básicas del contrato de trabajo o la empresa muestra caídas en sus líneas principales, nuestro superior nos dirá de una forma más elegante: Ajo (-derse) y Agua (-ntarse).

La situación se asemeja a lo que vivimos hoy en día con la propuesta del Gobierno de una reforma tributaria que incluye un incremento en el impuesto a la renta para sueldos mayores a $ 3.200.000 mensuales.

El Gobierno nos ha planteado a los contribuyentes que requiere de un aumento de sueldo con el argumento de que tiene demasiados gastos y continúa endeudándose. De esta forma, debemos decidir si es pertinente dicho aumento de sueldo dependiendo de su desempeño y cumplimiento de responsabilidades durante sus dos años de mandato. Al final del día, debemos responder a la pregunta ¿Por qué creemos que merece una subida salarial?

Realicemos la evaluación de su desempeño laboral. En competencias, el Gobierno ha mostrado logros escasos, los cuales se reducen a la aprobación del TPP-11 y al cumplimiento del presupuesto en el año 2021. Además, exhibe demasiadas luces rojas, por nombrar algunas: Casos convenios y lencería, SLEP de Atacama, la tardía entrega de viviendas de emergencia tras los incendios, los casos de secuestros registrados por Carabineros han aumentado un 87% en dos años; se registran 3,2 victimas de homicidios consumados por cada 100 mil habitantes y de los de 44 mil ingresos irregulares detectados en el 2023, sólo se han expulsado administrativamente 300 personas. Y en la dimensión de clima laboral, se ha realizado un evidente bullying al Estado de Israel (Credenciales diplomáticas y FIDAE).

En cuanto a los resultados de la economía nacional, la nota es mediocre. El 2023 fue un año de contracción económica (-0,2%) y a septiembre de 2023 la deuda bruta sector público consolidado como porcentaje del PIB alcanzó el 59%, es decir, el nivel de endeudamiento más alto desde que se tiene registro de la serie. Lo único positivo en esta materia, fue realizado por el Banco Central de Chile – ente autónomo con trabajadores regidos por el Código del Trabajo – al lograr someter la inflación.

En conclusión y centrándonos en datos y hechos relacionados a eficacia, eficiencia, clima laboral y probidad, la calificación final es muy deficiente. Por tanto, la respuesta a un incremento salarial al Estado durante este año debiese ser Ajo y Agua.

 

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