En la casa tuvimos una hamster que tenía habilidades sorprendentes. Sabía abrir la jaula y hasta la puerta de la casa. Un día de junio escapó durante la noche y amaneció dura como palo en una poza misteriosamente congelada como los caballos de Ladoga, que al intentar cruzar el río se congelaron de un segundo para otro y quedaron atrapados por el hielo. Doris la hamster, fue reemplazada por Doris II, la hamster. Si hubiese sabido que la podía revivir en el microondas, esa mañana y la vida de Doris habrían sido muy distintas.
Intentando que el duelo fuera más llevadero ese día, decidí hacer un desayuno con tostadas a la perfección. Pero a “alguien” se le olvidó sacar la mantequilla del freezer. Tristes y somnolientos raspamos el trozo congelado para que el pan, que se enfriaba rápidamente, absorbiera algo de mantequilla. El cuchillo apretaba los trozos duros sobre las tostadas apenas calientes y con el desgano y la decepción llenamos el pan de hoyos. Lo que pudo ser formidable y reparador, en segundos se volvió decepcionante.
No hubo ánimo para derretir la mantequilla y en realidad no valía la pena porque sabemos que al hacerlo siempre queda la mitad sopa y la otra mitad intacta. Lo que no sabía era que el microondas nos podría haber ahorrado esa decepción y la pérdida de Doris.
Porque sepa usted que si se le congela la mantequilla o el hamster, hay una solución que se encontró casi al mismo tiempo en Estados Unidos e Inglaterra.
En 1945 el ingeniero estadounidense Percy Spencer estaba en su laboratorio investigando un nuevo radar militar cuando se dio cuenta que el aparato derritió el chocolate que tenía en su bolsillo. Las ondas que emitía el dispositivo habían cocinado la golosina pero no su chaqueta. Intrigado se puso manos a la obra y experimentó con cabritas y con un huevo que explotó en la cara de uno de sus ayudantes. Como ya adivinó, en ese mismo laboratorio nació el primer horno microondas (el de la foto).
Pocos años después, cuando aun no vendían los nuevos hornos en Inglaterra, el científico inglés James Lovelock consiguió unos magnetrones fabricados en la Universidad de Birmingham durante la guerra con los que improvisó un microondas. Fiel a la tradición de la cocina inglesa lo primero que cocinó fue un hamster. En realidad estaba investigando cómo conservar tejidos. Su experimento consistía en congelar los ratones hasta que el 60 % de los fluidos del cerebro estuvieran gélidos (similar a lo que tienen Naveillán y Winter encima del cuello) y luego cocinarlos en el microondas para revivirlos. Y lo logró cientos de veces.
A pesar que el microondas puede devolverle la vida a una criatura, hay cocineros buenos y mediocres que lo detestan. Vilipendiado pero omnipresente en las cocinas del país, se usa muy a menudo para hervir agua y para recalentar en un dos por tres las sobras. Este invento ingenieril es probablemente el más subutilizado de todos los aparatos de cocina, y aunque es capaz de humillar a un sandwich de queso y dejar convertido en guaipe a un pescado, también es capaz de lograr resultados buenos, bonitos y baratos. Y de ablandar la mantequilla perfectamente. Sólo basta con saber usar la potencia indicada.
Nunca viene mal una innovación para hacer que los días difíciles sean menos fríos y más llevaderos. No le hablo sólo de ablandar mantequilla sino de ponerle color a los platos caseros a punta de microondas. Porque es rico el pescado con puré pero es mejor si le pone alcaparras fritas. Fritas en el microondas. Y ni le cuento cómo saca de apuro una pasta con chalotas fritas que se hacen en 3 minutos. ¿Perejil y albahaca fritos? Por supuesto.
Sabiendo que el microondas es bueno para sacar de apuros y para un par de trucos culinarios, solo nos queda esperar a que inventen la máquina para congelar y descongelar humanos. Clientes no faltarían. Sobran los momentos que motivan un viaje directo al nirvana para revivir unos días más tarde, cuando haya pasado la tormenta. No seríamos pocos los que nos congelaríamos hoy para revivir el próximo martes. Por ahora, métale fritanga en el microondas. Algo es algo.
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Estos trucos son para lucirse y disfrutar a la rápida y sin mucha preparación. Como casi todo lo que se hace en estos parajes. Ponga su preparación hacia los bordes del plato giratorio del microondas, porque así se distribuye mejor el calor. Todos los microondas son distintos así es que ajuste los tiempos y la potencia si es necesario.
Su horno microondas está capacitado para convertir mantequilla congelada en mantequilla a temperatura ambiente desde el centro hasta los bordes. Sólo tiene que hacer un ajuste y usar la ciencia. Fíjese que su aparato tiene un botón que dice potencia. Apriételo y ajuste el porcentaje (generalmente apretando el número 3 dejará la potencia al 30%, por ejemplo). Luego ponga el tiempo. Para un pan de mantequilla congelado (el típico de 250 grs.) cocínelo por un minuto y medio a 50% de potencia y quedará de la consistencia necesaria para untárselo a las tostadas. Es ciencia que aunque está a la mano, es más desconocida que el funcionamiento del prozac o los satélites.
Estas alcaparras son ideales para poner sobre un pescado a la plancha acompañado con puré de papas.
Ponga el aceite y las alcaparras en un bolo de cerámica o vidrio que sea alto para no salpicar el interior del microondas. Cocine por 3 minutos. Retire las alcaparras con una cuchara o espumadera y póngalas sobre toallas de papel para que escurra el aceite. Quedan algo saladas así es que le puede poner menos sal al pescado.
Esta técnica también sirve para chalotas, ajos y jengibre con los que puede darle magníficos toques a las sopas, las pastas y a los huevos con arroz.
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“Aquí y ahora, me doy vuelta la chaqueta y defiendo que sí es posible comerse un buen sandwich con cuchillo y tenedor, sólo si hablamos de un sandwich al revés”: @jdsantacruz.https://t.co/xk35m5idQX
— Ex-Ante (@exantecl) September 1, 2023
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