De todos los partidos en el sistema, RD es de los pocos que indiscutiblemente ha perdido cuotas de poder. Es realmente un caso de estudio de cómo conducir un partido promisorio a la quiebra política.Lo irónico de todo esto es que, mientras Catalina Pérez llama a quemarlo todo, lo único que innegablemente se está quemando es RD.
Una frase desafortunada. Pocas veces que se ha apoyado con tanta nitidez la política extremista que se ha ido peligrosamente instalando en el país desde el estallido social de 2019 que como lo hizo Catalina Pérez, presidenta de RD, con su frase “¿como quieren que no lo quememos todo?”. Es una invitación explicita a la violencia.
Una propuesta de reemplazo. Hace ochos años, cuando RD se fundó, era un partido muy diferente, fundado en principios socialdemócratas. Un partido que buscaba corregir los excesos del modelo, e instalar un sistema basado en la corrección estructural de injusticias sociales y económicas. Su propuesta era lo que la Concertación prometió ser a fines de los 80′.
Crisis de identidad. El éxito de RD no duraría mucho tiempo. Quienes fundaron el partido con el objetivo de la sustitución (la línea socialdemócrata) se fueron quedando atrás y quienes se sumaron posteriormente (la línea de izquierda) fueron tomando protagonismo. Luego de varias rencillas internas y renuncias emblemáticas, el proceso desencadenó en la elección de la actual presidenta, Catalina Pérez, sellando la victoria de los segundos.
Giro a la izquierda. Evidencia del giro a la izquierda es el nuevo pacto electoral entre RD y el PC. Mientras que algunos lo descartan como una estrategia meramente instrumental, la verdad es que tiene sentido y es políticamente coherente, pues para todos los efectos prácticos, ambos partidos son fácticamente indistinguibles en lo programático. Salvo diferencias en el origen y el estilo de sus líderes, los dos partidos coinciden en mucho más de lo que difieren.
A la trinchera. En el corto plazo, ya hay un par de cosas claras. Primero, que, por la naturaleza del pacto con el PC, y su nueva posición ideológica, no podrán optar por muchos más escaños de los que obtuvieron en 2017. Si esto es correcto, su capacidad para forjar la nueva Constitución será limitada. Un tremendo error del partido, que, de haber mantenido su línea original, hoy estaría en un lugar inmejorable para influir en el proceso constitucional.
El factor Pérez. Tanto el giro a la izquierda del partido como su atrincheramiento en una coalición de izquierda dura ocurrieron bajo el mandato de Pérez. Lejos de ser casualidad o consecuencia de una serie de hechos desafortunados, es parte del plan. La presidenta siente que efectivamente está haciendo lo que tiene que hacer. No ve error en su conducción. Cree, por alguna extraña razón, que está consolidando al partido cuando todo apunta a lo contrario.
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