En la vida de Héctor Abad Faciolince hay ciertamente un sino trágico. Dos veces el cartero de la fatalidad ha llamado a su puerta.
La primera fue en agosto de 1987, cuando paramilitares asesinaron a su padre, médico, activista de derechos humanos y figura muy presente en la discusión pública de la Colombia de esos años. A partir de esa tragedia el autor escribió El olvido que seremos, una crónica testimonial desgarradora y transparente dictada por un amor filial incombustible y publicada el año 2005. El libro se convirtió a muy corto andar en un fenómeno editorial pocas veces visto en América Latina y con el tiempo fue traducido a unos 40 idiomas.
La segunda es más reciente y tuvo lugar a en junio del año 2022, cuando el escritor acudió a una feria del libro en Kiev junto a una aguerrida periodista española corresponsal de guerra y a un el colombiano. Sergio Jaramillo, que había sido alto comisionado para la paz con las Farc durante el gobierno del Presidente Santos y que en ese momento estaba promoviendo la campaña “Ucrania Aguanta” con miras a recabar apoyos a esa nación entre escritores latinoamericanos.
Allá el grupo se juntó con dos jóvenes, una relacionada a una pequeña editorial local y la otra, escritora, Victoria Amélina, que fue quien los recibió y sirvió de guía al grupo. Esta joven estaba profundamente comprometida con la causa ucraniana al punto de congelar su trabajo como escritora para asumir el activismo, denunciando en sus artículos, conferencias y ensayos las atrocidades de la invasión rusa a su patria.
Puede haber sido una imprudencia viajar a la capital de un país en plena guerra, pero hasta el tercer día todo estaba resultando bien. El problema vino después, cuando el grupo decide acercarse un poco más a las líneas de combate para entregar un testimonio más jugado de apoyo y solidaridad. Héctor Abad no quería ir. Trató de zafar por varios lados: por su condición física, por su mujer, por sus hijos. Por su carácter. Pero para no quedar como cobarde terminó sumándose.
El grupo se internó a la región del Donetsk y llegó a la ciudad de Kramatorsk. Entregó su testimonio y la noche antes de retornar a Europa, reunidos en la terraza de una pizzería, un misil de gran potencia destructiva cayó sobre el restaurant y, fuera de dejar a decenas de heridos, mató a 12 personas que estaban en el interior del local y a una sola de la terraza. ¿Quién? Justo Victoria Amélina. No solo estaba sentada frente al escritor.
La fatalidad es aún más intrigante porque en ese puesto se había sentado Héctor Abad cuando llegaron, minutos antes del atentado, y se cambió al otro lado de la mesa porque por el oído izquierdo podía escuchar mejor a quien presidía la mesa. Las mujeres entonces tuvieron entonces que correrse un lugar. Al cambiar de puesto, el escritor salvó su vida, por mucho que el misil se la haya cambiado para siempre, pero la joven escritora ucraniana terminó perdiendo la suya.
Reflexión sobre la culpa y el riesgo, sobre la libertad y la predestinación, sobre lo que es entregar un apoyo y lo que es cometer una temeridad, sobre el mal y sus consecuencias, la voracidad de poder de un tirano fuera de sí y la heroica resistencia de una nación que solo exige ser respetada para romper su historial de vasallaje y aplastamiento, Ahora y en la hora es una crónica inteligente, vibrante, conmovedora, que saca lo mejor de la capacidad de Héctor Abad para cruzar los datos del pasado ucraniano con el presente, los rasgos individuales con la épica colectiva, su golpeada historia personal de hombre ya mayor y achacoso con la pureza de los ideales de esa joven que tenía toda una vida por delante si no la hubiese segado un ataque bélico desproporcionado y monstruoso sin otro objetivo que el amplificar el dolor, la destrucción y la muerte en una nación que no acepta tener que volver a doblegarse.
El libro de Abad no es largo, aunque podría ser más corto. Funciona extraordinariamente bien cuando narra hechos y describe caracteres. No tan bien, porque se vuelve un tanto reiterativo, cuando intenta desentrañar los inescrutables misterios del destino. Y es más débil en las fugas teologales agnósticas de las últimas páginas, no obstante que nunca pierde su conexión con el sentido común. Es por cierto un gran mérito que se trate de una obra convincente y articulada.
El golpe emocional, físico, político e intelectual que significó la experiencia de Héctor Abad en Ucrania fue como para descompensar a cualquiera y, por mucho que este título quizás no sea extraordinario, nadie podría dejar de reconocerle o admirar sus alcances catárticos. Menos aún, discutirle su solidez, inspiración o energía.
Autor de unas diez novelas, poeta, columnista, traductor, también ensayista, en corto, escritor de múltiples registros, Héctor Abad Faciolince -junto a figuras como Juan Gabriel Vásquez, Jorge Franco o Tomás González- es parte del buen momento actual de las letras colombianas.
Ahora y en la hora
Héctor Abad Faciolince. Alfaguara, 2025. 222 pp.
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Gumucio tras la huella de los años neoyorkinos de Roberto Matta: “El vértigo de Eros”. Por Héctor Soto. https://t.co/mLIUZXpXBR
— Ex-Ante (@exantecl) July 18, 2025
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