Las tácticas guerrilleras de la CAM en la Macrozona Sur que describe el libro presentado en Santiago por Llaitul

Jorge Poblete
La imagen de un presunto ORT de la CAM incluida en el libro Chem Ka Rakiduam relanzado el viernes en Peñalolén por Héctor Llaitul.

La edición ampliada del libro Chem ka Rakiduam presentada el viernes por el líder de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) en un centro comunitario de Lo Hermida, en Peñalolén, recupera testimonios de presuntos atentados incendiarios perpetrados por sus brazos armados, los ORT. En sus 255 páginas, describe anónimamente cómo levantan información de inteligencia 15 días antes de realizar ataques, entregan informes antes de llevarlos a cabo, asignan roles de jefatura, ofensiva y retaguardia y los ejecutan usando, en ocasiones, fusiles de guerra. También describe una dimensión religiosa de los miembros del grupo radical. A continuación, 3 testimonios en primera persona incluidos en el texto.


Atentado con AK-47 y M-16: “Mi nombre es Koyam, soy del ORT (Órgano de Resistencia Territorial) wenteche y voy a contar la historia del ataque a las instalaciones de las grandes forestales de Pumalal”.

  • “Para planificar la operación, un peñi (hermano) fue a hacer ‘camino’ 15 días antes del suceso. Cabe mencionar que siempre teníamos un plan B por si salían mal las cosas. Éramos 5 en total y todos nos preparamos física y psicológicamente”.
  • “Cuando llegó el día les avisamos a las kure (señoras) para que estuvieran preparadas por si caíamos presos. Y como todos tenemos familia, también para que se encargaran de los niños y de las familias. Si hubiera ocurrido un problema estábamos todos listos para atacar pues teníamos buenos fierros y armas: un M-16, un AK-47 y los otros con 38 y escopetas”.
  • “Ese día nos vinieron a buscar a las 2 am a la casa. Fuimos en tiempo de frío, así que llevamos todo para sobrevivir: mate, kofke (pan), merkén, chocolate, una tetera y carbón, pues no queríamos levantar humo para evitar que nos vieran. También llevamos ropa militar de camuflaje”.
  • “Fuimos bajando de a poco porque nos dejaron en lo más alto de (un) cerro para tener buena visión (…). Los hechos se desarrollaron de esta manera: obstaculizamos el convoy de camiones, le pedimos a los choferes que bajaran todos. Después nuestros peñi empezaron a rociar la maquinaria mientras otros iban prendiendo fuego con la antorcha a los camiones, a los skidder, cosecheras, trineumáticos, etcétera”.
  • “Fueron 12 camiones y diversas maquinarias forestales en total. El M-16 iba adelante y el AK-47 iba atrás, cubriendo la espalda, mientras los otros peñi hacían la pega (…). Dejamos el panfleto y salimos por el camino alternativo que teníamos visto para que los pacos (carabineros) no nos alcanzaran (…). Caminamos entre 12 y 15 horas para regresar a través de puro cerro. No teníamos linternas, pero conocíamos la zona; ésa era nuestra ventaja”.

El enfrentamiento con Carabineros: “Mi nombre es Huilintraru, soy un joven lafkenche del Lleu-Lleu (…). Pese a tener 27 años, soy uno de los forjadores de la ORT Lafkenche”.

  • “La dirigencia de la CAM nos encomendó realizar un acto de resistencia (…) Una acción de sabotaje en contra de forestal Mininco, ubicada en el fundo Choque, en la cordillera de Nahuelbuta, a orillas de Lleu Lleu”.
  • “Luego de analizar la situación acordamos ingresar y actuar cerca de 8 weichafe (combatientes), debido a la maquinaria y presencia de la seguridad forestal en dicha faena. Así también, por nuestra seguridad, decidimos contar con 2 fusiles de asalto, un rifle, 2 escopetas de repetición, un doble cañón calibre 16 y una escopeta simple del 12”.
  • “Debido a la envergadura de la acción debimos escoger weichafe hábiles y conocedores del sector, con buena capacidad combativa (…). Decidimos dividirnos en 2 grupos que entrarían en bote a la zona del chem (acción); uno debía ingresar vía embarcación desde la ribera sur, y el otro desde la dirección contraria. En el primer grupo estábamos encargados de trasladar las tralka (armas de fuego), y el segundo se encargaría de reunir la gente que venía de afuera. Nos juntamos en una quebrada a orillas del Lleu Lleu la noche anterior del chem (acción)”.
  • “Al reunirnos, con puntualidad, nos saludamos y compartimos alimentos (…). El jefe operativo explicó la operación de forma precisa y sintética (…). Dos peñi quedaron a cargo de la contención con los fusiles y 2 peñi con las escopetas quedamos a cargo de romper el cerco policial e irrumpir en el lugar en ofensiva”.
  • “Procedimos a caminar toda esa madrugada, internándonos dentro del predio (…). Alrededor de la una de la tarde, después de caminar desde las 4 de la mañana, logramos percibir que se escuchaba la faena y bastante maquinaria (…). Observamos la presencia de carabineros, por lo cual inmediatamente tuvimos que proceder a dispararles con la escopeta de repetición. Al mismo tiempo los demás peñi tenían que tratar de ir reventando las máquinas y quemar lo máximo posible, entendiendo que íbamos a estar bajo fuego cruzado”.
  • “Se logró la quema de un camión y una grúa; tratamos de quemar más maquinaria, pero por el apuro no se pudieron incinerar. Además, hubo un enfrentamiento con un policía y tuvimos que hacerle frente, por lo que los que estábamos destinados a quemar las máquinas también tuvimos que parapetarnos para que no nos llegara algún balazo”.
  • “Pudimos incendiar sólo 4 máquinas, el resto no prendió y algunas resultaron con daños menores. Pero, de cualquier forma, la sensación era de triunfo”.

La quema de camiones de madrugada: “Soy un joven lafkenche de 25 años que ha crecido en las tierras de Arauco (…). Soy weichafe y militante de uno de los ORT que actúan bajo los lineamientos políticos de la CAM”.

  • “Miembros de la ORT huilliche realizaron un informe para una acción que se realizaría en su territorio y yo accedí a participar debido a mi experiencia en este tipo de acciones. Esta correspondía a una faena forestal que se encontraba trabajando por las noches, por lo cual la forma de actuar requería de más personas para realizarse, además de que posiblemente habría resguardo policial”.
  • “Allá me encontré con 4 weichafe de ese territorio y observé que cada uno tenía su propia historia, pero nos unía una historia en común y la pertenencia a un mismo pueblo-nación. Nos reunimos en la casa de un peñi (hermano) y lamgen (mujer) al interior de su comunidad, desde donde partiríamos después de compartir tanto con sus pichikeche (niños) como con ellos”.
  • “El lugar al que íbamos a realizar nuestro acto de resistencia estaba relativamente lejos, internado en una zona de difícil acceso, por lo cual se acordaron las posiciones de cada uno, quien estaría a cargo de la acción y quien tenía conocimiento de la ruta. Un vehículo nos transportaría hasta la mitad del camino y, desde ahí deberíamos caminar”.
  • “Era finales de febrero, principio de marzo. Caminando junto a los 4 peñi tuvimos que atravesar varios bosques, pasar por quebradas, la última de las cuales no nos permitió ingresar por el lado inferior al lugar de la faena que se encontraba en un cerro. En esa misma quebrada, y como es nuestra costumbre, realizamos llellipun (rogativa) (…). Como sucede en general, no fue sino hasta ese momento que nos pusimos en actitud de combate”.
  • “En dicha acción yo porté un revólver calibre 38, pues existía la presencia de trabajadores y un posible resguardo policial, por lo cual debíamos llevar a cabo una exhaustiva y silenciosa revisión de toda la faena”.
  • “Posterior al estudio in situ logramos ubicar diferentes maquinarias con cierta distancia entre sí, así como un número en ese momento indeterminado de camiones cargando y, junto a ellos, 2 maquinarias más. Nos percatamos también de la inexistencia de policías en el lugar, por ende, acordamos con los peñi partir desde la zona alta donde había una cosechera y un skidder”.
  • “Al momento de subir a incendiar las primeras máquinas nos cruzamos con un camión, por lo que nos replegamos para esconder nuestra presencia (…). Yo debía resguardar la integridad de quienes rociarían con bencina y prenderían fuego a las máquinas, que eran 2 peñi jóvenes y ágiles. De igual manera, yo cargaba botellas de bencina para facilitárselas cuando lo requirieran. El peñi Antü debía reventar los vidrios y los demás asegurar nuestra integridad, estar pendientes de la presencia de carabineros, y reducir y resguardar gente en caso de que fuera necesario”.
  • “Cuando quemamos las primeras máquinas, eran cerca de las 2 de la mañana. Luego avanzamos al trote en dirección al lugar por el que habíamos entrado, quemando 2 maquinarias más que se encontraban en el camino, para luego prender fuego a los camiones”.
  • “Al lugar ya llegamos agotados, sin embargo, debimos sacar a los trabajadores y choferes (…). De eso se encargaron Antü y el peñi Rodrigo, mientras los demás peñi y yo prendíamos fuego a cerca de 6 camiones (…). El golpe fue significativo”.

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