El encuentro de la industria realizado en el Museo Nacional de Bellas Artes tuvo innumerables gestos por parte de la dirección de SOFOFA hacía el Gobierno. En primer lugar, la locación. La presidenta Rosario Navarro movilizó a las fortunas más grandes del país hacia la comuna de Santiago. En segundo lugar, realizó un discurso convocante, pero a la vez demandante. Llamó al entendimiento, pero con una dirección clara. Fue universal, pero con prioridades. Podría decir que emplazó por un amor exigente (en otras palabras, un amor con límites bien definidos y metas claras). Finalmente, como broche de oro, le regaló un puente de madera al Presidente, así como a todos los que concurrimos al encuentro.
Después de esto, vino la exposición del Presidente Boric. Con grandilocuencia explicó que su Gobierno está ocupado del crecimiento y la inversión desde dos frentes. Primero, mencionó el proyecto para la reducción de la permisología dirigido por el ministro Grau. Éste sin duda no ha carecido de esfuerzo, pero tristemente en la práctica, al no incorporar al ministerio de medio ambiente, termina teniendo un bajo impacto en el tiempo total dedicado a la permisología de un proyecto.
Posteriormente, mencionó su propuesta de reducir el impuesto corporativo en 200 puntos base. Rebaja de evidente insuficiencia si lo que se busca es estimular de manera significativa la inversión empresarial. La propuesta realizada de reajuste tributario no solo es ineficaz para incentivar la inversión, sino que profundiza la inequidad del gravamen.
Respecto al imperceptible impacto en la inversión al retroceder solamente de 27% a 25% el impuesto a las empresas, debemos tener en cuenta que hace una década, Chile compartía características similares con países como Polonia, Hungría y Croacia. Sin embargo, actualmente se observan diferencias significativas en nuestros indicadores de desarrollo respecto a estas jurisdicciones. Esta brecha se produce por múltiples factores (por ejemplo, por la ubicación geográfica), donde uno de ellos es la carga impositiva sobre las empresas, siendo el impuesto corporativo en Chile sustancialmente superior al de sus ex comparables. En efecto, estudios empíricos corroboran la relación negativa entre la tasa impositiva corporativa y el crecimiento económico. Incluso, Cordero & Vergara (2020) sostienen que cada punto de incremento al impuesto a las empresas afecta negativamente en el largo plazo entre 0,4 y 0,65 puntos del PIB.
En cuanto a la inequidad, se propone compensar la rebaja a las empresas con el incremento al impuesto a los asalariados de mayores ingresos. El problema es que el actual impuesto de segunda categoría tiene una falla colosal. Éste grava de manera excesiva a las familias, al aplicar la misma tasa impositiva a solteros sin cargas familiares y a quienes sustentan hogares, muchas veces numerosos. En un contexto de baja natalidad, esta situación agrava la disminución de la tasa de fecundidad, potencia el envejecimiento poblacional y profundiza la desigualdad. ¿Por qué no se modifica? Quizá la respuesta está en una conversación que tuve con un destacado economista de la plaza, éste apuntó a que lamentablemente, lo más probable es que el impuesto individual no se cambie a uno basado en los miembros del hogar porque sencillamente el primero es más simple.
A modo de ilustración, una persona soltera sin hijos que vive que solo y gana 2.700.000 paga una tasa de impuesto efectiva de 4.52%, mientras que, un jefe/a de hogar con igual salario, pero con pareja cuidadora de un familiar mayor y dos hijos dependientes paga exactamente el mismo impuesto. Adicionalmente, este jefe/a de hogar por su nivel de ingresos, tampoco puede optar al beneficio educacional que consiste en una rebaja en su declaración de impuestos.
Entonces, compensar la reducción del impuesto a las empresas con mayores impuestos a los asalariados –aunque sea a los segmentos más altos– exacerba la problemática existente, profundizando la precaria situación tributaria de las familias y de aquellos individuos con cargas familiares en su hogar.
Finalmente, cuando el Presidente Boric finalizó su discurso, quedé con la impresión de que no usaría el puente de madera regalado y que el mandatario sólo ofrecía un mal amor.
Aprovechando la oportunidad de estar en uno de los edificios más hermosos de Santiago, la decepción la compensé admirando su imponente y elegante arquitectura con un Pinot Noir en la mano.
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